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Control biológico de plagas en la horticultura: una herramienta para reducir el número de tratamientos insecticidas en los cultivos
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Ecotropia (Barcelona).
Reducir el número de pesticidas que llegan a nuestros cultivos es un reto importante para la agricultura. Reduciendo el uso de estos productos se reduce el riesgo de residuos en los alimentos, aumenta la seguridad laboral del agricultor y se reduce el riesgo de contaminar el medio ambiente. Todos estos aspectos son particularmente relevantes en el caso de los productos hortícolas, ya que las verduras son un componente importante en nuestra alimentación y a menudo se consumen en fresco, lo que potencialmente incrementa el riesgo de ingerir residuos. Además, en Cataluña la producción hortícola se concentra mayoritariamente en zonas medioambientalmente muy frágiles como las áreas periurbanas y los deltas del Ebro y el Llobregat.
Para reducir la utilización de insecticidas existen diferentes alternativas. Una de ellas es el control biológico de plagas, es decir, la utilización de organismos vivos para combatir las plagas que afectan a los cultivos. Se trata de una técnica que tiene utilidad tanto en control integrado de plagas como en agricultura ecológica. El control integrado de plagas utiliza un conjunto de medidas biológicas, culturales, físicas y también, pero en última instancia, químicas para controlar las plagas y las enfermedades con el fin de que no se produzcan pérdidas económicas. En cambio, en agricultura ecológica la utilización de plaguicidas de síntesis no está permitida bajo ningún supuesto.
En Cataluña el uso del control biológico de plagas en horticultura no es algo reciente. De hecho, el equipo de entomólogos del IRTA, en el centro de Cabrils, hace ya más de 25 años que lo está investigando como una alternativa realista para el control de plagas. Algunos de los programas que hemos diseñado se están aplicando desde hace aproximadamente unos 20 años en fincas comerciales, gracias a la estrecha colaboración que mantenemos con las Asociaciones de Defensa Vegetal (ADV). Son los técnicos de las ADV los que proporcionan asesoramiento al agricultor en la utilización de estos programas o protocolos de trabajo.
El control biológico utiliza primordialmente parasitoides y depredadores. Los parasitoides son insectos que utilizan la plaga para reproducirse y en este proceso le causan la muerte. En cambio, los depredadores matan la plaga para alimentarse. Estos parasitoides y depredadores, que de forma genérica llamamos fauna útil, enemigos naturales o insectos auxiliares, son muy abundantes en la cuenca mediterránea, tanto por la variedad de especies como por la cantidad. De entre los depredadores, los más usados actualmente son Macrolophus caliginosus y diversas especies del género Orius. Tanto unos como otros pueden alimentarse de diferentes presas como mosca blanca, trips, pulgón, huevos de lepidópteros, araña roja y otras plagas. Por esto se llaman polífagos. Respecto a los parasitoides destacaríamos Eretmocerus mundus y Diglyphus isaea. El primero es un parasitoide de Bemisia tabaci, una mosca blanca muy perjudicial en cultivos hortícolas y ornamentales, y que puede transmitir una virosis de graves consecuencias para la productividad del cultivo de tomate. El Diglyphus es un parasitoide de minadores de hoja de diversas especies vegetales.
Todos estos enemigos naturales, autóctonos en nuestra zona, llegan espontáneamente a nuestros cultivos cuando no se realizan tratamientos insecticidas de amplio espectro. Es lo que denominamos "conservación de fauna útil". Pero, a veces, llegan o demasiado tarde o en número insuficiente para poder controlar de forma efectiva la plaga. Entonces deben introducirse insectos auxiliares procedentes de crías masivas que mantienen algunas empresas especializadas y que el agricultor puede adquirir. Se tratará de «inoculación» de enemigos naturales. Actualmente en Cataluña existe una asociación de agricultores que mantiene una cría de algunos de estos insectos en colaboración con nuestro equipo. Por otro lado, la abundancia de fauna útil autóctona puede favorecerse mediante la selección de la vegetación del entorno de los campos. Se trata de facilitar a los enemigos naturales refugios donde invernar, alimentarse y reproducirse en las zonas agrícolas. Es una vía muy interesante para optimizar y potenciar los insectos auxiliares de una zona en beneficio del control biológico. Esta es una de nuestras líneas de investigación actuales.
Previsiblemente la lucha biológica será una herramienta cada vez más utilizada en el control de plagas, ya que el número de plaguicidas disponibles tiende a disminuir. En los últimos años, y con la creación del registro único europeo de productos fitosanitarios, se están retirando del mercado muchas materias activas y el proceso continúa. Por lo tanto, en algunos casos el control biológico será la única estrategia posible. A la larga, esto redundará en una protección fitosanitaria más tecnificada ya que el uso del control biológico es un poco más complejo que el del control químico, y requiere conocimientos y experiencia tanto por parte de los técnicos asesores como de los agricultores.
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