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Cambios rápidos del clima
Ecotropía
(Barcelona).
Durante las últimas semanas, la
opinión pública sensible a los problemas ambientales ha prestado una cierta
atención a un artículo periodístico publicado por la revista Fortune
donde se menciona el interés del Pentágono americano sobre las consecuencias
sociales y políticas del problema del cambio climático, especialmente por lo
que se refiere a los cambios rápidos del clima.
Efectivamente, hasta la década de los noventa el punto de vista dominante
sobre los cambios climáticos se había planteado considerando que si el vertido
a la atmósfera de los gases causantes del efecto invernadero era gradual, las
transformaciones que experimentaría el clima también lo serían. Así parecía
deducirse a partir del análisis de los climas del pasado donde los cambios
periódicos en las características orbitales de la Tierra alrededor del Sol y
las oscilaciones del funcionamiento del astro eran las causas de la sucesión de
períodos glaciales e interglaciales.
No obstante, el progreso obtenido durante los últimos años en el desarrollo
de técnicas experimentales ha hecho progresar sustancialmente el análisis de
episodios del clima del pasado, que hasta ahora no podían estudiarse en detalle,
obteniéndose evidencias sobre cambios del clima con variaciones de la
temperatura superficial de la Tierra de una o dos decenas de grados, o de
variaciones en un factor 2 en cuanto a la precipitación en un tiempo de una o dos
décadas. Estas variaciones en el clima se escapan de la concepción habitual de
la lentitud de los cambios dada su inusitada rapidez. Uno de los mecanismos
apuntados para explicar estas variaciones tan importantes y tan rápidas del
clima terrestre es la interrupción de la corriente termohalina.
La Tierra recibe la energía del Sol de forma desigual, de modo que llega
mucha más energía en el ecuador que en los polos. Los fluidos geofísicos que
caracterizan el clima terrestre, el aire de la atmósfera y el agua de los
océanos experimentan movimientos advectivos, influenciados también por el
movimiento de rotación de la Tierra, que tienden a transportar la energía en
exceso de las zonas ecuatoriales hacia las polares. Uno de estos movimientos,
muy importante por lo que se refiere a la climatología en el Atlántico norte,
está formado por una corriente superficial de agua que, desde las zonas
ecuatoriales al occidente de la cuenca, se mueve hacia el norte, transportando
agua cálida y salina que, al bañar las costas del norte de Europa, le confieren
un clima más cálido de lo que les correspondería por su latitud. Esta
corriente, al llegar a latitudes altas, se enfría y forma una masa de agua más
densa que el agua que la circunda hundiéndose e iniciando, de este modo, un
largo camino de vuelta hacia latitudes bajas. La importancia climática y
ambiental de esta corriente de agua es enorme. Por un lado, como ya se ha
dicho, caracteriza la climatología de zonas densamente pobladas y, por el otro,
el agua, al hundirse hacia lo más profundo del océano, se lleva consigo
disuelto entre otros compuestos, el dióxido de carbono que ha absorbido de la
atmósfera.
Los paleoclimatólogos creen que en el pasado climático de la Tierra,
caracterizado por cambios bruscos, ha habido episodios en los que esta corriente se
ha interrumpido debido a la fusión de hielo en el Ártico que ha disminuido la
salinidad del agua y, en consecuencia, la tendencia de ésta a hundirse. Uno de
los más estudiados es el que se conoce como el Younger Dryas, un
episodio que interrumpió el calentamiento gradual del clima terrestre en el
período comprendido entre hace 12 800 años hasta 11 600 años en el pasado.
La pregunta que el
mundo de la ciencia se formula ahora es si la situación actual puede conducir a
una interrupción de la circulación termohalina y, por este motivo se ha generado
considerable actividad científica alrededor del problema. Los complejos modelos
de circulación general que acoplan el océano con la atmósfera y que simulan el
clima del futuro han mostrado que en un futuro próximo la circulación
termohalina puede debilitarse, aunque en ningún caso predicen su interrupción.
Sin embargo, hay que
analizar estos resultados con cautela ya que utilizan algunas parametrizaciones
que podrían omitir algunos procesos importantes en el funcionamiento de las
corrientes termohalinas. Otros modelos más sencillos, en cambio, incorporan
este proceso, aunque nunca se han realizado estimaciones de cuán lejos o cuán
cerca estamos, con el nivel de emisiones actual, de la hipotética interrupción.
Como «no hay bien que por mal no venga», hay grupos de investigación europeos
que creen que el estudio de la dispersión en el fondo del mar de los restos de
crudo del accidente del buque Prestige proporcionará importante
información para saber hasta qué grado la circulación termohalina en el fondo
se mantiene como en el pasado.
En cualquier caso, el análisis de los cambios rápidos del clima es un área
de investigación de gran actividad y de crecimiento reciente que tiene un gran
interés general y particular, incluso para los expertos del Pentágono.
Referencias
Richard B. Alley et al.: Abrupt Climate Change.
Inevitable Surprises,
Washington, D.C, National Academy Press, 2002.
Jochem Marotzke: «Abrupt climate
change and thermohaline circulation: Mechanisms and predictability»,
PNAS 2000, 97: 1347-1350.
Josep Enric Llebot es catedrático
de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona.
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