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Cambios rápidos del clima

Josep Enric Llebot 4/03/04

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Josep Enric Llebot, El cambio climático, Barcelona, Rubes Ed., 1998.

Ecotropía (Barcelona). Durante las últimas semanas, la opinión pública sensible a los problemas ambientales ha prestado una cierta atención a un artículo periodístico publicado por la revista Fortune donde se menciona el interés del Pentágono americano sobre las consecuencias sociales y políticas del problema del cambio climático, especialmente por lo que se refiere a los cambios rápidos del clima.

Efectivamente, hasta la década de los noventa el punto de vista dominante sobre los cambios climáticos se había planteado considerando que si el vertido a la atmósfera de los gases causantes del efecto invernadero era gradual, las transformaciones que experimentaría el clima también lo serían. Así parecía deducirse a partir del análisis de los climas del pasado donde los cambios periódicos en las características orbitales de la Tierra alrededor del Sol y las oscilaciones del funcionamiento del astro eran las causas de la sucesión de períodos glaciales e interglaciales.

No obstante, el progreso obtenido durante los últimos años en el desarrollo de técnicas experimentales ha hecho progresar sustancialmente el análisis de episodios del clima del pasado, que hasta ahora no podían estudiarse en detalle, obteniéndose evidencias sobre cambios del clima con variaciones de la temperatura superficial de la Tierra de una o dos decenas de grados, o de variaciones en un factor 2 en cuanto a la precipitación en un tiempo de una o dos décadas. Estas variaciones en el clima se escapan de la concepción habitual de la lentitud de los cambios dada su inusitada rapidez. Uno de los mecanismos apuntados para explicar estas variaciones tan importantes y tan rápidas del clima terrestre es la interrupción de la corriente termohalina.

La Tierra recibe la energía del Sol de forma desigual, de modo que llega mucha más energía en el ecuador que en los polos. Los fluidos geofísicos que caracterizan el clima terrestre, el aire de la atmósfera y el agua de los océanos experimentan movimientos advectivos, influenciados también por el movimiento de rotación de la Tierra, que tienden a transportar la energía en exceso de las zonas ecuatoriales hacia las polares. Uno de estos movimientos, muy importante por lo que se refiere a la climatología en el Atlántico norte, está formado por una corriente superficial de agua que, desde las zonas ecuatoriales al occidente de la cuenca, se mueve hacia el norte, transportando agua cálida y salina que, al bañar las costas del norte de Europa, le confieren un clima más cálido de lo que les correspondería por su latitud. Esta corriente, al llegar a latitudes altas, se enfría y forma una masa de agua más densa que el agua que la circunda hundiéndose e iniciando, de este modo, un largo camino de vuelta hacia latitudes bajas. La importancia climática y ambiental de esta corriente de agua es enorme. Por un lado, como ya se ha dicho, caracteriza la climatología de zonas densamente pobladas y, por el otro, el agua, al hundirse hacia lo más profundo del océano, se lleva consigo disuelto entre otros compuestos, el dióxido de carbono que ha absorbido de la atmósfera.

Los paleoclimatólogos creen que en el pasado climático de la Tierra, caracterizado por cambios bruscos, ha habido episodios en los que esta corriente se ha interrumpido debido a la fusión de hielo en el Ártico que ha disminuido la salinidad del agua y, en consecuencia, la tendencia de ésta a hundirse. Uno de los más estudiados es el que se conoce como el Younger Dryas, un episodio que interrumpió el calentamiento gradual del clima terrestre en el período comprendido entre hace 12 800 años hasta 11 600 años en el pasado.

La pregunta que el mundo de la ciencia se formula ahora es si la situación actual puede conducir a una interrupción de la circulación termohalina y, por este motivo se ha generado considerable actividad científica alrededor del problema. Los complejos modelos de circulación general que acoplan el océano con la atmósfera y que simulan el clima del futuro han mostrado que en un futuro próximo la circulación termohalina puede debilitarse, aunque en ningún caso predicen su interrupción.

Sin embargo, hay que analizar estos resultados con cautela ya que utilizan algunas parametrizaciones que podrían omitir algunos procesos importantes en el funcionamiento de las corrientes termohalinas. Otros modelos más sencillos, en cambio, incorporan este proceso, aunque nunca se han realizado estimaciones de cuán lejos o cuán cerca estamos, con el nivel de emisiones actual, de la hipotética interrupción.

Como «no hay bien que por mal no venga», hay grupos de investigación europeos que creen que el estudio de la dispersión en el fondo del mar de los restos de crudo del accidente del buque Prestige proporcionará importante información para saber hasta qué grado la circulación termohalina en el fondo se mantiene como en el pasado.

En cualquier caso, el análisis de los cambios rápidos del clima es un área de investigación de gran actividad y de crecimiento reciente que tiene un gran interés general y particular, incluso para los expertos del Pentágono.

Referencias
Richard B. Alley et al.: Abrupt Climate Change. Inevitable Surprises, Washington, D.C, National Academy Press, 2002.
Jochem Marotzke: «Abrupt climate change and thermohaline circulation: Mechanisms and predictability», PNAS 2000, 97: 1347-1350.

Josep Enric Llebot es catedrático de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona.


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