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Educación ambiental y ciencias sociales
Ecotropia (Barcelona). Es ya añeja la frase aquella de: «La justicia es algo demasiado importante para dejarla únicamente en manos de los abogados». Lo mismo podría decirse de la salud pública y los médicos o del amor por la patria y los militares. Sin embargo, en nuestras universidades el área de conocimiento, que por su propia naturaleza debería de ser más multidisciplinar, o mejor aun, más transdisciplinar, esto es, la educación ambiental, sigue manejándose como un coto exclusivo de los biólogos y la biología. Debo aclarar que nada tengo en contra de los biólogos o de los licenciados en Educación mención Biología; me refiero al despropósito de lo que en pleno siglo XXI significa mantener el decimonónico error de considerar la ecología y el medio ambiente apenas como un apéndice o una suerte de rama menor de la biología. La educación ambiental no es una forma moderna de la didáctica de las ciencias naturales, por el contrario, es un movimiento andragógico que integra conocimientos ecológicos, filosóficos, políticos, económicos y sociológicos con el objeto de modificar las relaciones de producción, estructuras económico-sociales y patrones culturales (individuales y colectivos) para resituar a los miembros de la sociedad industrial contemporánea en un nuevo contexto histórico ambiental global. Hasta ahora la educación ambiental se ha enfocado con una visión reduccionista, técnica y operativamente, de la problemática ambiental sin detenerse a considerar el alcance y la complejidad que las interacciones humanas tienen en esta situación. La educación ambiental, tal y como hasta ahora ha sido planteada, tiene como objeto de estudio el medio no antropizado, es decir, la naturaleza no intervenida por el quehacer humano (fotosíntesis, ciclos del agua o del carbono, cadenas alimentarias), lo que a todas luces es un contrasentido. ¿Cómo hablar del ciclo del carbono sin hacer referencia a la revolución industrial y a las emisiones de gases invernadero por parte de las sociedades ricas del mundo? ¿Cómo hablar de la destrucción de las selvas tropicales sin explicar los fenómenos de la pobreza y la injusta distribución de la riqueza en el mundo? No se trata de excluir las ciencias naturales de la educación ambiental, sino de integrarlas correctamente con una visión holística y dialéctica. El problema de la degradación ambiental es un problema exclusivamente humano, de la sociedad humana, en tanto que está comprobado que sólo el ser humano contamina. Lo lógico parecería entonces que en su estudio y en la búsqueda de soluciones se incluyera e involucrara a quienes por vocación y formación estudian los procesos y características de dicha sociedad, esto es, sociólogos, licenciados en Educación mención Ciencias Sociales, antropólogos, politólogos, etc. Para entender la problemática ambiental contemporánea, y a su vez generar cambios paradigmáticos en la sociedad que detengan los procesos de degradación de nuestro hábitat, deben de estudiarse aspectos históricos, culturales, políticos y económicos además de los puramente biológicos. El no hacerlo así implica asumir una percepción sesgada, reduccionista y distorsionada de dicha problemática así como de sus posibles soluciones. La ubicación epistemológica de la educación ambiental dentro de las ciencias naturales no es sino la consecuencia lógica de abordar la problemática ambiental desde la perspectiva del viejo paradigma mecanicista newtoniano. Estudiar la educación ambiental desde una perspectiva estrictamente biológica implica otorgarle una neutralidad ideológica que está lejos de tener. La problemática ambiental no es ideológicamente neutral ni ajena a los intereses políticos y económicos que actualmente rigen al mundo. Para que la educación ambiental sea válida y efectiva tiene que comenzar por cuestionar esa supuesta neutralidad axiológica de la crisis ambiental. He aquí la importancia insoslayable de las ciencias sociales en la educación ambiental. Joel Sangronis Padrón es abogado y sociólogo, profesor en La Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt del occidente de Venezuela. |
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