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Turismo sostenible: ¿reto o ilusión?

Silvia Ayuso* 11/12/03

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Pere Fullana y Silvia Ayuso, Turismo sostenible, Barcelona, Rubes Ed., 2002.

Ecotropía (Barcelona). La Agenda 21, el programa de acción adoptado en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992, identifica al sector de los viajes y el turismo como una de las pocas industrias que poseen el potencial de realizar una contribución positiva a la sostenibilidad de la vida en el planeta. Esto es debido a que el turismo crea incentivos económicos para proteger recursos que, de otro modo, carecerían de valor en el mercado; genera trabajo en el punto de destino; exige la construcción de infraestructuras que benefician por igual a residentes y visitantes y, además, como recibe inputs intermedios de casi todos los sectores, puede asumir el papel de liderazgo en la adopción de planteamientos sostenibles al presionar a sus proveedores para que le suministren bienes y servicios obtenidos, a su vez, de forma sostenible.

Sin embargo, el desarrollo turístico tradicional en España (y en otras partes del mundo) ha generado un modelo de crecimiento extensivo basado en el incremento continuado del número de visitantes (independientemente de la capacidad de acogida del territorio), la prioridad de los beneficios a corto plazo, la creación de una oferta homogénea y estandarizada, la escasa presencia de la cultura y las tradiciones locales en la configuración de esta oferta y, en general, una fuerte presión ambiental, que provoca graves impactos en la calidad ambiental y paisajística del territorio. Se trata de un modelo, en esencia, insostenible que ha perdurado a lo largo de más de cuatro décadas.

El concepto de «turismo sostenible»

A partir de la popularización del concepto de desarrollo sostenible a finales de la década de los años ochenta, nace el concepto de turismo sostenible, primero como oposición al turismo de masas, y más tarde como objetivo deseable para todos los tipos de turismo existentes. Sin embargo, al igual que el concepto paralelo de desarrollo sostenible, hasta el momento, el turismo sostenible no se ha definido en términos precisos y deja un amplio margen para todo tipo de interpretaciones. Por ejemplo, tomando como referencia la definición de desarrollo sostenible del Informe Brundtland, la Organización Mundial del Turismo (OMT) define el turismo sostenible de la siguiente forma: «El desarrollo del turismo sostenible satisface las necesidades de los turistas y regiones anfitrionas presentes, al mismo tiempo que protege y mejora las oportunidades del futuro. Está enfocado hacia la gestión de todos los recursos, de tal forma que se satisfagan todas las necesidades económicas, sociales y estéticas, al tiempo que se respeta la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y los sistemas de apoyo a la vida».

En las abundantes iniciativas existentes que tratan de describir los principios y las prácticas del turismo sostenible pueden distinguirse, de forma implícita o explícita, varias interpretaciones del concepto de turismo sostenible. La visión imperante es la de un «desarrollo turístico sostenible», un enfoque que promueve el crecimiento económico de la industria turística al estilo tradicional, pero enfatiza la necesidad de proteger determinados aspectos del medio ambiente para asegurar la viabilidad de la actividad turística a largo plazo. No obstante, un peligro inherente a esta perspectiva es que se centra excesivamente en esta actividad económica y que su puesta en práctica puede fallar a la hora de cumplir con los objetivos y requerimientos más generales del concepto de desarrollo sostenible, en particular en lo que respecta al alcance, a la escala y al contexto sectorial de la utilización de recursos turísticos. Por eso, yo soy más partidaria de reconectar conceptualmente la noción de turismo sostenible con la idea del desarrollo sostenible, en el sentido de la visión del «turismo como parte de una estrategia de desarrollo sostenible». Sin embargo, tampoco en este último enfoque existe una única estrategia ideal, sino diferentes actuaciones que deberán reflejar las diferentes prioridades apropiadas a distintos casos y situaciones del destino turístico en cuestión. En este sentido, en la bibliografía especializada se han cristalizado unos principios comunes que deberían guiar las estrategias de desarrollo para un turismo sostenible: la planificación integrada basada en objetivos económicos, socioculturales y ambientales; la utilización de la capacidad de carga u otras técnicas para cuantificar las limitaciones de los recursos turísticos; y la toma de decisiones transparente y participativa.

Políticas de turismo sostenible

A pesar de su contenido ambiguo, el concepto de turismo sostenible ha fomentado numerosas declaraciones internacionales de las instituciones públicas y privadas más relevantes (por ejemplo, la Organización Mundial del Turismo y las Naciones Unidas), y ha sido incluido en las estrategias políticas de la Unión Europea y de las administraciones españolas. Aunque recientemente se observa una integración de la política turística en una estrategia más amplia de desarrollo sostenible, hasta el momento, el marco de actuación se ha limitado generalmente a instrumentos de política ambiental que afectan a este sector. Este hecho se explica por la corta pero creciente consolidación de este ámbito político frente a la poca experiencia en formular estrategias políticas para las problemáticas sociales y económicas de la actividad empresarial.

En España, el 23 de abril de 1998, el anterior Ministerio de Economía y Hacienda y el Ministerio de Medio Ambiente firmaron un Plan de Turismo Sostenible para acercar las políticas de medio ambiente y turismo. Este Plan de Turismo Sostenible tiene por objeto proteger los espacios naturales, incrementar la competitividad del sector turístico español y reducir la estacionalidad de la actual oferta turística española. El Plan de Turismo Sostenible no solamente coordina la planificación de infraestructuras para los destinos turísticos (depuradoras, redes de saneamiento, acondicionamiento de cauces o rehabilitación de frentes marítimos), sino que también pretende proporcionar actuaciones integrales en los municipios turísticos, como la implantación de Planes de Excelencia Turística, Planes de Dinamización Turística, Proyectos de Municipio Verde y Agenda 21 Locales.

Asimismo, en la última década, los instrumentos tradicionales de regulación administrativa han sido complementados con instrumentos más flexibles y/o voluntarios. El sector turístico español ha adoptado múltiples instrumentos voluntarios para promover un turismo más sostenible o respetuoso con el medio ambiente, muchos de los cuales no son exclusivos del sector hotelero sino que son aplicables a empresas de todos los sectores. Aquí cabe mencionar, en particular, las guías de buenas prácticas y los sistemas certificables como las ecoetiquetas o los sistemas de gestión estandarizados. Para las empresas españolas, las ecoetiquetas más relevantes son los cuatro sistemas de ecoetiquetado turístico que se han desarrollado en el país (Biosphere Hotels, Distintivo de Garantía de Calidad Ambiental, Etiqueta Doñana 21 y Distintivo Ecoturístico de Alcúdia), más la Ecoetiqueta Ecológica europea y las etiquetas de ámbito internacional Green Globe 21 y Establecimiento Eco-comprobado. Con respecto a los sistemas de gestión ambiental (SGA), existen dos estándares de referencia: la norma internacional ISO 14001 y el Reglamento europeo EMAS.

Retórica versus práctica de turismo sostenible

Hasta el momento, la retórica del turismo sostenible contrasta con su aplicación práctica en forma de objetivos políticos concretos, selección de instrumentos adecuados y puesta en práctica de los mismos. La mayoría de los instrumentos políticos se concentran en controlar o reducir el impacto ambiental de las empresas o destinos turísticos, y en algunos casos, en respetar o reavivar las señales visibles de la cultura local. Aparte de asegurar la conservación de los recursos naturales de la actividad turística, el reto consiste en encontrar mecanismos apropiados para integrar las consideraciones económicas (en el sentido de beneficio económico a largo plazo para todos) y sociales (en el sentido de equidad social) en el desarrollo turístico. Esto es especialmente complejo en el ámbito empresarial, aunque ya existen iniciativas que tienen en cuenta la responsabilidad social de las empresas en otros sectores, como por ejemplo, el sector industrial. En cambio, el sector turístico apenas ha empezado a debatir cuál sería el papel que le toca jugar en ese avance hacia la sostenibilidad.

En definitiva, la realidad nos ofrece un modelo de turismo sostenible muy descompensado por el momento. Muchas son las mejoras introducidas en la componente económica de la sostenibilidad (aunque estas medidas son usualmente a corto plazo y benefician sólo a uno de los actores implicados) y el turismo es, sin lugar a dudas, uno de los principales motores de los mercados actuales. La futura incorporación a un nivel equivalente de las dimensiones ambiental y sociocultural es la condición necesaria para aplicar los principios del desarrollo sostenible a la actividad turística.

Silvia Ayuso es doctora en Ciencias Ambientales por la UAB y, actualmente, trabaja como consultora ambiental en la empresa Randa Group.


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