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Hacia una química más sostenible

Xavier Domènech* 15/12/05

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Temas: Química ambiental

Libros: Química verde

Ecotropia (Barcelona). Desde mediados de pasado siglo, en el que tuvo lugar el inicio de un desarrollo espectacular de la química y sus aplicaciones, la demanda social de productos químicos no ha hecho más que incrementar. A pesar de ello, la percepción que se tiene de «lo químico» es, sobre todo últimamente, cada vez más negativa. Lo cierto es que el sector químico tiene una elevada demanda en la producción de compuestos químicos por una sociedad cada vez más depredadora en bienes de consumo y con unas previsiones que indican que este crecimiento continuará en el futuro. Esta presión incrementa la actividad productiva, pero también lo hace la actividad contaminante y generadora de residuos, algunos de los cuales tóxicos, dando lugar a una imagen «sucia» de todo lo relacionado con la química.

El papel de la química en el desarrollo de nuestras sociedades modernas ha sido clave debido al enorme suministro de productos destinados a la mejora, en general, de nuestra calidad de vida: desde la manufactura de fármacos para la curación de enfermedades, hasta la producción de compuestos fitosanitarios para la protección de cultivos y para la mejora del rendimiento de las cosechas, pasando por la elaboración de productos para la higiene (jabones, detergentes, desinfectantes, colonias, dentífricos, etc.) o productos específicos, como adhesivos, catalizadores, aditivos en alimentos, plásticos, y un sinfín de productos.

La química, que ha propiciado la transformación de materias primas bastas en sustancias elaboradas, de un gran valor añadido, y ha contribuido sin lugar a dudas al avance de nuestra sociedad, ha sido y está siendo contrarrestada por una percepción negativa por parte de la población.

Los problemas ambientales ocasionados por la dispersión en el medio ambiente de los compuestos químicos una vez usados (pesticidas, componentes de plásticos, medicamentos, etc.), junto con los contaminantes generados por la industria en general, y la química en particular, durante el procesado de los materiales y las operaciones auxiliares, son suficientemente importantes como para intentar la búsqueda de soluciones que traten de minimizar los impactos correspondientes.

A rebufo de los acuerdos de Río de Janeiro surgió, a principios de la década de los noventa, una corriente en la práctica de la química, que proponía la inclusión de los aspectos ambientales en el diseño de procesos químicos, por medio de la utilización de conocimientos científicos y técnicos. Dicha rama de la química se la conoce como «química verde» o «química sostenible», y tiene como objetivo el diseño, a nivel molecular, de compuestos y procesos químicos que reduzcan o eliminen la generación de sustancias peligrosas para el medio ambiente y la salud humana, haciendo un uso sostenible de los recursos. Es remarcable que muchas de las acciones que se llevan a cabo en el marco de la química verde para la mejora ambiental llevan implícitas unas mejoras económicas (ecoeficiencia) para los sectores involucrados; un factor positivo que favorece su implantación.

La química verde centra su objetivo en el diseño, la investigación y la implementación de procesos y productos. Su rango de aplicación no incluye solamente el diseño de estructuras moleculares que den como resultado un producto no tóxico, sino que, además, debe incluir todas las transformaciones durante y hasta la manufacturación del producto final, en las que se deberá evitar el uso o la generación de sustancias tóxicas. Esto significa que la química verde incluye, de forma implícita, el concepto de «ciclo de vida». Es decir, además de la consideración tradicional acerca de la minimización de la generación de residuos, el objetivo de la química verde incluye la consideración y estudio de todas las etapas del ciclo de vida del producto químico, desde la extracción de las materias primas para obtener los recursos básicos hasta que el compuesto químico resultante entra en desuso.

El desarrollo y la práctica de la química verde se centran en los denominados 12 principios:

  1. Es mejor prevenir la generación de residuos que su tratamiento una vez producidos.
  2. Se han de diseñar métodos sintéticos para maximizar la incorporación en el producto final, de todos los materiales utilizados en el proceso.
  3. Hasta donde sea posible, se han de diseñar metodologías sintéticas que utilicen y/o generen sustancias inocuas o muy poco tóxicas para la salud humana y para el medio ambiente.
  4. Se han de diseñar compuestos químicos de manera que no sean tóxicos, conservando su eficacia en realizar la función demandada.
  5. Mientras sea posible, debe evitarse la utilización de sustancias auxiliares, como disolventes, agentes para la purificación y separación de fases, etc., y, si esto no es posible, ha de procurarse que sean inocuas.
  6. Se ha de minimizar la demanda de energía en el proceso químico.
  7. Mientras sea posible, debe procurarse utilizar recursos primarios renovables.
  8. Mientras se pueda, debe evitarse la formación de productos o procesos derivados (compuestos con grupos protegidos o bloqueados, y modificaciones temporales de procesos físicos o químicos).
  9. Es mejor usar catalizadores (cuanto más selectivos mejor) que reactivos estequiométricos.
  10. Los compuestos químicos deben diseñarse de tal modo, que al acabar su vida útil no persistan en el medio ambiente y se degraden a compuestos inocuos.
  11. Control, a tiempo real, de los procesos químicos mediante el desarrollo de metodologías analíticas adecuadas.
  12. Las sustancias que participen en una reacción química, así como su estado, deben escogerse de manera tal que ayuden a minimizar el riesgo potencial de accidentes químicos.

La química verde ofrece un amplio campo de acción que abarca todos los ámbitos de la química tradicional, y se interrelaciona con otras disciplinas como la ingeniería química, la bioquímica, la toxicología y la ecología, entre otras. El interés por la química verde queda patente por la creciente dedicación de los profesionales a este campo, por el incremento de las publicaciones generales y específicas, así como por las reuniones científicas internacionales, la creación de plataformas que implican a profesionales e industrias del ramo y otras muchas actividades que se están desarrollando en la actualidad.



Xavier Domènech es catedrático de Química física de la Universidad Autónoma de Barcelona.


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