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Hidrogeología urbana: algunos efectos específicos

Xavier Sánchez-Vila, Enric Vázquez-Suñé y Jesús Carrera * 8/01/04

Ecotropía (Barcelona). El siglo XX ha sido un período de un marcado carácter urbano. Las últimas décadas se han caracterizado por una variación demográfica sin precedentes en la historia de la humanidad, con un intenso flujo migratorio de las zonas rurales a las urbanas. Esta población urbana, cada vez más concentrada, exige un suministro continuo de elementos de primera necesidad entre los que se encuentra el agua potable. El agua para abastecer estas ciudades con garantías suele buscarse en fuentes remotas, aunque en muchos casos puede encontrarse en reservas del subsuelo, los acuíferos, que podrán o no ser explotados en función de la calidad de sus aguas para unos usos determinados.

La hidrogeología clásica presenta aspectos de cantidad y calidad semejantes a los planteados en el párrafo anterior. La diferencia fundamental en el caso urbano es la procedencia de las fuentes de recarga de los acuíferos. Además, un estudio de hidrogeología urbana contempla también otros aspectos singulares como son las interacciones entre el agua subterránea y las estructuras urbanas (particularmente las subterráneas). A continuación presentamos un resumen de algunos de los aspectos fundamentales de la hidrogeología urbana con el fin de motivar a los lectores a considerar el agua subterránea urbana como otra de las posibles fuentes que se deben considerar en cualquier estudio serio de gestión del agua. Comentar, por último, que nos centramos en las ciudades pertenecientes a países industrializados. Las ciudades del tercer mundo plantean otro tipo de problemáticas que no se incluyen en este artículo.

Aspectos cuantitativos

El estudio de la hidrogeología urbana conviene circunscribirlo al entorno histórico de desarrollo y crecimiento de la ciudad. Los primeros estadios de su desarrollo de numerosas ciudades van asociados a un incremento de su actividad industrial. Las industrias son importantes consumidoras de agua; por eso, la proliferación de industrias en las zonas urbanas conlleva un importante descenso de los niveles piezométricos (de los pozos de suministro). Además de la evidente reducción de recursos, un descenso de los niveles puede causar problemas de intrusión marina en ciudades costeras. En estos casos, las aguas marinas, salinas y sulfatadas producen serios problemas de corrosión cuando entran en contacto con estructuras metálicas o de hormigón. Otro efecto potencial de un descenso de niveles es la posibilidad de que se produzcan problemas de subsidencia o consolidación con el consiguiente riesgo para las estructuras (ejemplos evidentes son los de la ciudades de México o Venecia).

En los estados más avanzados de desarrollo urbano, las industrias tienden a desaparecer o desplazarse fuera de la zona urbana. El tejido industrial se sustituye por un tejido de carácter residencial. Los cambios en los usos del territorio suelen implicar cambios en el ciclo hidrogeológico. Por ejemplo, la recarga de los acuíferos suele verse muy alterada; mientras la infiltración de lluvia normalmente se reduce por impermeabilización de la superficie, la recarga total se puede incrementar. Esto es debido al agua que se infiltra en el suelo (por infiltración directa, por desagües, sumideros o discontinuidades en el pavimento) que, aunque sea poca, no tiene posibilidad de evapotranspirarse. Además, aparecen nuevas fuentes de recarga como los aportes de las redes de abastecimiento (normalmente sus pérdidas superan el 15% del agua suministrada) y de saneamiento. El cambio de tejido urbano tiene como resultado un marcado ascenso de los niveles piezométricos, aunque en algunos casos, se trata sólo de una recuperación del estado preindustrial. La consecuencia inmediata de todo ello es la aparición de filtraciones en diversas infraestructuras urbanas como sótanos, garajes subterráneos o redes viarias (túneles, ferrocarriles metropolitanos, etc.). Otro efecto importante es la necesidad de drenar las excavaciones que se realizan, con el consiguiente incremento de coste en la construcción de obras civiles o de edificación.

El impacto económico que se deriva de esta situación es muy elevado debido a los costes de drenajes, impermeabilización, instalaciones de bombeo, evacuación de las aguas bombeadas y, por supuesto, a los costes energéticos. Además, es importante señalar el mal uso que supone utilizar el alcantarillado público para la evacuación de agua −puede afectar al correcto funcionamiento del sistema, especialmente cuando en épocas de necesidad, como en verano, hay alguna tormenta− y puede producirse un sobrecoste en la depuración de las aguas residuales, al aumentar los caudales que llegan a las plantas de tratamiento.

Aparece, además, el problema adicional del efecto que las filtraciones puedan provocar en la estabilidad de las propias estructuras, ya que en muchos casos las aguas infiltradas arrastran hormigón o son aguas con un alto contenido en hierro, procedente de la degradación de las armaduras. Esto compromete la seguridad estructural. Una alternativa consiste en mantener el nivel del agua subterránea por debajo de las cimentaciones de modo artificial, aunque esto supone también un coste muy elevado.

Aspectos cualitativos

Las aguas subterráneas en zonas urbanas se pueden contaminar a partir de diversas fuentes potenciales, las más significativas son los vertidos industriales (cada vez más controlados y tendentes a disminuir) y las aguas residuales urbanas. Otras posibles fuentes son las aguas de escorrentía urbana, que lixivia los residuos y efluentes de vehículos que se acumulan en la calzada y el almacenamiento de residuos o materiales contaminantes en la superficie del terreno o enterrados.

Existen también efectos indirectos, aunque no menos importantes. Por ejemplo, la mezcla de aguas residuales (con alta carga orgánica) con aguas de abastecimiento (cloradas) produce contaminantes organoclorados. Otro ejemplo, los cambios en las condiciones de pH y Eh en el acuífero pueden movilizar compuestos tóxicos (normalmente metales pesados).

Otras fuentes de contaminación pueden ser los vertidos de gasolineras y depósitos de combustibles en general, la interacción de los acuíferos con ríos o canales de aguas contaminadas, la intrusión marina, etcétera.

Sostenibilidad y gestión de las aguas en zonas urbanas

Desde hace algunos años, actualmente, y muy probablemente en el futuro, muchas ciudades deberán hacer frente a numerosos problemas relacionados con las aguas subterráneas. Si no se aplican políticas de gestión correctas, los posibles problemas que surjan serán difícilmente solucionables, lo que implicará un significativo impacto económico y social. La gestión debería incidir en criterios de optimización global del agua a partir de políticas de ahorro y reutilización. Se deberán tener en cuenta nuevos cuerpos de agua, así como nuevos recursos disponibles. En cualquier caso, los usos del agua subterránea están ligados a su calidad y a la posible evolución temporal de sus fuentes de recarga.

Los objetivos de la gestión integrada del agua subterránea urbana deben basarse en el doble concepto de utilización del agua para reducir problemas de infiltración, a la vez que se dispone de un recurso que puede utilizarse en determinados casos para reducir la presión sobre las fuentes externas de agua (superficial o subterránea) de las que se abastecen la mayor parte de las ciudades de nuestro entorno. El agua subterránea urbana puede dirigirse a usos para los que no se requiere una elevada calidad como puedan ser determinados servicios municipales. Esto requiere la construcción de una red secundaria de distribución, que no se plantee como una red única, sino como un conjunto de múltiples sistemas formados por aprovechamientos situados en el entorno de los diferentes puntos de captación.

Se considera que con agua subterránea sin tratar se pueden abastecer no sólo usos municipales (riego de parques y jardines, baldeo de calles, limpieza del alcantarillado, fuentes ornamentales), sino también usos industriales (limpieza de vehículos, climatización de edificios) o ecológicos (regeneración de cauces naturales y zonas húmedas, recarga artificial de acuíferos). Pero la gran ambición es llevar esta red secundaria a la población, distinguiendo entre el agua para uso de boca y el agua para el resto de necesidades (que podría tener una calidad química inferior, aunque en ningún caso se puede ceder en aspectos de calidad microbiológica). Sólo cuando esta aproximación a la gestión integral sea un hecho, estaremos realmente frente a un concepto de ciudad sostenible en términos de recursos de agua.

X. Sánchez-Vila, E. Vázquez-Suñé y J. Carrera pertenecen al Grupo de Hidrología Subterránea de la Universidad Politécnica de Cataluña.


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