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La persistencia de la
contaminación orgánica
Ecotropía
(Barcelona).
El rápido desarrollo de los procesos técnicos durante el
siglo XX ha hecho posible la producción, en grandes cantidades, de una amplia
variedad de nuevos materiales químicos que han beneficiado algunas actividades
humanas, como la protección de cultivos o el desarrollo de procesos
industriales. Entre estas nuevas sustancias se encuentran los compuestos
organoclorados, grupo que incluye, entre otros, los plaguicidas (como el DDT*), los PCB (bifenilos policlorados), los HCH
(hexaclorociclohexanos) y el HCB (hexaclorobenzeno). Muchos de estos productos
se pueden fabricar en procesos de bajo coste y como en un principio no se creía
que pudieran tener un efecto tóxico, se aplicaron amplia e indiscriminadamente.
En este sentido, la síntesis del DDT fue premiada con un Nobel en 1948, debido a
su eficacia y éxito como plaguicida.
No fue hasta la década de los sesenta y ochenta cuando
se constataron los efectos tóxicos de estos productos a largo plazo: algunos de
ellos provocan desórdenes reproductivos en la fauna salvaje, poseen actividad
carcinogénica, capacidad de disrupción hormonal, etc. Estos efectos han
levantado la alarma social, ya que además, debido a su persistencia frente a la
degradación biológica, física y química, son difíciles de eliminar del medio; y
debido a la tendencia a acumularse en tejidos corporales y a su lenta
excreción, sus concentraciones en los organismos pueden aumentar hasta niveles
tóxicos. Por otro lado, gracias a su semivolatilidad, los compuestos
organoclorados se transportan hacia sitios remotos1, lejos de sus fuentes de producción y de
uso originales, acumulándose en regiones frías, como las zonas árticas y
alpinas.
Desde finales de la década de los setenta, la
producción y el uso de casi todos los compuestos organoclorados semivolátiles
está prohibido o, por lo menos, muy restringido. Recientemente, se les ha
clasificado como «contaminantes orgánicos persistentes», POP (persistent
organic pollutants) dentro del Programa
del Medio Ambiente de las Naciones Unidas (UNEP/GC 18/32, 1995), conjuntamente con otros contaminantes
persistentes, como los HAP (hidrocarburos aromáticos policíclicos). A pesar de
las restricciones, estos compuestos todavía están presentes en el medio
ambiente y en lugares remotos, donde las concentraciones no han disminuido
durante las últimas décadas.
En el proyecto científico GLOBAL-SOC,
subvencionado por la Unión Europea,
se analizaron las concentraciones de PCB en diferentes lugares remotos, para
mejorar el conocimiento de su distribución mundial, el tiempo de residencia en
el medio y estimar así, un inventario global. Dentro de este proyecto se
obtuvieron muestras de la atmósfera y deposición en la isla de Tenerife
(Atlántico noreste), cerca de la montaña del Teide, a una cota de 2367m,
durante un año (1999-2000) para el análisis de compuestos organoclorados2,3. La
isla de Tenerife está situada en la zona subtropical del hemisferio norte,
donde las masas de aire relativamente frescas y húmedas se desplazan a nivel
del mar desde latitudes medias en dirección a los trópicos, mientras que aires
relativamente cálidos y secos dominan la altitud de 1500 m. Esta distribución
provoca una inversión de temperatura* muy fuerte
entre las dos capas de aire, que impide que las masas de aire inferiores
(eventualmente contaminadas por actividades humanas de la isla) atraviesen esta
inversión hacia arriba. De manera que, el Observatorio Atmosférico de Izaña,
debido a la altura de su ubicación (2367m), puede tomar muestras y estudiar la
troposfera libre (sin interacciones con la superficie), donde los compuestos
organoclorados que se detectan provienen de lugares lejanos y están presentes
después de su viaje atmosférico de larga distancia.
En el pasado, esta región no ha
recibido mucha atención, pero ahora no puede ignorarse si se quiere disponer de
un balance global, ya que el volumen presente de estos compuestos es muy
grande. Para comparar las concentraciones halladas en Izaña con las del nivel
del mar, se recogieron algunas muestras en un faro al noroeste de la isla.
El promedio de los flujos de deposición
de HCB, HCH, DDT y PCB calculados en la troposfera libre eran de 86, 400, 110,
y 780 ng/m2/año, respectivamente. Estos valores son menores que las
medias tomadas a nivel del mar, o en lugares rurales e industriales. Por otra
parte, la deposición seca es responsable de un nivel de fondo con flujos
similares en todos los compuestos entre 10 y 65 ng/m2/año. Dichos
flujos representan una introducción neta desde la atmósfera hasta los océanos.
La precipitación húmeda, a pesar de sus bajos valores, 500 mm/año, es
dominante, especialmente en el caso de los compuestos con menor peso molecular
(más volátiles) y más solubles en agua, como los HCH.
En las muestras atmosféricas, el HCB
es el POP que se encuentra en una concentración más elevada (51 pg/m3).
Las concentraciones de los demás compuestos organoclorados se encuentran entre
1 y 11 pg/m3. La concentración de la suma de los PCB (19 PCB) es de
78 pg/m3. Todas estas concentraciones se encuentran en el rango
inferior descrito para muestras atmosféricas y son 2,5 veces más bajas que las
halladas en el faro. Las masas de aire tomadas en el muestreo procedían de 4
sectores principales (Atlántico norte latitud alta, latitud media, Europa y
África), determinados a partir de un modelo de retrotrayectorias de masas de aire.
No se observó ninguna diferencia significativa entre las masas de aire,
indicando un nivel de POP uniforme en toda la troposfera libre. La dependencia
entre concentraciones y temperatura era clara, pero menor en comparación con la
que se encuentra en puntos situados cerca de fuentes potenciales, indicando,
así, la ausencia de estas fuentes en Izaña.
Estos resultados demuestran que, a pesar de que la
producción y el uso de la mayoría de los POP están prohibidos o severamente
restringidos desde hace más de 20 años, todavía se hallan presentes en atmósferas
remotas y en la troposfera libre con niveles detectables. Además, su
distribución es uniforme en esta parte de la atmósfera.
Los resultados de este estudio y los datos de otros
estudios de lugares remotos se han utilizado para estimar un inventario
atmosférico de los PCB que muestra que el hemisferio norte, donde se produjeron
y utilizaron la mayoría de estos productos, contiene todavía en su atmósfera 84
toneladas, mientras que el hemisferio sur contiene 31 toneladas. Estos POP
xenobióticos* forman ya parte de los ciclos
biogeoquímicos y no parece que esta situación vaya a cambiar en un futuro
próximo.
Barend
L. van Drooge e Íngrid Vives son
estudiantes de doctorado en ciencias ambientales en la Universitat Autònoma de Barcelona. Joan
O. Grimalt es profesor de investigación del Departamento de Química
Ambiental, del Instituto de
Investigaciones Químicas y Ambientales del CSIC (IIQAB-CSIC) de Barcelona.
Bibliografía
1. F. Wania y D. Mackay: «Tracking
the distribution of persitent organic pollutants», Environmental Science and Technology, 1996; 30
(9): 390- 396.
2. Barend L. van Drooge, J.O. Grimalt, C.J. Torres-García y E. Cuevas: «Deposition of
semivolatile organochlorine compounds in the free troposphere of the eastern
north Atlanic Ocean», Marine Pollution
Bulletin, 2001; 42 (8): 628-634.
3. Barend L.
van Drooge, J.O. Grimalt, C.J. Torres-García y E. Cuevas: «Semivolatile
Organochlorine Compounds in the free troposphere of the North-Eastern Atlantic»
Environmental Science and
Technology, 2002; 36 (6):
1155-1161
Más información en la red
Arctic Monitoring and Assessment Programme: http://www.amap.no/
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