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Tratamiento biológico de efluentes gaseosos: ¿realidad o ficción?

David Gabriel Buguña 5/06/03

Ecotropía (Barcelona). Es bien sabido que la naturaleza es, a menudo, capaz de restaurar por sus propios medios la contaminación producida por algunos compuestos, aunque en un limitado rango de concentraciones. En muchas ocasiones, y esencialmente en los casos debidos a focos de generación agrupados en una pequeña área, se muestra incapaz de restaurar de forma natural los desajustes provocados por la actividad humana. En estas ocasiones, debemos ayudar a la naturaleza a mantener su equilibrio. La minimización de la generación de contaminantes y el tratamiento del exceso no minimizado son las dos opciones de que disponemos para mantener este equilibrio natural.

Durante años se han desarrollado diferentes tecnologías para el tratamiento de efluentes gaseosos. De forma similar a como sucedió en el ámbito del tratamiento de aguas residuales años atrás, el tratamiento de efluentes gaseosos se ha establecido, en gran medida, mediante la utilización de sistemas físico-químicos. Tecnologías tales como la incineración, oxidación química, absorción y adsorción han sido utilizadas a nivel industrial para el tratamiento de efluentes gaseosos de emisiones puntuales de fuentes estacionarias. Estas tecnologías convencionales adolecen de importantes inconvenientes, tales como su elevado coste de operación y limitada eficacia. A medida que la legislación sea más exigente con los límites de descarga, pues desgraciadamente la legislación actual no es suficientemente restrictiva, estos inconvenientes adquirirán mayor relevancia.

A pesar de los grandes esfuerzos e inversiones, la contaminación del aire continúa siendo un problema ambiental. La búsqueda de sistemas de tratamiento «medioambientalmente amigos» ha desembocado, en los últimos años, en una revolución en la utilización de sistemas biológicos para la depuración de aguas. Esta revolución está todavía por llegar en el campo del tratamiento de gases, si bien se dispone actualmente de los elementos necesarios para su materialización. Las técnicas biológicas para el tratamiento de efluentes gaseosos contaminados tomaron enorme importancia en Europa a partir de la década de los noventa debido a su eficacia, bajo coste y aceptación desde el punto de vista ambiental. En países punteros como Alemania y los Países Bajos en Europa, y Estados Unidos y Canadá en el continente americano se ha apostado por esta tecnología y ya disponen de notable experiencia en el desarrollo e implementación de sistemas biológicos de tratamiento de efluentes gaseosos a nivel industrial. En nuestro país, por el contrario, este desarrollo se halla todavía en fase embrionaria aunque se dispone ya de algunas grandes instalaciones industriales tales como el Ecoparc en Barcelona.

La amplia variedad de procesos que generan efluentes gaseosos contaminados y el amplio espectro de contaminantes que contienen hace que no exista una tecnología mejor que otra sino que cada caso debe ser evaluado de forma específica. De forma general, los tratamientos biológicos son aplicables al tratamiento de compuestos contenidos en efluentes generados en fuentes estacionarias de procesos industriales como son los compuestos orgánicos volátiles (COV) generados por la industria química, petroquímica y alimentaria, o los compuestos orgánicos reducidos de azufre (CORA) en la fabricación de papel, esponjas sintéticas y textiles como el rayón. Igualmente importantes son el tratamiento de los efluentes gaseosos, generados en la industria relacionada con el tratamiento de residuos, tales como los de las instalaciones de compostaje, biorremediación de suelos, colectores de aguas residuales, plantas depuradoras de aguas residuales (tanto urbanas como industriales) o vertederos. Instalaciones que se caracterizan por generar mezclas complejas de olores, generalmente debidas a compuestos derivados de la actividad bacteriana en condiciones anaerobias y a los procesos de aireación habituales en la mayoría de sistemas de tratamiento de residuos. Por el contrario, las emisiones de partículas y otros gases de combustión han de ser tratados mediante sistemas de tratamiento físico-químicos, pues los tratamientos biológicos no son efectivos.

Los biorreactores para el tratamiento de efluentes gaseosos utilizan la actividad metabólica de microorganismos para tratar contaminantes en fase gas, los cuales son fuente de energía y materia, esenciales para el crecimiento microbiano. Los contaminantes deben ser transferidos de la fase gas a una fase líquida y/o a una fase de biopelícula antes de ser degradados biológicamente. Para que el tratamiento biológico sea efectivo, los contaminantes de interés deben ser, en cierto grado, biodegradables, no tóxicos y presentar cierta solubilidad. De forma general, el tratamiento biológico es efectivo y económico para bajas concentraciones de contaminante, normalmente inferiores a 5 g m-3, y grandes caudales de aire de hasta 5·105 m3 h-1. En la pasada década y en la actualidad, los bioreactores están siendo utilizados para el tratamiento de efluentes gaseosos con contaminantes de naturaleza diversa, desde compuestos inorgánicos como sulfuro de hidrógeno, amoníaco y óxidos de nitrógeno, a compuestos orgánicos como alcoholes, COV o compuestos orgánicos clorados; bien como contaminantes únicos o como componente principal de un efluente gaseoso. En la mayoría de aplicaciones, los contaminantes que han sido exitosamente tratados en biorreactores son compuestos de bajo peso molecular y altamente solubles.

Aunque existe cierto número de configuraciones y alternativas diferentes de biorreactores para el tratamiento biológico de efluentes gaseosos, durante los últimos años, los utilizados más comúnmente son los de tipo biofiltro (biofilter) y los biofiltros percoladores (biotrickling filters) por haber demostrado su eficacia ante un amplio rango de contaminantes y por su simplicidad y bajo coste de operación. Existen otros sistemas de tratamiento menos comunes como los biolavadores (bioscrubbers) y otros más específicos como el tratamiento de gases por difusión a través de lodos activos (AS Air Difussion). Si bien los mecanismos de eliminación del contaminante son comunes para todos ellos, los biorreactores se diferencian en la fase en la que los microorganismos están presentes, ya sea en suspensión (biolavadores y lodos activos) o bien en forma de biopelícula (biofiltro y biofiltro percolador) y por el estado de la fase líquida, en forma estacionaria (biofiltro) o bien en flujo (biolavador, biofiltro percolador y lodos activos). En cualquiera de los tipos de bioreactores, la caracterización de la transferencia de materia entre las interfases presentes (gas-líquido, líquido-biopelícula, gas-biopelícula) es un aspecto clave para mejorar la eficacia de los sistemas de tratamiento.

El sulfuro de hidrógeno (H2S) es un claro ejemplo de compuesto tremendamente problemático que es fácilmente tratable mediante sistemas biológicos. El sulfuro de hidrógeno se genera esencialmente en procesos industriales como el refinado de petróleo, la fabricación de papel y pulpa de papel, el procesado de alimentos y en el tratamiento de gas natural y otros combustibles. Asimismo, es uno de los principales productos generados en los colectores de las plantas depuradoras de aguas residuales urbanas y forma parte de la mayoría de los olores generados en otras zonas de las industrias de tratamiento de residuos. En este ámbito, y desgraciadamente, en el caso de Cataluña, se ha convertido en la primera causa de accidente mortal debido a la presencia de gases tóxicos en entornos de trabajo.

El tratamiento tradicional del sulfuro de hidrógeno ha venido realizándose mediante sistemas físico-químicos, esencialmente torres de absorción a pH básico, con o sin adición de un oxidante químico. Este tipo de tratamiento es muy efectivo, aunque sufre importantes problemas tales como elevados costes de operación y riesgos de accidentes debido a la utilización de productos químicos y la generación de halometanos, conocidos por su poder tóxico. Además del incremento de coste por un mayor uso de productos químicos, la precipitación de CaCO3 y MgCO3 también conlleva una acumulación en la superficie del relleno del reactor. Es habitual pues, la realización de lavados periódicos con ácidos como el HCl para evitar la acumulación de precipitados.

En cualquier caso, las torres de absorción son efectivas para el sulfuro de hidrógeno pero tienen limitaciones si, simultáneamente, se pretende la eliminación de COV y compuestos nitrogenados. Así, el NH3 es difícil de eliminar a pH básico y tiende a formar cloroaminas en presencia de hipoclorito. Desafortunadamente, tanto COV como NH3 son componentes habituales en efluentes gaseosos junto con H2S en plantas depuradoras de aguas residuales urbanas lo que limita el tratamiento de olores en este tipo de instalaciones mediante sistemas físico-químicos de tratamiento.

El tratamiento biológico del sulfuro de hidrógeno se ha realizado esencialmente en reactores tipo biofiltro percolador y biofiltro, en este mismo orden en número de aplicaciones. El mecanismo de oxidación biológica depende esencialmente de la población microbiana del reactor, así como de la concentración de oxígeno. Cuando la oxidación biológica es completa tiene lugar la siguiente reacción catalizada por microorganismos autótrofos, aunque el proceso de oxidación es complejo y puede tener lugar a través de numerosos intermedios:

H2S + 2 O2 « SO42- + 2 H+

La producción de protones implica un continuo descenso del pH en el interior del reactor a medida que el H2S es degradado, por lo que es necesaria la adición de agua u otro agente basificante para mantener el pH del biofiltro percolador dentro de unos valores adecuados. Los microorganismos encargados de la oxidación de H2S realizan el proceso a pH bajo, al cual son tolerantes, y pertenecen habitualmente a especies del género Thiobacillus. Puesto que las condiciones son hostiles para el crecimiento de la mayoría de especies microbianas, suelen ser los microorganismos colonizadores mayoritarios en el interior del sistema. El pH, así como la concentración de sulfato en el sistema son parámetros críticos durante la operación. De forma general, el pH de operación debe ser mantenido entre 1 y 3 para asegurar una velocidad de degradación óptima, aunque se han descrito biofiltros y biofiltros percoladores en los que la oxidación tiene lugar a pH entre 4 y 8. Igualmente, se ha determinado que concentraciones de sulfato excesivas, superiores a los 25 g S-SO42- (kg relleno) -1, son inhibitorias para los microorganismos sulfuroxidantes.

Una de las limitaciones de los sistemas de biofiltros y biofiltros percoladores frente a las torres de absorción químicas, en el caso del sulfuro de hidrógeno, es que los biorreactores requieren habitualmente tiempos de contacto de entre 10 y 60 segundos, mientras que en columnas de absorción química la misma eficacia se consigue con tiempos de retención de entre 2 y 3 segundos. Debido a ello, se requieren biorreactores de mayor volumen que los de las torres de absorción para tratar iguales cantidades de contaminante. En consecuencia, es necesario llevar a cabo estudios de la operación y diseño de los biofiltros percoladores a fin de competir, no sólo económicamente si no en eficacia, con sistemas tradicionales de tratamiento.

Comparativamente con otras tecnologías para un amplio espectro de compuestos, una de las principales limitaciones de los sistemas de tratamiento de gases es la necesidad de un mayor tiempo de residencia del aire en el interior del reactor para conseguir capacidades de tratamiento similares a las de los sistemas de tratamiento físico-químicos. Es decir, se requieren reactores de mayor volumen para tratar idénticos caudales. Es por ello que, en la actualidad, existe una limitación en la aplicación de este tipo de sistemas, más aún tratándose de una tecnología emergente comparada con los sistemas físico-químicos plenamente establecidos y estudiados en las últimas décadas. En cualquier caso, el tratamiento de aire contaminado requiere de un conjunto de tecnologías capaz de tratar tal variabilidad de la forma más económica y efectiva posible en cada caso. Los tratamientos biológicos de efluentes gaseosos se han demostrado capaces de conseguir la primera de estas premisas, pero no han demostrado de forma general ser más eficaces que los sistemas convencionales de tratamiento. Pese a ello, y aunque no se pueda decir que se trata de una nueva tecnología, el todavía limitado nivel de conocimiento, tanto de los fenómenos que tienen lugar en el interior del sistema como de la aplicabilidad a nivel industrial para el tratamiento de efluentes gaseosos complejos indican que el potencial de estas tecnologías está aún por ser plenamente aprovechado.

De todos modos, recientemente se ha presentado en Proceedings of the National Academy of Sciences la conversión de una torre de absorción en un biofiltro percolador manteniendo la capacidad de eliminación del sulfuro de hidrógeno y, lo que es más relevante, manteniendo el mismo tiempo de contacto en el sistema de tratamiento (PNAS, USA, publicado en Internet: http://www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.0731894100). Esto significa dar un paso más en cuanto a competitividad de los sistemas biológicos frente a los sistemas convencionales de tratamiento de efluentes gaseosos.

No es, pues, una ficción el tratamiento biológico de gases, aunque todavía es necesario un mayor desarrollo de los sistemas de tratamiento y la exploración de nuevas posibilidades para conseguir mejorar la capacidad de esta tecnología. No hay duda que la reciente aparición de varios grupos de investigación en nuestro país, en materia de tratamiento biológico de gases, permitirá la expansión y futura consolidación de esta tecnología como alternativa a los sistemas convencionales de tratamiento para un amplio campo de aplicaciones.

David Gabriel Buguña es licenciado en Ciencias Químicas y doctor en Biotecnología por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) desde el 2000. Actualmente es profesor ayudante en el Departamento de Ingeniería Química de la UAB.


Más información en la red
Grupo de Investigación de tratamiento biológico del aire, Universidad de California del Sur: http://www-rcf.usc.edu/~bfilter/intro.html

Bibliografía
C. Kennes and M.C. Veiga.: «Bioreactors for waste gas treatment», 2001, Ed. Kluwer Academic Publishers, Dordrecht, The Netherlands.


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