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La
agricultura sostenible, mucho más que una tendencia
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Motserrat Daban *
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16/12/04
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Agricultura sostenible
Ecotropia (Barcelona). Sostenible
es, por definición, lo que se puede mantener por sí mismo, sin merma de los
recursos existentes, y que implica un soporte o una permanencia a largo plazo.
Podríamos preguntarnos, a continuación, si en un mundo tan cambiante puede
existir algo que sea sostenible. La pregunta, de compleja y controvertida
respuesta, merece una apreciación previa: el término sostenible, como lo utilizamos
actualmente (aplicado tanto a un desarrollo económico como a un sistema
agrícola o a un entorno urbano) es una dirección, una urgencia, un objetivo que
levanta grandes expectativas y genera buenas dosis de pensamiento innovador.
El uso de los recursos del medio es sostenible cuando se
realiza por debajo de su capacidad de renovación o sustitución. Cuando este
concepto se traslada a la agricultura, describe sistemas de cultivo
capaces de «mantener indefinidamente su productividad y utilidad para la sociedad.
Los sistemas sostenibles tienen que contribuir a la conservación de los
recursos, apoyar a la sociedad, resultar competitivos en aspectos comerciales y
cuidar el medio ambiente». Son palabras de John Ikerd, profesor emérito de
economía agrícola de la Universidad de Missouri, experto en agricultura
sostenible y economía de la sostenibilidad, y uno de los primeros en proponer
esta forma de plantearse la producción.
Agricultura, salud y medio ambiente
La actividad agrícola y ganadera
afecta a determinados sistemas ecológicos de forma diferente, siendo algunos de
sus efectos negativos la disminución de la productividad del suelo (por erosión
o compactación, pérdida de materia orgánica, retención hídrica, actividad
biológica y salinización); acumulación de contaminantes (sedimentos, sales,
fertilizantes, pesticidas...); falta de agua por sobreexplotación, no siempre
respetando los ciclos naturales que mantienen la disponibilidad de agua;
aparición de resistencias a pesticidas; pérdida de especies polinizadoras y de
hábitats salvajes; reducción de la diversidad génica por la uniformidad de
cultivos... Todo esto, sin tener en cuenta los riesgos potenciales para la
salud relacionados con la aparición de residuos, en ocasiones tóxicos, en los
alimentos.
En los últimos años aparece una
solución a esta agresión hacia el hombre y su entorno, la agricultura
sostenible no implica, contrariamente a los lamentos iniciales de los
productores, un retorno a los bajos rendimientos, sino un mantenimiento de los
niveles productivos alcanzados en los últimos años, a través de una
sostenibilidad construida sobre los conocimientos actuales y unos sofisticados
enfoques, que no tienen que mermar los recursos de los que depende la
agricultura.
Agricultura ecológica y producción integrada
De hecho, últimamente y con demasiada frecuencia,
escándalos alimentarios (como la EEB o mal de las vacas locas, la presencia de
residuos de pesticidas en alimentos, el exceso de antibióticos en las carnes,
la detección de dioxinas en aves...) han hecho aumentar la demanda de seguridad
en los productos alimentarios destinados al consumo y, como respuesta a esta
demanda, han aparecido normativas de carácter público como la producción
integrada (en agricultura y ganadería) e iniciativas de carácter privado que se
aplican a los productores y proveedores para obtener productos seguros, y en
las que se detallan las buenas prácticas agrarias. La producción agraria
ecológica responde, desde hace tiempo, a un sistema productivo que quiere
productos de calidad, seguros sanitariamente y que aseguren el equilibrio del
medio productivo, en toda su cadena de valor.
La cadena de valor y la trazabilidad
En 1985, el profesor de Harvard Michael Porter
(sus teorías económicas han guiado
gran parte de la política económica mundial) introdujo el concepto de análisis
de la cadena de valor en su obra Competitive Advantage (ventaja
competitiva), o sea, una forma de
análisis de la actividad empresarial mediante la cual se descompone una empresa
en sus partes constitutivas, intentando identificar las fuentes de ventaja
competitiva en aquellas actividades generadoras de valor, entendido como la
suma de los beneficios que el cliente percibe, menos los gastos de adquirir y
usar un producto o servicio. La aplicación de las bases de la cadena de valor
permite descomponer el sector de la producción agraria, en diferentes niveles,
ordenados desde el consumidor que adquiere alimentos al establecimiento, al
detalle u horeco (acrónimo de HOstalaje, REstauración o COlectividad), provisto
por empresas comerciales e industriales que se nutren de comerciantes,
cooperativas o sociedades agrarias de transformación (SAT), que comercializan
los productos del agricultor.
El valor añadido de Porter aumenta a medida que nos
acercamos al consumidor, o sea, descendemos en la cadena de valor, disminuyendo
cada vez más en los niveles más cercanos al agricultor. La necesaria reacción
del sector frente a esta situación se ha visto reforzada por las desafortunadas
experiencias recientes, relativas a la ya mencionada problemática de la
seguridad alimentaria. Nace así un nuevo concepto a tener en cuenta, la
trazabilidad alimentaria. El conocimiento de los sistemas de producción de los
alimentos ha llevado consigo el aumento del interés del consumidor y una
demanda de productos integrados, elaborados con sistemas sostenibles, que
aseguren un respeto para el consumidor y su entorno. Las variantes populares de
estos conceptos son numerosas, y algunas se confunden con el más puro
esoterismo, sin restar un sólo punto a la validez y necesidad de los procesos
de la agricultura ecológica y la producción integrada, verdaderas soluciones
para el futuro del sector.
Variantes populares
Dentro de este grupo mencionaremos
las prácticas satélite, más que nada a título de anécdota, para hacernos eco de
lo que han difundido algunas publicaciones, más o menos especializadas,
contribuyendo o incluso fomentando una cierta confusión de conceptos. Nos
referimos a términos como la biodinámica (reconvertidas prácticas de los
abuelos basadas en los ciclos de la luna, que ahora se intentan explicar
en clave científica, empezando por una denominación convincente). Algunos
grandes vinos franceses, por ejemplo, han sido producidos con esta supuesta
práctica que reniega de cualquier compuesto «no natural», busca el equilibrio
del ecosistema y la diversidad
biológica (loables iniciativas), defiende la influencia planetaria y de los
satélites (¡), y la obtención de una buena materia prima, generalmente a un
precio bastante elevado.
Algunos términos para el debate
Hay conceptos relacionados con la producción integrada y la
agricultura sostenible que vale la pena revisar. Algunos se solapan con ellas
respeto a sus intereses, y de otros se alejan o incluso extreman sus premisas:
- Agroecología: concepto agrícola que no sólo se centra en la
producción, sino también en la sostenibilidad ecológica del sistema productivo.
- Agricultura alternativa:
prácticas opuestas a la agricultura convencional, caracterizadas por el uso de
cultivos no tradicionales, recursos naturales, sistemas no convencionales como
el cultivo orgánico y, a menudo, el marketing directo.
- Cultivo orgánico: sistema
de producción que excluye el uso de fertilizantes, pesticidas, reguladores del
crecimiento y aditivos sintéticos.
- Gestión holística: proceso
de toma de decisiones que satisface necesidades inmediatas sin comprometer el
bienestar futuro de la presente generación y de las futuras.
- Gestión integrada de plagas:
control de las plagas con conceptos ecológicos que aplica los amplios
conocimientos existentes sobre las relaciones entre cultivos y plagas.
Motserrat Daban es doctora en biología y editora científica.
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