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La investigación en climatología y la industria de los seguros

Josep Enric Llebot 22/07/04

Ecotropía (Barcelona). Los daños humanos y materiales causados por fenómenos meteorológicos extremos son objeto de atención preferente por las autoridades y las compañías aseguradoras. Este escenario proporciona un sitio de encuentro entre los economistas, los físicos atmosféricos, los climatólogos y los analistas de riesgos. En el número de mayo de 2004 de la revista BAMS (Boletín de la Asociación Americana de Meteorología), Richard J. Murnane hace una revisión de cómo la variación en las probabilidades de sucesos extremos cambia con el clima y cómo afecta este fenómeno al sector de los seguros.

Al parecer, inconscientemente se desprecia la magnitud de los fenómenos naturales, especialmente de los fenómenos meteorológicos y de los terremotos, frente a los daños infringidos por la propia dinámica de la sociedad actual. Por ejemplo, la repercusión del malogrado suceso de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 comportó indemnizaciones por unos 19 000 millones de dólares, mientras que un terremoto o un huracán produce pérdidas que, según la zona afectada, pueden alcanzar daños humanos y materiales valorados en 44 000 millones de dólares. Estas pérdidas pueden ser incluso superiores en un futuro si las zonas afectadas, y actualmente desprovistas de seguro, contratan este tipo de protección económica.

La ciencia y la industria de los seguros tienen intereses coincidentes cuando se trata de desarrollar una mejor comprensión de las variaciones en la probabilidad de sucesos extremos, como consecuencia de la evolución del clima. Actualmente, se concentra el análisis en indicadores del comportamiento climático del planeta como son el ENSO (El Niño Southern Oscillation), la QBO (QuasiBiennal Oscillation), la AO (Artic Oscillation) y la MJO (Madden-Julian Oscillation). Según parece, una de las líneas más prometedoras de investigación para la predicción de los sucesos meteorológicos extremos es el conocimiento de la dinámica de la estratosfera que, a su vez, puede dar indicios del comportamiento de la troposfera.

Lo que le interesa a las aseguradoras es que en el momento de fijar las primas y de firmar los contratos se pueda tener una predicción mínimamente fiable de la probabilidad de que ocurran ciertos sucesos meteorológicos y de si van a afectar zonas continentales habitadas y aseguradas. El indicador climático del que se realiza un seguimiento más próximo es el ENSO, ya que existe una correlación entre éste y la actividad ciclónica tropical, especialmente para predecir la intensidad de los huracanes en la costa americana. La probabilidad de huracanes intensos es mayor durante La Niña y es inferior durante los episodios de El Niño. Los cambios en la frecuencia de los episodios de El Niño asociados a los cambios del clima hacen especialmente interesante esta relación. Las compañías de seguros también están atentas a los progresos en las predicciones de la evolución del índice NAO (North Atlantic Oscillation), ya que se relaciona con la evolución de las trayectorias de las tormentas en Europa, otra zona intensamente poblada, con un alto nivel económico y de infraestructuras, y que es objeto de una gran actividad por parte de las empresas de seguros. Sin embargo, la capacidad técnica de predecir la evolución de este indicador es muy limitada y adolece todavía de muchas imprecisiones.

Por el contrario, las aseguradoras ven el uso de los índices QBO, AO y MJO como una opción muy atractiva por varias razones. Una de ellas es que la QBO y la MJO son indicadores correlacionados con la actividad de los ciclones tropicales; otra es que la AO parece ser un buen indicador de los sucesos meteorológicos extremos en Europa occidental; una tercera es que se ha avanzado significativamente en su predictibilidad; y la última es que las escalas espaciales y temporales de estos indicadores se ajustan bastante bien a lo que necesita el complejo mundo de los seguros.

Se nos antoja que en este tema hay una feliz coincidencia de intereses entre la comunidad científica y las empresas aseguradoras. Es de gran importancia disponer de indicadores relativamente simples de la climatología en el planeta y de su evolución. Para ello, durante los últimos años se están invirtiendo grandes dosis de esfuerzos en investigar y establecer indicadores como los mencionados anteriormente, para conocer las conexiones entre el comportamiento de la troposfera y la dinámica de la estratosfera, y determinar su evolución, a tenor de los cambios del clima que predicen los modelos. Además, las empresas aseguradoras son conscientes de lo crucial que es para su negocio disponer de herramientas predictivas sobre la evolución del clima y la evolución del riesgo, conocimiento éste muy importante para su planificación estratégica, pero también útil para los responsables políticos. En definitiva, una feliz circunstancia que esperemos llegue a buen puerto cuanto antes.

Josep Enric Llebot es catedrático de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona.


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