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El macroimpacto de los microchips
Ecotropía
(Barcelona).
Los
microprocesadores o microchips están asociados a la mayoría de
artefactos electrónicos que ocupan la sociedad moderna (ordenadores personales,
móviles, agendas electrónicas, coches, etcétera). Deslumbrados por su amplia
aplicación y su reducido tamaño, se tiende a pensar que el impacto ambiental de
la industria de los semiconductores es despreciable. Sin embargo, esta
suposición no puede estar más lejos de la realidad, tal y como pone de manifiesto
un reciente estudio encabezado por Eric D. Williams de la Universidad
de las
Naciones Unidas en Japón [Environmental Science &
Technology 2002; 36 (24)].
En
efecto, la fabricación de diminutos chips de silicio requiere miles de
productos químicos, algunos en grandes cantidades o tóxicos, con las
consecuentes emisiones que pueden afectar al suelo, la atmósfera y el agua, así
como a la salud de los trabajadores. Williams y sus colegas realizan un
análisis de flujo de materiales (procesos de entrada y salida de materiales) de
la cadena de producción de la industria de semiconductores y un análisis del
ciclo de vida (ACV) de los microprocesores con la idea de estimar el uso total
de energía, de combustibles fósiles y de productos químicos e identificar la
escala de impactos ambientales de esta industria. Para elaborarlo, los autores
utilizan los datos recopilados por el Programa Ambiental de la ONU, por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos
y por algunas empresas electrónicas de Estados Unidos.
Tras estudiar los datos, los resultados muestran que la fabricación de un
microchip de 2 gramos (del rango de la minúscula lámina utilizada para la
memoria de los ordenadores personales) requiere 1,6 kilogramos de combustibles
fósiles, 72 gramos de productos químicos y 32 litros de agua. Además, la masa
de materiales secundarios usados para elaborar un chip de 32 megabites es 630
veces mayor que la masa del producto final. Esta relación 630-1 destaca
gravemente si se compara con otros bienes más tradicionales: en el caso del
coche se estima una relación entre los combustibles y los productos químicos
incorporados respecto al peso del producto final de alrededor de 2-1. Este uso
tan elevado de materiales secundarios en los aparatos semiconductores tiene
explicaciones termodinámicas, ya que los microchips y muchos otros aparatos
tecnológicos son formas de materia altamente organizados (con baja entropía),
por lo que se necesita una gran inversión de energía y material para la
transformación de unas materias primas con una entropía relativamente alta.
Cabe decir que debido al
proceso de purificación requerido en la fabricación de las pastillas de
silicio, la cadena de procesos que las produce desde la materia prima utiliza
grandes cantidades de energía, y sin embargo, estos costosos procesos de
purificación son ignorados por muchos ACV.
En definitiva, los resultados
tienen implicaciones cruciales para la discusión sobre la desmaterialización,
es decir la concepción de que el progreso tecnológico debe conducir a
reducciones radicales en la cantidad de materiales y de energía requeridos para
producir mercancías. El microchip se ve a menudo como el ejemplo típico de
desmaterialización debido a su alto valor y pequeño tamaño, pero los nuevos
resultados sugieren que éste no es el caso. Los autores del informe subrayan
la necesidad de que los ciudadanos conozcan
los aspectos ambientales de esta industria, ya que los aparatos electrónicos
más pequeños parecen ser cada vez más imprescindibles.
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