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El macroimpacto de los microchips

3/04/03

Ecotropía (Barcelona). Los microprocesadores o microchips están asociados a la mayoría de artefactos electrónicos que ocupan la sociedad moderna (ordenadores personales, móviles, agendas electrónicas, coches, etcétera). Deslumbrados por su amplia aplicación y su reducido tamaño, se tiende a pensar que el impacto ambiental de la industria de los semiconductores es despreciable. Sin embargo, esta suposición no puede estar más lejos de la realidad, tal y como pone de manifiesto un reciente estudio encabezado por Eric D. Williams de la Universidad de las Naciones Unidas en Japón [Environmental Science & Technology 2002; 36 (24)].

En efecto, la fabricación de diminutos chips de silicio requiere miles de productos químicos, algunos en grandes cantidades o tóxicos, con las consecuentes emisiones que pueden afectar al suelo, la atmósfera y el agua, así como a la salud de los trabajadores. Williams y sus colegas realizan un análisis de flujo de materiales (procesos de entrada y salida de materiales) de la cadena de producción de la industria de semiconductores y un análisis del ciclo de vida (ACV) de los microprocesores con la idea de estimar el uso total de energía, de combustibles fósiles y de productos químicos e identificar la escala de impactos ambientales de esta industria. Para elaborarlo, los autores utilizan los datos recopilados por el Programa Ambiental de la ONU, por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos y por algunas empresas electrónicas de Estados Unidos.

Tras estudiar los datos, los resultados muestran que la fabricación de un microchip de 2 gramos (del rango de la minúscula lámina utilizada para la memoria de los ordenadores personales) requiere 1,6 kilogramos de combustibles fósiles, 72 gramos de productos químicos y 32 litros de agua. Además, la masa de materiales secundarios usados para elaborar un chip de 32 megabites es 630 veces mayor que la masa del producto final. Esta relación 630-1 destaca gravemente si se compara con otros bienes más tradicionales: en el caso del coche se estima una relación entre los combustibles y los productos químicos incorporados respecto al peso del producto final de alrededor de 2-1. Este uso tan elevado de materiales secundarios en los aparatos semiconductores tiene explicaciones termodinámicas, ya que los microchips y muchos otros aparatos tecnológicos son formas de materia altamente organizados (con baja entropía), por lo que se necesita una gran inversión de energía y material para la transformación de unas materias primas con una entropía relativamente alta.

Cabe decir que debido al proceso de purificación requerido en la fabricación de las pastillas de silicio, la cadena de procesos que las produce desde la materia prima utiliza grandes cantidades de energía, y sin embargo, estos costosos procesos de purificación son ignorados por muchos ACV.

En definitiva, los resultados tienen implicaciones cruciales para la discusión sobre la desmaterialización, es decir la concepción de que el progreso tecnológico debe conducir a reducciones radicales en la cantidad de materiales y de energía requeridos para producir mercancías. El microchip se ve a menudo como el ejemplo típico de desmaterialización debido a su alto valor y pequeño tamaño, pero los nuevos resultados sugieren que éste no es el caso. Los autores del informe subrayan la necesidad de que los ciudadanos conozcan los aspectos ambientales de esta industria, ya que los aparatos electrónicos más pequeños parecen ser cada vez más imprescindibles.


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