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La diversidad de los ecosistemas marinos

7/10/04

Ecotropía (Barcelona). Tradicionalmente, los estudios de la biodiversidad se han llevado a cabo en ecosistemas terrestres carismáticos que han mostrado que la máxima diversidad biológica se produce en los ecosistemas con niveles medios de productividad, entendiendo por productividad la razón entre la captura de energía y su transformación por los microorganismos en biomasa. Como en muchos otros aspectos de los océanos, poco se conoce de los patrones de diversidad y de productividad en dichas comunidades, en las que los organismos son mucho más pequeños y en las que algunos patrones ecológicos de organismos unicelulares pueden diferir ostensiblemente de otros organismos de mayores dimensiones y complejidad.

Durante el mes de junio de 2004 se han publicado dos trabajos referentes al conocimiento de los ecosistemas marinos. En uno de ellos, X. Irigoien y sus colegas (Nature 2004, 429: 863-867) explican cómo han compilado y analizado la base de datos de determinadas especies de algas y su biomasa (en más de 350 puntos de muestreo en los océanos del globo) y concluyen que existe un patrón unimodal para una gran variedad de organismos, y en circunstancias muy distintas. Aunque los autores también obtienen otros patrones de distribución, se puede deducir que la ecología muestra comportamientos genéricos aplicables a ecosistemas terrestres y a ecosistemas marinos, y que la diversidad del fitoplancton se da también en niveles intermedios de productividad. La competencia por los múltiples recursos, la diferenciación entre los diferentes entornos y la historia de las distintas comunidades puede justificar esta distribución. En cambio, los autores observan que para la predicción de la diversidad del zooplancton consumidor de algas, la diversidad de fitoplancton es de poca utilidad, lo que contrasta con las características de muchos sistemas terrestres en los que la mayor diversidad de consumidores está asociada con la mayor diversidad de productores primarios.

En una línea distinta, Brad de Young y sus colegas publican en la revista Science (Science 2004 304: 1463-1466) un interesante artículo en el que exponen los principales problemas y retos con los que se enfrentan los expertos al intentar desarrollar modelos de los ecosistemas en las cuencas oceánicas. La cada vez mayor presión sobre los ecosistemas marinos aconseja disponer de herramientas de modelización que permitan gestionarlos y, eventualmente, predecir su evolución. Aunque, cada vez más, existen modelos que reproducen el sistema físico, se necesita ampliarlos para que contemplen la población de peces y de zooplancton. La principal dificultad para el desarrollo de estos modelos estriba en que los organismos que se sitúan en los grados más altos de la cadena trófica tienen vidas largas y se desplazan grandes distancias, pero, además, comparados con los organismos microscópicos, poseen existencias complejas, acopladas a otros niveles tróficos y al sistema físico. En su trabajo, Young y sus colegas muestran una estrategia para solucionar el problema, para incluir toda su complejidad e, incluso, para tener en cuenta la incertidumbre de algunos parámetros.

Los dos trabajos muestran cómo, en general, el estudio de las características biológicas y ambientales de los océanos será durante los próximos años una necesidad y, por supuesto, una prioridad.


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