|
| | |
|
| | | |
|
La diversidad de los ecosistemas marinos
Ecotropía
(Barcelona).
Tradicionalmente, los estudios de
la biodiversidad se han llevado a cabo en ecosistemas terrestres carismáticos
que han mostrado que la máxima diversidad biológica se produce en los ecosistemas
con niveles medios de productividad, entendiendo por productividad la
razón entre la captura de energía y su transformación por los microorganismos
en biomasa. Como en muchos otros aspectos de los océanos, poco se conoce de los
patrones de diversidad y de productividad en dichas comunidades, en las que los
organismos son mucho más pequeños y en las que algunos patrones ecológicos de
organismos unicelulares pueden diferir ostensiblemente de otros organismos de
mayores dimensiones y complejidad.
Durante el mes de junio de 2004 se han
publicado dos trabajos referentes al conocimiento de los ecosistemas
marinos. En uno de ellos, X. Irigoien y
sus colegas (Nature 2004, 429: 863-867) explican cómo han
compilado y analizado la base de datos de determinadas especies de algas y su biomasa (en más de 350 puntos de
muestreo en los océanos del globo) y concluyen que existe un patrón unimodal
para una gran variedad de organismos, y en circunstancias muy distintas. Aunque
los autores también obtienen otros patrones de distribución, se puede deducir
que la ecología muestra comportamientos genéricos aplicables a ecosistemas
terrestres y a ecosistemas marinos, y que la diversidad del fitoplancton se da
también en niveles intermedios de productividad. La competencia por los
múltiples recursos, la diferenciación entre los diferentes entornos y la
historia de las distintas comunidades puede justificar esta distribución. En
cambio, los autores observan que para la predicción de la diversidad del
zooplancton consumidor de algas, la diversidad de fitoplancton es de poca
utilidad, lo que contrasta con las características de muchos sistemas
terrestres en los que la mayor diversidad de consumidores está asociada con la
mayor diversidad de productores primarios.
En una línea distinta, Brad de Young y sus colegas publican en la revista Science
(Science 2004 304: 1463-1466)
un interesante artículo en el que exponen los principales problemas y retos con
los que se enfrentan los expertos al intentar desarrollar modelos de los
ecosistemas en las cuencas oceánicas. La cada vez mayor presión sobre los
ecosistemas marinos aconseja disponer de herramientas de modelización que
permitan gestionarlos y, eventualmente, predecir su evolución. Aunque, cada vez
más, existen modelos que reproducen el sistema físico, se necesita ampliarlos
para que contemplen la población de peces y de zooplancton. La principal
dificultad para el desarrollo de estos modelos estriba en que los organismos
que se sitúan en los grados más altos de la cadena trófica tienen vidas largas
y se desplazan grandes distancias, pero, además, comparados con los organismos
microscópicos, poseen existencias complejas, acopladas a otros niveles tróficos
y al sistema físico. En su trabajo, Young y sus colegas muestran una estrategia
para solucionar el problema, para incluir toda su complejidad e, incluso, para tener en cuenta la
incertidumbre de algunos parámetros.
Los dos trabajos muestran cómo, en general, el estudio de las
características biológicas y ambientales de los océanos será durante los
próximos años una necesidad y, por supuesto, una prioridad.
|