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La protección del bosque de altura andino

12/11/04

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Temas: Conservación

Ecotropía (Barcelona). El queñua, científicamente denominado Polylepis, es el árbol de todo el globo que vive a más altura ya que se encuentra en las regiones montañosas de Ecuador, Bolivia, Perú y el norte de Argentina, en zonas de hasta 5000 m. En un artículo publicado en la revista American Scientist del mes de octubre de 2004, tres investigadores canadienses analizan el estado actual de los ecosistemas de altura en América del sur ( http://www.americanscientist.org/IssueTOC/issue/641). El queñua parece haberse adaptado a una gran variedad de condiciones ambientales extremas que abarcan desde las frías y húmedas vertientes orientales de la cordillera andina hasta las altas y áridas vertientes occidentales. Los árboles se caracterizan por su corteza roja y lustrosa que se desprende en capas muy finas que protegen el árbol del fuego y de las heladas más extremas pero también alojan musgo, epiphytes (plantas muy pequeñas que crecen en el tronco y las ramas de algunos árboles) y una gran variedad de insectos. Los insectos viven en las capas de corteza, protegidos de las bajas temperaturas y de la lluvia. El árbol también acoge numerosas especies de aves insectívoras y pequeños mamíferos. Algunos de estos animales son especialistas que se encuentran sólo en los bosques de Polylepis, por lo que las transformaciones que experimen­tan estos ecosistemas pueden afectar de forma importante este tipo de fauna. Una de las aves que se estudia con más profusión es Oreomanes fraseri, cuya dieta depende exclusivamente del queñua y de los insectos que se alojan en su corteza, por lo que su supervivencia parece depender de la disposición de grandes áreas de bosque de esta especie. Debido a ello, los científicos lo usan como indicador del grado de fragmentación del bosque.

Investigadores canadienses han estudiado una zona de los andes bolivianos de la que se tienen datos procedentes de estudio anterior, realizado hace unos veinte años. Constatan el alto grado de deforestación que confirma algunos datos anteriores que aseguraban que únicamente un 1% del bosque de queñua de los andes bolivianos permanece intacto (el 50% del cual corresponde a la parte más inhóspita y seca de la cordillera). ¿Cuáles son las causas que amenazan estos bosques? Los habitantes de la zona tradicionalmente han explotado los árboles de Polylepis como fuente de madera para construir habitáculos, herramientas y carbón. Fueron los incas los que prohibieron la explotación de este árbol a causa de su alto grado de explotación. Posteriormente, con la colonización española, se reanudó la explotación de este recurso hasta nuestros días. Las nuevas especies de animales de pastoreo, que sustituyen las tradicionales de la llama y la alpaca, provocan una nueva gestión de los prados y del suelo ya que, por un lado, las vacas y las ovejas tienen una pezuña dura que erosiona el frágil suelo mucho más que las blandas extremidades de las llamas y las alpacas y, por el otro, éstas últimas digieren de forma mucho más eficiente la escasa y seca hierba que crece en los prados andinos. Además, la cabaña tradicional necesita más forraje y más fresco, por lo que se estimula su crecimiento con quemas periódicas, con el consecuente efecto destructor del hábitat tradicional.

No está claro, para los autores del artículo, cuál es la estrategia que debe acometerse para proteger y conservar os bosques de Polylepis ya que restringir el acceso de unas cuantas áreas o crear parques naturales cuya conservación atraiga a turistas que, a su vez, supondría un nuevo recurso para el sostenimiento de las economías de los habitantes de la zona, no puede funcionar debido a la gran fragmentación de los bosques. El desarrollo de una estrategia de nuevas plantaciones y repoblación de bosques, y la educación de las comunidades locales en los valores naturales, y a la postre económicos, del ecosistema del queñua son dos de las opciones que los autores del artículo proponen; aunque ambas tienen el problema de que son acciones a largo plazo. De nuevo las escalas de tiempo, como en otros problemas ambientales, se convierten en la cuestión principal. ¿Llegaremos a tiempo?


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