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La protección del bosque
de altura andino
Ecotropía
(Barcelona).
El queñua, científicamente denominado
Polylepis, es el árbol de todo el globo que vive a más altura ya que se
encuentra en las regiones montañosas de Ecuador, Bolivia, Perú y el norte de
Argentina, en zonas de hasta 5000 m. En un artículo publicado en la revista
American Scientist del mes de octubre de
2004, tres investigadores canadienses analizan el estado actual de los
ecosistemas de altura en América del sur (
http://www.americanscientist.org/IssueTOC/issue/641).
El queñua parece haberse adaptado a una gran variedad de condiciones
ambientales extremas que abarcan desde las frías y húmedas vertientes
orientales de la cordillera andina hasta las altas y áridas vertientes
occidentales. Los árboles se caracterizan por su corteza roja y lustrosa que se
desprende en capas muy finas que protegen el árbol del fuego y de las heladas
más extremas pero también alojan musgo, epiphytes
(plantas muy pequeñas que crecen en el tronco y las ramas de algunos árboles) y
una gran variedad de insectos. Los insectos viven en las capas de corteza,
protegidos de las bajas temperaturas y de la lluvia. El árbol también acoge
numerosas especies de aves insectívoras y pequeños mamíferos. Algunos de estos
animales son especialistas que se encuentran sólo en los bosques de
Polylepis, por lo que las
transformaciones que experimentan estos ecosistemas pueden afectar de forma
importante este tipo de fauna. Una de las aves que se estudia con más profusión
es Oreomanes fraseri, cuya dieta depende exclusivamente
del queñua y de los insectos que se alojan en su corteza, por lo que su
supervivencia parece depender de la disposición de grandes áreas de bosque de
esta especie. Debido a ello, los científicos lo usan como indicador del grado
de fragmentación del bosque.
Investigadores canadienses han estudiado una zona de los
andes bolivianos de la que se tienen datos procedentes de estudio anterior,
realizado hace unos veinte años. Constatan el alto grado de deforestación que
confirma algunos datos anteriores que aseguraban que únicamente un 1% del
bosque de queñua de los andes bolivianos permanece intacto (el 50% del cual
corresponde a la parte más inhóspita y seca de la cordillera). ¿Cuáles son las
causas que amenazan estos bosques? Los habitantes de la zona tradicionalmente
han explotado los árboles de Polylepis
como fuente de madera para construir habitáculos, herramientas y carbón. Fueron
los incas los que prohibieron la explotación de este árbol a causa de su alto
grado de explotación. Posteriormente, con la colonización española, se reanudó
la explotación de este recurso hasta nuestros días. Las nuevas especies de
animales de pastoreo, que sustituyen las tradicionales de la llama y la alpaca,
provocan una nueva gestión de los prados y del suelo ya que, por un lado, las
vacas y las ovejas tienen una pezuña dura que erosiona el frágil suelo mucho
más que las blandas extremidades de las llamas y las alpacas y, por el otro,
éstas últimas digieren de forma mucho más eficiente la escasa y seca hierba que
crece en los prados andinos. Además, la cabaña tradicional necesita más forraje
y más fresco, por lo que se estimula su crecimiento con quemas periódicas, con
el consecuente efecto destructor del hábitat tradicional.
No está claro, para los autores del artículo, cuál es la
estrategia que debe acometerse para proteger y conservar os bosques de
Polylepis ya que restringir el acceso de
unas cuantas áreas o crear parques naturales cuya conservación atraiga a
turistas que, a su vez, supondría un nuevo recurso para el sostenimiento de las
economías de los habitantes de la zona, no puede funcionar debido a la gran
fragmentación de los bosques. El desarrollo de una estrategia de nuevas
plantaciones y repoblación de bosques, y la educación de las comunidades
locales en los valores naturales, y a la postre económicos, del ecosistema del
queñua son dos de las opciones que los autores del artículo proponen; aunque
ambas tienen el problema de que son acciones a largo plazo. De nuevo las
escalas de tiempo, como en otros problemas ambientales, se convierten en la
cuestión principal. ¿Llegaremos a tiempo?
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