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¿Cuánto CO2 cabe en el mar?

16/09/04

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Josep Enric Llebot, El cambio climático, Barcelona, Rubes Ed., 1998.

Ecotropía (Barcelona). Uno de los factores determinantes del cambio climático es poder determinar el balance de dióxido de carbono que hay en el planeta. Para ello, es preciso saber las emisiones naturales y antrópicas, así como los sumideros, el suelo, la biosfera y los océanos. Si las emisiones a la atmósfera superan en ritmo o en cantidad la capacidad de absorber dióxido de carbono de los otros sistemas, la concentración de éste en la atmósfera aumentará, aunque a largo plazo pueda estabilizarse o incluso disminuir. Si la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera crece, el calentamiento global de la misma conducirá a los bien conocidos impactos sobre el sistema físico: variación del régimen de precipita­ciones, cambios en la sucesión e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, aumento del nivel del mar, etc.

El inteso trabajo realizado por los investigadores consiste en hacer evaluaciones o cálculos del dióxido de carbono que puede estabilizarse en un determinado sumidero. Es, pues, conocido el importante papel de los bosques en la fijación del carbono atmosférico a través de la producción primaria, especialmente en la fase de crecimiento, por ello se intenta fomentar las políticas de regeneración de superficies forestales a través de tratados internacionales como el de Kioto. Los océanos, que cubren el 70% de la superficie terrestre son, sin duda, los responsables del mayor balance del carbono en la atmósfera, por contener la mayor proporción de carbono de todos los sistemas que integran el clima, pudiendo absorber todavía una gran cantidad del dióxido de carbono emitido a la atmósfera.

En un artículo publicado en la revista Science el 16 de julio de 2004, un grupo de científicos realiza el análisis de dos programas internacionales de investigación oceánica y de datos ya existentes a partir de los cuales evalúan la capacidad de los océanos de absorber CO2 y el contenido actual en los mismos (Science 2004; 305: 367-371). Como ya hemos mencionado, la humanidad ha emitido enormes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera, sobre todo, desde el desarrollo del período industrial, debido a la combustión de carbón, petróleo y gas natural, pero también debido a los procesos de transformación de la superficie terrestre, como los cambios en los usos del suelo y la deforestación. Las medidas y las reconstrucciones del contenido histórico de dióxido de carbono revelan que en la atmósfera queda menos de la mitad del emitido. No se conoce con exactitud dónde ha ido a parar este gas, aunque se sabe que buena parte está en el océano. Además, tampoco se reparte de forma uniforme en todos los océanos del planeta: la cuenca atlántica almacena el 23% de todo el dióxido de carbono antrópico, mientras que ésta representa sólo el 15% del área oceánica total. Precisamente, se trata de en las zonas del Atlántico norte donde la columna de agua almacena una mayor cantidad del gas. Se estima que el 90% de las emisiones antrópicas acabarán en el océano, aunque como consecuencia del lento proceso de absorción, actualmente sólo una tercera parte del dióxido de carbono emitido ha ido a parar a los mares. También se teme que las retroalimentaciones positivas del sistema climático puedan reducir este potencial de absorción.

En otro artículo publicado en Science (Science 2004; 305: 362-366) se discute cómo la absorción de dióxido de cabono produce una acidificación de los océanos, que conduce a cambios en el estado de saturación de éstos con respecto a las partículas de carbonato de calcio. Esto puede reducir la capacidad de los organismos marinos para fabricar las conchas y los esqueletos de carbonato de calcio; método de fijar carbono que funciona desde los albores de los tiempos. En resumen, los equilibrios que gobiernan el océano son muy delicados y sensibles a los cambios de las condiciones atmosféricas, por lo que se debe tratar con sumo cuidado y precaución.


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