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¿Cuánto CO2 cabe en el mar?
Ecotropía
(Barcelona).
Uno de los factores determinantes del cambio climático es poder determinar
el balance de dióxido de carbono que hay en el planeta. Para ello, es preciso
saber las emisiones
naturales y antrópicas, así como los sumideros,
el suelo, la biosfera y los océanos. Si las emisiones a la atmósfera superan en
ritmo o en cantidad la capacidad de absorber dióxido de carbono de los otros
sistemas, la concentración de éste en la atmósfera aumentará, aunque a largo
plazo pueda estabilizarse o incluso disminuir. Si la concentración de gases de
efecto invernadero en la atmósfera crece, el calentamiento global de la misma
conducirá a los bien conocidos impactos sobre el sistema
físico: variación del régimen de precipitaciones, cambios en la sucesión e
intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, aumento del nivel del mar,
etc.
El inteso trabajo realizado por los investigadores consiste en hacer evaluaciones o cálculos
del dióxido de carbono que puede estabilizarse en un determinado sumidero.
Es, pues, conocido el importante papel de los bosques en la fijación del carbono
atmosférico a través de la producción primaria, especialmente en la fase de
crecimiento, por ello se intenta fomentar las políticas de regeneración de
superficies forestales a través de tratados internacionales como el
de Kioto. Los océanos, que cubren el 70% de la superficie terrestre son, sin
duda, los responsables del mayor balance del carbono en la atmósfera,
por contener la mayor proporción de carbono de todos los sistemas que
integran el clima, pudiendo absorber todavía una gran cantidad del dióxido de carbono emitido a la
atmósfera.
En un artículo
publicado en la revista Science el 16
de julio de 2004, un grupo de científicos realiza el análisis de dos programas internacionales de investigación oceánica y de
datos ya existentes a partir de los cuales evalúan la capacidad de los océanos
de absorber CO2 y el contenido actual en los mismos
(Science 2004; 305: 367-371).
Como ya hemos mencionado, la humanidad ha emitido enormes cantidades de gases de
efecto invernadero a la atmósfera, sobre todo, desde el desarrollo del período
industrial, debido a la combustión de carbón, petróleo y gas natural,
pero también debido a los procesos de transformación de la superficie
terrestre, como los cambios en los usos del suelo y la deforestación. Las
medidas y las reconstrucciones del contenido histórico de dióxido de carbono
revelan que en la atmósfera queda menos de la mitad del emitido. No se conoce con exactitud dónde ha ido a parar este gas, aunque se
sabe que buena parte está en el océano. Además, tampoco se reparte de forma
uniforme en todos los océanos del planeta: la cuenca atlántica almacena el 23%
de todo el dióxido de carbono antrópico, mientras que ésta representa sólo el 15%
del área oceánica total. Precisamente, se trata de en las zonas del Atlántico
norte donde la columna de agua almacena una mayor cantidad del gas. Se estima
que el 90% de las emisiones antrópicas acabarán en el océano, aunque como
consecuencia del lento proceso de absorción, actualmente sólo una tercera parte
del dióxido de carbono emitido ha ido a parar a los mares. También se teme
que las
retroalimentaciones positivas del sistema climático puedan reducir este
potencial de absorción.
En otro artículo
publicado en Science (Science 2004; 305: 362-366) se
discute cómo la absorción de dióxido de cabono produce una acidificación de los
océanos, que conduce a cambios en el estado de saturación de éstos con respecto
a las partículas de carbonato de calcio. Esto puede reducir la capacidad de
los organismos marinos para fabricar las conchas y los esqueletos de carbonato
de calcio; método de fijar
carbono que funciona desde los albores de los tiempos. En resumen, los
equilibrios que gobiernan el océano son muy delicados y sensibles a los cambios
de las condiciones atmosféricas, por lo que se debe tratar
con sumo cuidado y precaución.
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