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El largo cambio climático

22/01/04

Ecotropía (Barcelona). Es un fenómeno ya constatado que el nivel de gases de efecto invernadero −especialmente el dióxido de carbono y el metano− está aumentando desde hace décadas de una forma alarmante. Tradicionalmente, se conoce con el nombre de «era antropogénica» al período que comprende los pasados 150 o 200 años, durante los cuales la revolución industrial propició que el hombre emitiera este tipo de gases a un ritmo suficientemente alto como para poder alterar la composición de la atmósfera y, por lo tanto, modificar el clima del planeta. Los investigadores Crutzen y Stoermer fijaron, hace cuatro años, el inicio de esta era en el año 1800, coincidiendo con el primer pequeño incremento en los niveles de dióxido de carbono. Pero existen indicios que apuntan que el inicio de la alteración en la composición atmosférica pudo ser anterior a la revolución industrial.

En el mes de diciembre del 2003, la revista Climatic Change publicó un artículo de William F. Ruddiman, del Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Virginia, con el título: «The anthropogenic greenhouse era began thousands of years ago» (vol. 61, 261-293). En él se plantea la hipótesis que las emisiones antropogénicas de los gases de efecto invernadero empezaron a alterar la composición de la atmósfera hace miles de años. Esta hipótesis se basa en tres argumentos. Primero, las variaciones cíclicas en el dióxido de carbono y en el metano provocadas por las alteraciones orbitales de la Tierra durante los últimos 350 000 años hacían prever una disminución de estos gases en el Holoceno, pero el dióxido de carbono empezó a experimentar un aumento anómalo hace 8000 años, y lo mismo pasó con el metano, hace 5000 años. Los estudios que reflejan las variaciones cíclicas en las concentraciones de estos gases se realizan a partir del análisis de segmentos verticales de hielo en Vostok (la Antártida). Esta tendencia es especialmente clara en el caso del metano, para el cual el ciclo orbital es de 23 000 años y es perfectamente observable. En el caso del dióxido de carbono es necesario comparar la tendencia en los últimos miles de años con otros períodos interglaciares para comprobar que también se produce una anomalía en la concentración de este gas desde hace milenios.

En segundo lugar, existen evidencias paleoclimáticas que permiten asegurar que esta tendencia crecientemente anómala no pudo ser provocada por un forzamiento natural. En el artículo, Ruddiman evalúa y descarta que esta tendencia hubiera podido ser causada por el decrecimiento natural de la biomasa terrestre o por el cambio en la química del carbono oceánico.

Finalmente, el autor afirma que existe un gran número de referencias históricas, arqueológicas o culturales que dan pie a que se pueda pensar que el nacimiento de la agricultura en Eurasia, incluyendo el cambio de usos del suelo de bosques a campos de cultivo hace 8000 años, pudo ser el factor causante del aumento anómalo de los gases de efecto invernadero en la antigüedad. Efectivamente, la alteración del paisaje de Eurasia empezó a producirse, a pequeña escala, durante de la Baja Edad de Piedra, hace entre 8000-6000 años, intensificándose fuertemente a lo largo de la Edad de Bronce y de Hierro y pudiendo ser la causa de la tendencia anómala observada.

Más información en la web
Paleoclimatología en la Antártida: http://www.agu.org/sci_soc/vostok.html
Cambio climático: http://www.epa.gov/globalwarming/publications/car/


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