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Catástrofes meteorológicas
Ecotropía
(Barcelona).
El pasado
mes de mayo se produjeron en Haití y República Dominicana fuertes y continuadas
lluvias. En un observatorio ubicado en la zona de Jimaní, en República
Dominicana, se registraron durante las 24 horas que siguieron al día 24 de mayo
de 2004 un total de 247 litros por metro cuadrado de lluvia. Estas intensas
precipitaciones han dejado un triste balance de centenares de muertos y miles
de heridos y damnificados, y se ha convertido en el suceso meteorológico más
terrible desde la tormenta tropical Gordon, de 1994, y en el peor de la década
para este país. Pero estas catástrofes se producen también en
muchos otros lugares del planeta, a veces, sin un aparente aviso previo.
Los sucesos meteorológicos
graves, tales como tormentas de gran intensidad, inundaciones o sequías se
conocen con el nombre de «sucesos extremos». Los impactos de estos
acontecimientos en la sociedad son muy importantes y pueden provocar grandes
pérdidas materiales y de vidas humanas. Por este motivo, muchos investigadores están
estudiando los mecanismos que los producen y los indicadores que pueden ayudar
a prevenirlos. En este contexto, se ha publicado un artículo en la revista Geophysical Research Letters
(Vol. 31), firmado por P. Yiou y M. Nogal, del Laboratorio de las Ciencias
Ambientales y del Clima, en el cual se intenta determinar la correlación entre
los sucesos meteorológicos extremos y los indicadores que podrían explicarlos.
El estudio se centra en la región
europea del Atlántico norte, lugar en el cual se manifiesta con más intensidad
la Oscilación del Atlántico Norte (NAO). El NAO es un fenómeno atmosférico y
oceánico cíclico que se manifiesta en esta región, con un comportamiento
similar a El Niño, aunque en el hemisferio opuesto. Esta oscilación viene
descrita por un índice que resulta de la combinación de determinadas variables
meteorológicas y que se ha bautizado con el mismo nombre: «el índice NAO». Así
pues, los investigadores han intentado relacionar el NAO con los sucesos
extremos. Para ello, han considerado como suceso extremo aquel que se aleja
mucho del valor medio, por ejemplo, aquel período en el que se registran más
precipitaciones que la desviación estándar de la muestra. También se han
considerado sucesos extremos, los que presentan una gran persistencia
temporal, como largos períodos de sequía. Elaboradas las definiciones, los
investigadores han realizado un trabajo estadístico con el objetivo de hallar
la relación entre el índice NAO y los sucesos extremos. Además, se han
intentado relacionar los datos meteorológicos superficiales extremos con los
patrones de comportamiento del tiempo mediante un procedimiento llamado REXA.
De este modo, los investigadores
han elaborado una metodología de análisis de datos meteorológicos que permite
determinar el impacto de la dinámica
habitual de la atmósfera en los sucesos extremos. Con ello han determinado que,
en determinados regímenes atmosféricos, el índice NAO no se halla correlacionado con este tipo de sucesos.
Aunque sí pueden asociarse determinadas variables con la probabilidad de que se
produzcan situaciones extremas.
El avance en este campo y la
precisión de las previsiones sería la meta más deseable para poder conseguir
que algún día este tipo de fenómenos no se produzcan de manera inesperada y se
consigan evitar pérdidas humanas.
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