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Catástrofes meteorológicas

22/07/04

Ecotropía (Barcelona). El pasado mes de mayo se produjeron en Haití y República Dominicana fuertes y continuadas lluvias. En un observatorio ubicado en la zona de Jimaní, en República Dominicana, se registraron durante las 24 horas que siguieron al día 24 de mayo de 2004 un total de 247 litros por metro cuadrado de lluvia. Estas intensas precipitaciones han dejado un triste balance de centenares de muertos y miles de heridos y damnificados, y se ha convertido en el suceso meteorológico más terrible desde la tormenta tropical Gordon, de 1994, y en el peor de la década para este país. Pero estas catástrofes se producen también en muchos otros lugares del planeta, a veces, sin un aparente aviso previo.

Los sucesos meteorológicos graves, tales como tormentas de gran intensidad, inundaciones o sequías se conocen con el nombre de «sucesos extremos». Los impactos de estos acontecimientos en la sociedad son muy importantes y pueden provocar grandes pérdidas materiales y de vidas humanas. Por este motivo, muchos investigadores están estudiando los mecanismos que los producen y los indicadores que pueden ayudar a prevenirlos. En este contexto, se ha publicado un artículo en la revista Geophysical Research Letters (Vol. 31), firmado por P. Yiou y M. Nogal, del Laboratorio de las Ciencias Ambientales y del Clima, en el cual se intenta determinar la correlación entre los sucesos meteorológicos extremos y los indicadores que podrían explicarlos.

El estudio se centra en la región europea del Atlántico norte, lugar en el cual se manifiesta con más intensidad la Oscilación del Atlántico Norte (NAO). El NAO es un fenómeno atmosférico y oceánico cíclico que se manifiesta en esta región, con un comportamiento similar a El Niño, aunque en el hemisferio opuesto. Esta oscilación viene descrita por un índice que resulta de la combinación de determinadas variables meteorológicas y que se ha bautizado con el mismo nombre: «el índice NAO». Así pues, los investigadores han intentado relacionar el NAO con los sucesos extremos. Para ello, han considerado como suceso extremo aquel que se aleja mucho del valor medio, por ejemplo, aquel período en el que se registran más precipitaciones que la desviación estándar de la muestra. También se han considerado sucesos extremos, los que presentan una gran persistencia temporal, como largos períodos de sequía. Elaboradas las definiciones, los investigadores han realizado un trabajo estadístico con el objetivo de hallar la relación entre el índice NAO y los sucesos extremos. Además, se han intentado relacionar los datos meteorológicos superficiales extremos con los patrones de comportamiento del tiempo mediante un procedimiento llamado REXA.

De este modo, los investigadores han elaborado una metodología de análisis de datos meteorológicos que permite determinar el impacto de la dinámica habitual de la atmósfera en los sucesos extremos. Con ello han determinado que, en determinados regímenes atmosféricos, el índice NAO no se halla correlacionado con este tipo de sucesos. Aunque sí pueden asociarse determinadas variables con la probabilidad de que se produzcan situaciones extremas.

El avance en este campo y la precisión de las previsiones sería la meta más deseable para poder conseguir que algún día este tipo de fenómenos no se produzcan de manera inesperada y se consigan evitar pérdidas humanas.


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