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El arsénico natural: un problema global
Ecotropía
(Barcelona).
El arsénico es un elemento natural ampliamente distribuido en la corteza
terrestre, representando el 1,8x10-4% en peso. En el medio ambiente,
el arsénico forma compuestos inorgánicos
al combinarse con oxígeno, cloro y azufre y puede encontrarse, o bien de
forma natural como mineral de mispiquel o arsenopirita, o bien como subproducto
de la industria (principalmente la metalúrgica y la del vidrio) y la
agricultura (como pesticida). Se cree que Alberto Magno obtuvo el elemento en
1250, aunque el famoso veneno que tiene un fuerte olor a ajo es en realidad
óxido de arsénico (III) y se conoce desde
la antigüedad.
Cuando el arsénico entra en el medio no puede ser
destruido, solamente puede cambiar de forma. De esta manera, el arsénico del
aire es removido por la lluvia o se deposita en el suelo. Muchos de los
compuestos de arsénico pueden disolverse en agua, por lo que la contaminación por arsénico (sea
natural o antropogénica) de los acuíferos y del aire provoca una creciente
preocupación, siendo el número uno de la lista de los contaminantes
prioritarios de la USEPA. En un artículo
reciente publicado en Chemosphere
(Jack C. Ng et al., 2003, 52: 1353-1359) se hace una
valoración global del problema del arsénico sobre el medio ambiente y sobre la
salud humana, así como de las estrategias que se deben llevar a cabo para
minimizar sus repercusiones sobre el medio y las personas.
El
arsénico es carcinogénico, clasificado como Grupo I por la IARC (1987), tanto para las personas como para
los animales. Se han realizado estudios epidemiológicos en ratones para
demostrar la carcinogenicidad en animales, apareciendo tumores para dosis
análogas a las dañinas para las personas. En humanos, la continua exposición al
arsénico inorgánico (a partir de los 5-15 años) provoca un envenenamiento
crónico por arsénico, también llamado arsenicosis. Éte se acumula en el
hígado, riñones, piel, pelo y uñas, eliminándose por la orina. La ingestión de
dosis crecientes habitúa el organismo al veneno y lo hace más resistente, pero
en trazas es un carcinógeno que se ha asociado con el cáncer de piel, de pulmón
y de vejiga, así como con otras enfermedades como la hiper y la hipo
pigmentación de la piel, queratosis, problemas vasculares y diabetes. Se ha
determinado que millones de personas en todo el mundo están expuestas a unos
niveles de arsénico, en el agua que consumen y en el aire que respiran,
superiores a los recomendados por la
OMS.
Para estas áreas endémicas (especialmente localizadas en los países del sudeste
de Asia), el camino más común es mediante la ingestión de agua subterránea
contaminada, no siendo muy importante la contribución debida al arsénico
presente en la comida. Los valores recomendados por la OMS para el agua potable
no deben ser superiores a los 10 µgL-1. Sin embargo, muchos países
mantienen el límite en 50 µgL-1, valor con el cual pueden
producirse tumoraciones u otras enfermedades, de manera que no resulta una medida
de protección para la salud pública. Por lo que concierne al arsénico en el aire,
la principal contribución se debe a la polución producida por las centrales
que queman carbón y a los otros usos energéticos que se puedan dar de éste.
Aunque normalmente el contenido en arsénico del carbón no supera los 5 mgkg-1,
en algunos casos puede superar los 35 000 mgkg-1, como el
usado en una planta de la provincia China de Guizhou, y que
provoca graves problemas de salud pública en la región.
Para
hacer frente a este problema medioambiental de escala global, el autor del
artículo propone diferentes estrategias. En las regiones con contaminación de
aguas subterráneas sería indispensable realizar una gestión del agua que
tuviese en cuenta la utilización de métodos de filtrado, tecnologías de
eliminación del arsénico, el uso del agua de lluvia o la perforación a más
profundidad para hallar acuíferos no contaminados. Para reducir la polución del
medio aéreo sería recomendable minimizar el uso de los carbones con alto
contenido en arsénico.
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