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El arsénico natural: un problema global

23/10/03

Ecotropía (Barcelona). El arsénico es un elemento natural ampliamente distribuido en la corteza terrestre, representando el 1,8x10-4% en peso. En el medio ambiente, el arsénico forma compuestos inorgánicos al combinarse con oxígeno, cloro y azufre y puede encontrarse, o bien de forma natural como mineral de mispiquel o arsenopirita, o bien como subproducto de la industria (principalmente la metalúrgica y la del vidrio) y la agricultura (como pesticida). Se cree que Alberto Magno obtuvo el elemento en 1250, aunque el famoso veneno que tiene un fuerte olor a ajo es en realidad óxido de arsénico (III) y se conoce desde la antigüedad.

Cuando el arsénico entra en el medio no puede ser destruido, solamente puede cambiar de forma. De esta manera, el arsénico del aire es removido por la lluvia o se deposita en el suelo. Muchos de los compuestos de arsénico pueden disolverse en agua, por lo que la contaminación por arsénico (sea natural o antropogénica) de los acuíferos y del aire provoca una creciente preocupación, siendo el número uno de la lista de los contaminantes prioritarios de la USEPA. En un artículo reciente publicado en Chemosphere (Jack C. Ng et al., 2003, 52: 1353-1359) se hace una valoración global del problema del arsénico sobre el medio ambiente y sobre la salud humana, así como de las estrategias que se deben llevar a cabo para minimizar sus repercusiones sobre el medio y las personas.

El arsénico es carcinogénico, clasificado como Grupo I por la IARC (1987), tanto para las personas como para los animales. Se han realizado estudios epidemiológicos en ratones para demostrar la carcinogenicidad en animales, apareciendo tumores para dosis análogas a las dañinas para las personas. En humanos, la continua exposición al arsénico inorgánico (a partir de los 5-15 años) provoca un envenenamiento crónico por arsénico, también llamado arsenicosis. Éte se acumula en el hígado, riñones, piel, pelo y uñas, eliminándose por la orina. La ingestión de dosis crecientes habitúa el organismo al veneno y lo hace más resistente, pero en trazas es un carcinógeno que se ha asociado con el cáncer de piel, de pulmón y de vejiga, así como con otras enfermedades como la hiper y la hipo pigmentación de la piel, queratosis, problemas vasculares y diabetes. Se ha determinado que millones de personas en todo el mundo están expuestas a unos niveles de arsénico, en el agua que consumen y en el aire que respiran, superiores a los recomendados por la OMS. Para estas áreas endémicas (especialmente localizadas en los países del sudeste de Asia), el camino más común es mediante la ingestión de agua subterránea contaminada, no siendo muy importante la contribución debida al arsénico presente en la comida. Los valores recomendados por la OMS para el agua potable no deben ser superiores a los 10 µgL-1. Sin embargo, muchos países mantienen el límite en 50 µgL-1, valor con el cual pueden producirse tumoraciones u otras enfermedades, de manera que no resulta una medida de protección para la salud pública. Por lo que concierne al arsénico en el aire, la principal contribución se debe a la polución producida por las centrales que queman carbón y a los otros usos energéticos que se puedan dar de éste. Aunque normalmente el contenido en arsénico del carbón no supera los 5 mgkg-1, en algunos casos puede superar los 35 000 mgkg-1, como el usado en una planta de la provincia China de Guizhou, y que provoca graves problemas de salud pública en la región.

Para hacer frente a este problema medioambiental de escala global, el autor del artículo propone diferentes estrategias. En las regiones con contaminación de aguas subterráneas sería indispensable realizar una gestión del agua que tuviese en cuenta la utilización de métodos de filtrado, tecnologías de eliminación del arsénico, el uso del agua de lluvia o la perforación a más profundidad para hallar acuíferos no contaminados. Para reducir la polución del medio aéreo sería recomendable minimizar el uso de los carbones con alto contenido en arsénico.


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