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La fauna abisal y
las fluctuaciones del clima
Ecotropía
(Barcelona).
El día de mañana ilustró, el pasado verano, la influencia del
océano sobre el cambio climático, como un elemento clave que determina si los
cambios del balance energético en la atmósfera producidos por las variaciones
de las concentraciones de los gases efecto invernadero pueden conllevar un
cambio relativamente rápido en la circulación oceánica, lo cual induciría, a su
vez, cambios en las condiciones climáticas más rápidos de lo que
tradicionalmente se había pensado.
Sin embargo, hay otro aspecto que ha sido poco estudiado
en relación con los océanos y es el que se refiere a la biodiversidad y a la
respuesta de los ecosistemas marinos a los eventuales cambios del clima. Hasta ahora
se ha estudiado poco la respuesta de la fauna abisal a las fluctuaciones
climáticas. Aparentemente, parecería lógico que dada la inercia térmica de los
océanos y las prácticamente inexistentes corrientes verticales de agua a nivel
global, los organismos del fondo marino no estuvieran sometidos a las
fluctuaciones climáticas que se dan en la superficie, o al menos, que las
perturbaciones quedaran muy amortiguadas. Sin embargo, en la revista Science del 24 de julio de este año se
publica un artículo en el que se informa del trabajo llevado a cabo por Henry
A. Ruhl y Kenneth L. Smith de la Institución Scripps de Oceanografía en
California (Science 305, 513-515, 2004) donde,
aparentemente, se muestra que las poblaciones de determinadas especies de
organismos que viven a unos 4000 metros de profundidad, en el Pacífico, sienten
las condiciones climáticas reinantes en su superficie.
Los investigadores han analizado los materiales
recuperados de trampas de sedimento y han fotografiado las especies marinas
presentes en la zona de estudio. Esencialmente, el trabajo muestra cómo los 4
km de agua no «protegen» a los organismos abisales de las fluctuaciones que se
dan en el clima de la superficie, que se manifiestan a través de la caída de
materia orgánica, como plancton muerto o muriéndose, y de excrementos. El
trabajo analiza el comportamiento de diversas especies de «pepino» marino. (En
las profundidades analizadas este organismo es el rey.) Su dieta, se basa,
precisamente, en la materia orgánica anteriormente mencionada, que cae de la
superficie. Lo que los investigadores americanos han descubierto es, pues, que
los cambios de las aportaciones de materia orgánica propiciadas por las
condiciones en la superficie influencian a las poblaciones de las distintas
comunidades de estos organismos.
En las medidas realizadas, los investigadores han visto
una marcada tendencia en la estructura de la comunidad de la megafauna
epibéntica dominante síncrona con la evolución de los episodios de El Niño/La
Niña, durante el período 1989-2002. Así, la especie Elpidia minutissima aumentó abundantemente durante el período
1989-1996, para decrecer marcadamente en el período 1999-2000 hasta,
prácticamente desaparecer, entre 2001 y 2002. Otra especie,
Peniagone vitrea, mostró un comportamiento
parecido. En contraste, otros organismos como Abyssocucumis abyssorum,
Scotoplanes globosa, Psychropotes longicauda, etc., durante la mayor parte
del período estudiado, aparecieron en concentraciones pequeñas mientras que su
población creció abundantemente durante el período 2001-2002.
Dicho estudio parece aportar una evidencia de cambios en
la fauna de las comunidades abisales que se correlaciona con las condiciones
climáticas asociadas a las variaciones climáticas dominantes en la superficie.
Como todas las medidas climáticas, disponer de series largas es un requisito
esencial y, por lo tanto, no puede afirmarse si puede establecerse una relación
con la evolución de las comunidades bentónicas y los cambios del clima de
origen antrópico.
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