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Kioto, ¿una solución para el clima del futuro?

21/11/02

Ecotropía (Barcelona). Las asignaciones internacionales y la aceptación de las responsabilidades sobre los límites en las emisiones de gases causantes del efecto invernadero presentan graves divergencias entre países a pesar del acuerdo firmado en Kioto en 1998. Según los investigadores americanos Mustafa H. Babiker y Richard S. Eckaus [Climatic change 2002, 54 (3): 399-414] las restricciones formuladas en el Protocolo de Kioto no responden a un objetivo internacional previamente acordado para el futuro clima mundial, sino que siguen un sistema totalmente arbitrario derivado de las presiones políticas del momento. El nivel de emisiones de 1990, por ejemplo, que sirve como base para el cálculo de las reducciones, no se fundamenta en ningún argumento lógico, ya que ni son niveles suficientes para frenar el crecimiento de la contaminación atmosférica, ni son aceptados para muchos como objetivos accesibles. Esta arbitrariedad conduce a asignaciones de restricciones de emisiones que imponen costes muy diferentes a países que no tienen un ingreso constante.

Existen muchas combinaciones posibles de limitaciones de emisiones entre países. Este artículo presenta los cálculos y el análisis de los costes de 4 opciones diferentes, cada una de las cuales, a pesar de sus imperfecciones, se sustenta en una firme base ética. Estas alternativas son: reducciones iguales por cápita, reducciones iguales para cada país, reducciones que igualen la consecuente disminución del bienestar, y finalmente, restricciones que emulen las asignaciones del presupuesto de las Naciones Unidas.

Cabe decir que las dos primeras opciones, al basarse en datos de la población actual, no consideran las responsabilidades históricas de los países, y además, no tienen en cuenta que aunque igualen las cantidades de emisión, los costes de reducción de cada país son muy diferentes. Las consecuencias de estas alternativas se han obtenido gracias a un modelo general sobre el equilibrio de la economía mundial conocido como MIT EPPA.

Los cálculos sobre las implicaciones de cada alternativa muestran que todas ellas alcanzarían el mismo nivel de reducciones que Kioto, pero con costes inferiores. Esta conclusión es otro ejemplo de que el coste total de reducción de las emisiones disminuiría con la participación de los países en vías de desarrollo. Además, el empleo de cualquiera de las alternativas analizadas eliminaría el trato preferencial dado a los países de la antigua Unión Soviética y de Europa Oriental, que se han visto favorecidos por el alto nivel de emisiones que tenían el año 1990 y por el posterior desmantelamiento industrial que han experimentado. En efecto, actualmente el nivel de emisiones de estos países está muy por debajo de lo previsto en el Protocolo de Kioto y confiaban en poder negociar esta diferencia con países con dificultades estructurales en su sistema productivo para alcanzar el nivel de emisiones acordado.

Probablemente, cada una de las alternativas contaría con opositores, sobretodo, teniendo en cuenta los derechos adquiridos por algunos países con las asignaciones del Protocolo de Kioto. Los países en desarrollo, por ejemplo, que quedan exentos de responsabilidades en el protocolo de Kioto (países no incluidos en el anexo B), con estas alternativas tendrían algunos costes adicionales. Sin embargo, estos costes serían tan bajos (excepto en el caso de igualar las emisiones por cápita), que podrían ser asumidos por los países industrializados y a la vez, realizar un traspaso de capital del primer al tercer mundo.


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