|
| | |
|
| | | |
|
Kioto, ¿una solución para el clima del futuro?
Ecotropía
(Barcelona).
Las asignaciones internacionales y la aceptación de
las responsabilidades sobre los límites en las emisiones de gases causantes del
efecto invernadero presentan graves divergencias entre países a pesar del
acuerdo firmado en Kioto en 1998. Según los investigadores americanos Mustafa
H. Babiker y Richard S. Eckaus [Climatic change 2002,
54 (3): 399-414] las
restricciones formuladas en el Protocolo
de Kioto no responden a un objetivo internacional previamente acordado para
el futuro clima mundial, sino que siguen un sistema totalmente arbitrario
derivado de las presiones políticas del momento. El nivel de emisiones de 1990,
por ejemplo, que sirve como base para el cálculo de las reducciones, no se
fundamenta en ningún argumento lógico, ya que ni son niveles suficientes para
frenar el crecimiento de la contaminación atmosférica, ni son aceptados para
muchos como objetivos accesibles. Esta arbitrariedad conduce a asignaciones de
restricciones de emisiones que imponen costes muy diferentes a países que no
tienen un ingreso constante.
Existen muchas combinaciones
posibles de limitaciones de emisiones entre países. Este artículo presenta los
cálculos y el análisis de los costes de 4 opciones diferentes, cada una de las
cuales, a pesar de sus imperfecciones, se sustenta en una firme base ética. Estas
alternativas son: reducciones iguales por cápita, reducciones iguales para cada
país, reducciones que igualen la consecuente disminución del bienestar, y
finalmente, restricciones que emulen las asignaciones del presupuesto de las Naciones
Unidas.
Cabe decir que las dos
primeras opciones, al basarse en datos de la población actual, no consideran
las responsabilidades históricas de los países, y además, no tienen en cuenta
que aunque igualen las cantidades de emisión, los costes de reducción de cada
país son muy diferentes. Las consecuencias de estas alternativas se han
obtenido gracias a un modelo general sobre el equilibrio de la economía mundial
conocido como MIT EPPA.
Los cálculos sobre las implicaciones de cada
alternativa muestran que todas ellas alcanzarían el mismo nivel de reducciones
que Kioto, pero con costes inferiores. Esta conclusión es otro ejemplo de que
el coste total de reducción de las emisiones disminuiría con la participación
de los países en vías de desarrollo. Además, el empleo de cualquiera de las
alternativas analizadas eliminaría el trato preferencial dado a los países de
la antigua Unión Soviética y de Europa Oriental, que se han visto favorecidos
por el alto nivel de emisiones que tenían el año 1990 y por el posterior
desmantelamiento industrial que han experimentado. En efecto, actualmente el
nivel de emisiones de estos países está muy por debajo de lo previsto en el
Protocolo de Kioto y confiaban en poder negociar esta diferencia con países con
dificultades estructurales en su sistema productivo para alcanzar el nivel de
emisiones acordado.
Probablemente, cada una de
las alternativas contaría con opositores, sobretodo, teniendo en cuenta los
derechos adquiridos por algunos países con las asignaciones del Protocolo de
Kioto. Los países en desarrollo, por ejemplo, que quedan exentos de
responsabilidades en el protocolo de Kioto (países no incluidos en el anexo B),
con estas alternativas tendrían algunos costes adicionales. Sin embargo, estos
costes serían tan bajos (excepto en el caso de igualar las emisiones por
cápita), que podrían ser asumidos por los países industrializados y a la vez,
realizar un traspaso de capital del primer al tercer mundo.
|