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El calentamiento de las tierras heladas

20/11/03

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Martí Boada y Martí Saurí, El cambio global, Barcelona, Rubes Ed., 2002.

Ecotropía (Barcelona). En la actualidad existen varias evidencias que indican la existencia de un calentamiento global. Éste se manifiesta en diferentes formas y a diferentes escalas. En prospecciones realizadas en Alaska se observa cómo la temperatura del suelo en los primeros 50 a 100 metros presenta una marcada desviación hacia el calentamiento con respecto al gradiente más profundo, sugiriendo un calentamiento superficial a lo largo del siglo pasado de entre 2 y 4ºC.

Se conoce con el nombre de permafrost cualquier material de la roca o del suelo que se halle por debajo de 0°C de forma continua durante dos o más años. La estipulación mínima de dos años se debe a la necesidad de excluir de la definición la capa superficial de tierra sobrepuesta que se congela cada invierno y deshiela cada verano (llamada la «capa activa» o «helada estacional»). El permafrost es una condición termal del suelo y, por tanto, su formación, persistencia o desaparición vienen condicionadas, en gran medida, por el clima. Esta condición ha sido identificada por la Organización Meteorológica Mundial (WMO) como uno de los seis indicadores criosféricos del cambio global en el sistema global de observación climática (GCOS) ya que su distribución, temperatura y grueso responden a los cambios ambientales naturales (cambios en la temperatura del aire y/o precipitación) y a las alteraciones antropogénicas.

La interacción entre el clima sobre la tierra y el clima bajo ella es compleja y depende de varios factores, muchos de los cuales están afectados por el cambio climático. Hay, generalmente, un retraso entre los cambios de temperatura en la superficie terrestre y los cambios en el permafrost en profundidad. Para el permafrost grueso, este retraso puede ser del orden de centenares o millares de años, y para el permafrost fino, de años o décadas. Esta propiedad lo convierte en idóneo para detectar cambios en el clima actual.

En el artículo «Warming Permafrost in European Mountains» [Global and Planetary Change 2003; 39: 215–225], Charles Harris et al. presentan, por primera vez en Europa, un análisis sistemático de las temperaturas en el subsuelo de las montañas con permafrost. Las mediciones de temperatura se realizaron en perforaciones en la roca madre a una profundidad de hasta de 100 metros. Esta campaña se enmarca en el proyecto financiado por la UE sobre hielos perpetuos y clima en Europa (PACE) y consiste en la realización de ocho perforaciones desde los Alpes hasta el círculo polar ártico. Esto ha permitido la creación de una red europea para monitorizar la evolución de las nieves perpetuas a lo largo de Europa.

El conjunto de datos que aporta Harris muestra unos gradientes térmicos consistentes con el calentamiento superficial producido a lo largo del siglo XX. Los resultados también sugieren un mayor calentamiento de las zonas más septentrionales, tal como predicen los modelos climáticos a escala global. Las primeras aproximaciones de calentamiento superficial oscilan entre los 0,5ºC en Suiza y 1ºC en la isla noruega de Svalbard. La reacción del permafrost a los cambios que se producen en la atmósfera será apreciable, prediciéndose un progresivo deshielo en las zonas árticas y un mayor grado de inestabilidad en las zonas montañosas meridionales; todo ello generará graves implicaciones medioambientales. Un aumento de la temperatura superficial del suelo repercute en el permafrost de tres maneras: espesando y calentando la capa activa superficial en un período que varia de uno a varios años, cambiando el perfil de temperaturas vertical y disminuyendo la anchura del permafrost debido al derretimiento de la base en un período de décadas o siglos.

Los impactos del calentamiento y degradación del permafrost serán importantes en regiones donde éste es rico en hielo. El deshielo puede dar lugar a la pérdida de cohesión del suelo y producir una inestabilización de éste que tendría implicaciones importantes para muchos procesos naturales. Estos cambios, al igual que las alteraciones asociadas a la hidrología superficial, los regímenes del agua subterránea, y la vegetación superficial tienen impactos socioeconómicos relacionados con los ecosistemas, las infraestructuras y el desarrollo. Además, el aumento de las temperaturas en regiones de permafrost afectará el ciclo del carbón a través de cambios en las fuentes y sumideros del gas asociados al deshielo o a la quema de la turba del permafrost afectado.


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