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La difícil tarea de predecir qué clima
tendremos
Ecotropía
(Barcelona).
La segunda mitad del siglo XX se caracteriza por
el gran desarrollo y progreso de los modelos de predicción meteorológica. Las
primeras predicciones elaboradas por Jonh Louis von Neumann
con el primer ordenador digital se nos antojan hoy pasadas y testimoniales.
Desde entonces, ha habido numerosos avances gracias a la continua mejora de los
métodos de cálculo y al desarrollo de un extenso sistema de medida del estado
del tiempo. Los modelos meteorológicos elaboran sus predicciones numéricas y
cotejan continuamente los resultados con la realidad del estado de la
atmósfera. De este modo, reproducen de forma muy fidedigna la meteorología
diaria en todo el mundo.
Paralelamente a los
modelos meteorológicos, los grupos de investigadores desarrollaron modelos de
predicción climatológica. Así, sorprendentemente, los primeros modelos
prospectivos sobre el clima futuro son los denominados modelos de
circulación general* (conocidos con el
acrónimo inglés GCM). Estos modelos derivaron de los modelos meteorológicos, pero
tienen la dificultad de no poder rectificar periódicamente sus predicciones
numéricas con la realidad climatológica. Por lo tanto, para elaborar
predicciones sobre el clima que imperará, por ejemplo, dentro de cien años,
hacen falta otras aproximaciones.
De una de estas
aproximaciones trata el artículo escrito por el activo grupo de investigación
climática de la Universidad de Berna
y publicado en la revista Nature [Knutti,
Reto et al., 2002; 416 (6882): 719-723]. Los investigadores utilizan el
método de Monte Carlo para producir proyecciones climáticas probabilísticas,
usando un modelo climático acoplado atmósfera-océano de reducida complejidad, y
sus resultados han sorprendido a la comunidad científica por la diferencia que
presentan respecto a las predicciones publicadas en julio del 2001 en el informe del IPCC.
Los modelos climáticos de baja resolución o de baja dimensión
se desarrollaron con posterioridad a los modelos complejos de circulación
general. Propuestos al final de los años sesenta, han pasado por diversas
vicisitudes en la comunidad científica, pero ahora se hallan en pleno auge.
Precisamente, para predicciones climáticas a medio o largo plazo, los modelos
de baja dimensión son los que dan una mejor fiabilidad. Entre estos, durante
los últimos años se trabaja y se tiene mucha confianza en los resultados de
unos modelos que construyen una colectividad de posibles estados del clima a
partir del estado actual y de las incertidumbres sobre algunos parámetros del
modelo, en un período de tiempo determinado.
En su artículo, Reto
Knutti y sus colegas muestran la utilidad de la estrategia de utilizar modelos
de baja resolución para prever las incertidumbres y las proyecciones de, al
menos, las propiedades globales del clima. Los autores constatan que las
proyecciones obtenidas por el IPCC se elaboran usando distintos modelos pero
con una única evolución del forzamiento radiativo*
para un escenario determinado. Los científicos suizos, en cambio, consideran
las distintas incertidumbres sobre la sensibilidad climática*, sobre los procesos de mezcla en el océano, y sobre
el forzamiento radiativo. Los resultados de su trabajo concluyen que el
calentamiento del océano y de la temperatura superficial de la tierra evaluados
por el IPCC para las próximas décadas están dentro del intervalo del modelo pero
existe una probabilidad del 40% de subestimar el calentamiento de la atmósfera.
Mientras que el IPCC no incluye ninguna información estadística en sus
proyecciones, el método desarrollado en Berna sugiere que la distribución de la
probabilidad del aumento de la temperatura para un determinado escenario es
similar a una distribución gausiana y, al elaborar predicciones a medio plazo,
para finales de este siglo, se detecta que la incertidumbre en la proyección
para un escenario particular está cada vez más influenciada por la
incertidumbre en la sensibilidad climática.
En resumen, de nuevo se
pone de relieve que la sensibilidad climática a los cambios del contenido de
gases causantes del efecto invernadero en la atmósfera y el contenido de calor
que el océano puede absorber son dos factores poco cuantificados y a la vez muy
importantes para el conocimiento del clima del futuro. A todo ello hay que
añadir la mayor incertidumbre de cómo serán los escenarios de emisiones del
futuro, que aunque no afectan en la predicción de las variaciones de las
variables climáticas para dentro de dos o tres décadas –debido a la inercia del sistema climático– si son, en cambio, fuente de discrepancias entre
modelos para las predicciones a cien años vista. Esto nos hace pensar en la
ingente cantidad de trabajo necesaria todavía para poder conocer con precisión
cómo se comportará el clima en el futuro.
Más información en la
red
US Environmental Protection Agency. Cambio climático: http://www.epa.gov/globalwarming/
US Global
Change Research Information Office: http://www.gcrio.org/ipcc/qa/cover.html
World Meteorological
Organization: http://www.wmo.ch/indexflash.html
Campaña para el cambio
climático de la World Wide Fund Organization (WWF): http://www.panda.org/climate/
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