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¿El agua será cada vez más cara?

05/05/05

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Temas: Sociología ambiental

Ecotropía (Barcelona). Las políticas de precios del agua se presentan como una de las opciones para disminuir el consumo de agua en zonas donde hay un acceso óptimo, con disponibilidad de agua corriente continuada. El objetivo es que un aumento del precio del agua disminuya el consumo de ésta en su uso doméstico. Son muy numerosos los estudios que relacionan el precio del agua con el consumo y muestran una elasticidad que se sitúa entre –0,1 y –0,3. Es decir, aunque el aumento del precio provoca un descenso del agua consumida, este descenso es menor que el aumento del precio. En un articulo publicado en Applied Economics, (Roberto Martínez-Espiñeira y Celine Nauges «Is all domestic water consumption sensitive to price control»? Applied Economics, 2004; 36(9): 1697-1703) los autores abogan por un análisis de la elasticidad de los precios a diferentes niveles de consumo. Afirman que el agua para usos esenciales (necesidades de consumo e higiene) responde menos a precios de agua que a otros usos. Utilizan una ecuación de la demanda (derivada de la función de utilidad de Stone-Geary) para poder obtener estos dos componentes: una cantidad fija que no responde inmediatamente al precio y una residual que se adapta instantáneamente.

La Organización Mundial de la Salud presentó en 2003 un informe del que se derivaban unos valores mínimos aceptables para conseguir las necesidades de consumo (hidratación y preparación de alimentos) e higiene básica (Domestic Water Quantity, Service, Level and Health, Organización Mundial de la Salud 2003). Según ésta, un hogar con acceso óptimo, es decir, con disponibilidad de agua corriente sin interrupción, a través de numerosos grifos, necesaria para cubrir todas las necesidades de consumo e higiene y con un muy bajo grado de preocupación sobre la salud, necesitaría unos 100 litros por persona y día. Un valor de 50 litros por persona y día se establece como un consumo de acceso intermedio, donde todas la necesidades de consumo y higiene están cubiertas, pero con un nivel de seguridad de salud pública inferior que en el caso anterior.

Los valores obtenidos por Martínez-Espiñeira y Nauges para la ciudad de Sevilla establecen en 86 litros por persona y día el consumo mínimo, que correspondería al consumo de agua para las necesidades básicas de hidratación y preparación de alimentos y de higiene. A partir de este umbral, el aumento del precio del agua tiene una mayor influencia sobre el consumo de agua. Según los autores, las políticas de gestión de la demanda deben tener en cuenta este umbral.

En el artículo, los autores también derivan algunos resultados de la efectividad de otras medidas de conservación no relacionadas con la política de precios, como por ejemplo la restricción del servicio. Han estimado que una hora extra al día de restricción del servicio tendría el mismo efecto en el consumo que el incremento del precio del agua en un 9 %. En vista a todas estas razones vemos que en el futuro ¡no sólo tendremos que apretarnos el cinturón sino que también rascarnos el bolsillo!

Más información:
Roberto Martínez-Espiñeira y Celine Nauges. «Is all domestic water consumption sensitive to price control?», Applied Economics, 2004; 36(9): 1697-1703.


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