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¿Sabemos lo que pasó hace 2,7 millones de años?

07/07/05

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Temas: Paleoclima

Ecotropía (Barcelona). El cambio climático es un tema de indudable actualidad, tanto a nivel científico como social. La atención se centra mayoritariamente en el calentamiento global de origen antropogénico debido al aumento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera y los cambios en usos del suelo; en medidas para mitigar el cambio climático como la reducción de emisiones, el uso de tecnologías limpias, y la puesta en marcha del protocolo de Kyoto; y en medidas de adaptación a los efectos adversos del cambio climático. Pero la variabilidad climática depende también de otras variables y mecanismos, aparte de las concentraciones de gases de efecto invernadero, como por ejemplo, los procesos internos e interrelaciones de la atmósfera, hidrosfera, biosfera y criosfera, la variabilidad en la irradiación solar y la actividad volcánica. Entender estos mecanismos es imprescindible para poder modelizar el clima y los procesos actuales de cambio climático antropogénico.

El paleoclima, o estudio del clima en el pasado a partir de registros fósiles y geológicos, es una herramienta muy útil para aumentar el conocimiento científico sobre el funcionamiento del sistema climático. Una de las cuestiones que intrigaba a los investigadores era la glaciación del Ártico hace 2,7 millones de años. La explicación parece simple: un enfriamiento global del planeta causó más nieve. Sin embargo, un simple enfriamiento no basta para explicar la acumulación estable de hielo en el Ártico. En un artículo reciente publicado en Nature (Haug et al. «North Pacific seasonality and the glaciation of North America 2.7 million years ago» Nature, 2005; 433(2): 821 - 825) se explican los mecanismos que causaron la glaciación del Ártico hace 2,7 millones de años, descubiertos tras una laboriosa investigación combinando registros paleoclimáticos y modelos climáticos.

Para que un proceso de glaciación tenga lugar es necesario que la nieve acumulada durante el invierno perdure a las elevadas temperaturas estivales, permitiendo una acumulación neta de nieve-hielo de un año para otro. Esto necesita, por un lado, temperaturas lo suficientemente frías, y por otro, vapor de agua suficiente para que haya precipitaciones significativas de nieve. Mientras que el enfriamiento global era explicado, más o menos satisfactoriamente, por la teoría orbital de Milankovitch, quedaba por resolver el balance del vapor de agua. En su artículo, los investigadores determinan que el vapor de agua provenía de la región subártica del océano Pacífico. Hace unos 2,7 millones de años se produjo un incremento en la diferencia entre las temperaturas máximas (verano y otoño) y mínimas (invierno y primavera) del agua superficial en la región. Esto causó que en otoño, cuando el aire y la superficie continental ya se habían enfriado, la superficie del océano aún fuera cálida (debido a que el calor latente del agua es elevado y tarda más en enfriarse que la tierra), provocando evaporación y suministrando el vapor de agua necesario para grandes nevadas, como si se tratara del equivalente de un gigantesco cañón de nieve.

La siguiente cuestión es, ¿qué causó la mayor diferencia de temperaturas? La respuesta, según el artículo, es una estratificación estacional en el agua del océano, que impedía que el agua superficial se mezclara con el agua profunda, más fría en primavera y verano, propiciando su calentamiento. Esta estratificación se debería a un incremento en las aportaciones de agua dulce a la superficie del mar.

Poco a poco se van desvelando los entresijos de la historia climática del planeta, lo que contribuye al conocimiento de nuestro futuro.

Más información:
Nature: http://www.nature.com/nature/journal/v433/n7028/index.html


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