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La ecoeficiencia como instrumento de
gestión sostenible
Ecotropía
(Barcelona).
El concepto de desarrollo sostenible debe plantearse a partir
de tres aspectos fundamentales: ecológicos, sociales y económicos. Cada uno de
estos pilares deben ser tratados para alcanzar un verdadero desarrollo
sostenible. En este sentido, el estudio de los temas que deben conducir a un
mundo más sostenible pasa por el análisis de cada pilar en particular y de su
interrelación. En el ámbito ecológico, es crucial un análisis de riesgo e
impacto ambiental para determinar el resultado de las acciones emprendidas en
el medio natural, así como el avance en temas energéticos, de residuos o de
materiales. En el aspecto social, el desarrollo de políticas sostenibles
implica la producción normativa en materia ambiental, así como la divulgación y
sensibilización de los nuevos retos ambientales. De la misma forma, en el
aspecto económico, se hace necesaria una disciplina que analice las relaciones
que se establecen entre las necesidades económicas y las ambientales.
En el artículo «Eco-efficiency reporting exemplified by case
studies» (Clean Technologies and Environmental Policy 2003, Springer,
doi: 10.1007/s10098-003-205-z) se nos presenta el concepto de la ecoeficiencia
como un instrumento de conjugación de las necesidades ambientales y económicas.
La ecoeficiencia nace como consecuencia de esta necesidad, y se define (según
el Consejo Económico Mundial para el Desarrollo Sostenible) como un instrumento
que permita conjugar la mejor prestación de servicios a precios competitivos,
que satisfagan las necesidades humanas y den calidad de vida, con una
progresiva reducción de los impactos que alcancen, como mínimo, la capacidad de
carga estimada de la Tierra. En el presente artículo se analizan los diferentes
indicadores que miden de manera individual los diferentes aspectos que componen
la ecoeficiencia, así como la metodología que se debe seguir para determinar
los impactos económicos de una medida ambiental y viceversa. Así, el
rendimiento ambiental y económico que se obtiene se determina a partir de la
elaboración de indicadores basados en aspectos económicos y ambientales; un
ejemplo de este último caso serían los indicadores de rendimiento ambiental
(EPI).
Magerhorm, autor del artículo, analiza diferentes
indicadores y su aplicación en los procesos y los productos. Los EPI deben
incluir tanto los beneficios económicos resultantes de una actividad como la
cuantía de los daños ambientales que supone dicho proceso. De este modo, un
indicador que nos midiera la ecoeficiencia en la emisión de gases de efecto
invernadero podría ser el cociente entre los beneficios que supone una
actividad y sus emisiones de CO2. Un EPI análogo para el caso de los
residuos se podría construir como:
beneficio (económico) / residuos
La aplicación de la ecoeficiencia puede realizarse
directamente sobre el ciclo de los productos, considerándolo en su totalidad.
Así pues, para determinar la ecoeficiencia de un producto debe ser
considerado el ciclo de vida de éste en su conjunto. Aquí, la medida
del impacto ambiental puede realizarse de manera sencilla a través de un único
EPI o de forma más detallada agregando diferentes tipos de indicadores según
categorías de impacto debidamente calculadas. En el primer caso, sólo cabría
considerar un único aspecto ambiental, mientras que un estudio a fondo debería
incluir diferentes EPI que tuvieran en cuenta los diferentes problemas
ambientales que pueden suponer tanto la elaboración como el uso y el desecho del
producto.
De este modo, la ecoeficiencia se plantea de cara al futuro
como un eficaz instrumento de gestión hacia la sostenibilidad.
Más información en la red:
http://www.eco-efficiency.net/
http://www.eco-efficiency-conf.org/
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