|
| | |
|
| | | |
|
Una
corriente que alimenta al mar
Ecotropía
(Barcelona).
La biomasa de los organismos marinos contribuye aproximadamente
en un 50% al total de la productividad primaria en la Tierra. La mayor parte
de estos seres desempeñan sus funciones en las capas más superficiales de los
océanos, en la llamada zona fótica, dado que sólo en estos lugares es posible
realizar la fotosíntesis, que es la base de la red alimentaria de los
ecosistemas marinos. Al morir, estos organismos arrastran los nutrientes que
habían acumulado hacia las profundidades, produciéndose una gran pérdida de
nutrientes y de fertilidad en la superficie oceánica.
Tradicionalmente,
se creía que el retorno de los nutrientes a la superficie −algo que
permite su balance y la proliferación de la vida en esta zona−
se producía mediante la mezcla vertical en la propia termoclina, pero se
observó que este proceso era diez veces menos eficiente de lo que sería
necesario para igualar los flujos.
Un
equipo de la Universidad norteamericana de
Princeton, encabezado por el doctor Jorge Sarmiento, ha revelado,
analizando el ciclo de los nitratos y los silicatos, que el aporte de
nutrientes y, por tanto, la vida en el mar, dependen de un único patrón de
circulación oceánico en el hemisferio sur, el cual permite el afloramiento del
agua profunda y su posterior esparcimiento por todos los océanos. La
investigación, que ha sido publicada en enero (427: 56) por la revista
Nature,
revela que sin este mecanismo para elevar el agua de las profundidades, los
océanos perderían cada año una quinceava parte de los nutrientes de la
superficie debido a la precipitación. Después de que los oceanógrafos hayan
identificado muchos patrones oceánicos, este estudio ha mostrado que tres
cuartas partes del total de la actividad ecológica en el mar provienen
exclusivamente de esta corriente. Este patrón consiste en un enorme cinturón
convectivo que transporta las aguas profundas ricas en nutrientes hacia el sur,
provocando su afloramiento en el océano Antártico; una corriente que se conoce
como «modo subantártico» (MSA). El agua superficial, por otro lado, se hunde en
el Ártico, nutriendo la corriente.
Los
resultados del equipo de investigadores sugieren que la vida en los océanos
puede ser muy sensible a los cambios del clima dado que los
modelos climáticos predicen, en su mayoría, que en caso de producirse un
calentamiento global se alterarían también las grandes corrientes oceánicas.
Éste podría ser uno de los mayores efectos indirectos que a medio y largo plazo
tendría el cambio climático sobre los ecosistemas marinos.
Más
información en la red
http://earthobservatory.nasa.gov/
http://www.soest.hawaii.edu/oceanography/dluther/SAFDE/WOCE_SAFDE_poster.html
http://stommel.tamu.edu/~baum/ocean_models.html
|