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Una corriente que alimenta al mar

5/02/04

Ecotropía (Barcelona). La biomasa de los organismos marinos contribuye aproximadamente en un 50% al total de la productividad primaria en la Tierra. La mayor parte de estos seres desempeñan sus funciones en las capas más superficiales de los océanos, en la llamada zona fótica, dado que sólo en estos lugares es posible realizar la fotosíntesis, que es la base de la red alimentaria de los ecosistemas marinos. Al morir, estos organismos arrastran los nutrientes que habían acumulado hacia las profundidades, produciéndose una gran pérdida de nutrientes y de fertilidad en la superficie oceánica.

Tradicionalmente, se creía que el retorno de los nutrientes a la superficie −algo que permite su balance y la proliferación de la vida en esta zona− se producía mediante la mezcla vertical en la propia termoclina, pero se observó que este proceso era diez veces menos eficiente de lo que sería necesario para igualar los flujos.

Un equipo de la Universidad norteamericana de Princeton, encabezado por el doctor Jorge Sarmiento, ha revelado, analizando el ciclo de los nitratos y los silicatos, que el aporte de nutrientes y, por tanto, la vida en el mar, dependen de un único patrón de circulación oceánico en el hemisferio sur, el cual permite el afloramiento del agua profunda y su posterior esparcimiento por todos los océanos. La investigación, que ha sido publicada en enero (427: 56) por la revista Nature, revela que sin este mecanismo para elevar el agua de las profundidades, los océanos perderían cada año una quinceava parte de los nutrientes de la superficie debido a la precipitación. Después de que los oceanógrafos hayan identificado muchos patrones oceánicos, este estudio ha mostrado que tres cuartas partes del total de la actividad ecológica en el mar provienen exclusivamente de esta corriente. Este patrón consiste en un enorme cinturón convectivo que transporta las aguas profundas ricas en nutrientes hacia el sur, provocando su afloramiento en el océano Antártico; una corriente que se conoce como «modo subantártico» (MSA). El agua superficial, por otro lado, se hunde en el Ártico, nutriendo la corriente.

Los resultados del equipo de investigadores sugieren que la vida en los océanos puede ser muy sensible a los cambios del clima dado que los modelos climáticos predicen, en su mayoría, que en caso de producirse un calentamiento global se alterarían también las grandes corrientes oceánicas. Éste podría ser uno de los mayores efectos indirectos que a medio y largo plazo tendría el cambio climático sobre los ecosistemas marinos.

Más información en la red
http://earthobservatory.nasa.gov/
http://www.soest.hawaii.edu/oceanography/dluther/SAFDE/WOCE_SAFDE_poster.html
http://stommel.tamu.edu/~baum/ocean_models.html


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