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Los cauces de la
vida
Ecotropía
(Barcelona).
Los cambios introducidos por la intervención
del hombre en el ciclo natural del agua son enormes. Actualmente, el hombre se
ha apropiado, aproximadamente, de la mitad del agua dulce que fluye en el
planeta, y este porcentaje puede incrementarse hasta el 70% en los próximos 20
años. En Estados Unidos, por ejemplo, de los aproximadamente 5 millones de kilómetros
que alcanzan las redes fluviales del país, sólo un 2% fluye libremente, es
decir, sólo existen en el país 42 ríos de más de 190 kilómetros que no se
encuentran fragmentados por presas u otros proyectos.
La
conectividad hidrológica (CH) es un concepto ampliamente difundido, la
interpretación del cual depende del contexto en que se sitúe.
En el artículo «What is hydrologic connectivity and why is it ecologically important?»
(Hydrological Proceses 2003 17: 2685–2689), Catherine Pringle
hace hincapié en la importancia que esta propiedad tiene en los
ecosistemas. En el contexto de la ecología, se entiende por CH la transferencia
mediante el agua de materia, energía y/o organismos dentro o entre elementos
del ciclo hídrico. Además, dicha transferencia es el mecanismo básico de
interacción dentro y entre los ecosistemas, y por lo tanto es un factor
determinante en la distribución de las especies, ya que puede interpretarse
como un sistema de corredores ecológicos de unión entre distintos hábitats por
los cuales las diferentes especies se pueden desplazar y así interrelacionarse.
De este modo la CH se define como el nivel de dificultad o facilidad de
movimiento de los organismos entre los ecosistemas.
El
caso más evidente de conector hidrológico sería un río, pero cabe también tener
en cuenta las corrientes subterráneas, los glaciares, etc. Desde otro punto
de vista, también deben tenerse en cuenta las conexiones hidrológicas a escala
regional y global, como la circulación oceánica a gran escala o el complejo
ciclo del agua. Dada la importancia que tiene este ciclo en la dinámica de la
atmósfera se hace evidente que la alteración antropogénica de la CH puede
provocar una alteración en el clima. En este sentido se predicen cambios en la
distribución de las lluvias, en el nivel del mar o en la salinidad de éste.
Las
políticas relativas a las actividades del uso del suelo y el desarrollo de la
energía hidroeléctrica se están llevando a cabo, muchas veces, sin tener
suficientemente en cuenta la CH en el territorio. La CH de los ecosistemas está
siendo alterada a un ritmo sin precedentes, contribuyendo a pérdidas dramáticas
en la biodiversidad acuática global y su consiguiente estabilidad ecológica. La
tasa de extinción de las especies de agua dulce es, aproximadamente, 1000 veces
mayor a la de base, siendo muy superior a la de las especies terrestres. El
conocimiento acerca de cómo esta propiedad mantiene la integridad ecológica de
los ecosistemas naturales es deficiente debido a la inherente complejidad del ciclo
del agua, empezando por la dinámica atmosférica y la interacción
atmósfera-océano, hasta llegar a los sistemas superficiales y subterráneos.
También debe tenerse en cuenta que las modificaciones introducidas por el
hombre en la hidrología natural del ecosistema pueden modificar la CH hasta
alcanzar proporciones desconocidas.
El
impacto más evidente que produce el hombre en la CH de los ecosistemas es la
construcción de presas en los ríos o el trasvase de aguas entre diferentes
cuencas fluviales. Esto provoca efectos directos sobre las especies propias del
río y sobre la movilidad de éstas u otras especies migratorias. Esta alteración
se extiende fuera de los límites del río, ya que existe una gran interacción
entre especies fluviales y terrestres. Un claro ejemplo se encuentra en el
impedimento que suponen las presas en la migración del salmón y su consiguiente
efecto sobre la población de osos y águilas, de los cuales el salmón forma
parte fundamental de la dieta. Pero el impacto de las presas se manifiesta
también en una alteración del caudal del río y, por tanto, en el balance de
nutrientes y en la disminución de los materiales en suspensión que éste
transporta, afectando al curso bajo y a la riqueza de las aguas en su
desembocadura. Este proceso, a medio plazo, supone una degeneración de los
estuarios y de los ecosistemas litorales. Dada la importancia ecológica de la
CH sería necesario ahondar, en el futuro, en el estudio conjunto de hidrólogos
y ecólogos para entender cómo pueden repercutir las repetidas alteraciones
antropogénicas en la CH sobre los patrones ecológicos a escala regional y
global.
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