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Los cauces de la vida

6/11/03

Ecotropía (Barcelona). Los cambios introducidos por la intervención del hombre en el ciclo natural del agua son enormes. Actualmente, el hombre se ha apropiado, aproximadamente, de la mitad del agua dulce que fluye en el planeta, y este porcentaje puede incrementarse hasta el 70% en los próximos 20 años. En Estados Unidos, por ejemplo, de los aproximadamente 5 millones de kilómetros que alcanzan las redes fluviales del país, sólo un 2% fluye libremente, es decir, sólo existen en el país 42 ríos de más de 190 kilómetros que no se encuentran fragmentados por presas u otros proyectos.

La conectividad hidrológica (CH) es un concepto ampliamente difundido, la interpretación del cual depende del contexto en que se sitúe. En el artículo «What is hydrologic connectivity and why is it ecologically important?» (Hydrological Proceses 2003 17: 2685–2689), Catherine Pringle hace hincapié en la importancia que esta propiedad tiene en los ecosistemas. En el contexto de la ecología, se entiende por CH la transferencia mediante el agua de materia, energía y/o organismos dentro o entre elementos del ciclo hídrico. Además, dicha transferencia es el mecanismo básico de interacción dentro y entre los ecosistemas, y por lo tanto es un factor determinante en la distribución de las especies, ya que puede interpretarse como un sistema de corredores ecológicos de unión entre distintos hábitats por los cuales las diferentes especies se pueden desplazar y así interrelacionarse. De este modo la CH se define como el nivel de dificultad o facilidad de movimiento de los organismos entre los ecosistemas.

El caso más evidente de conector hidrológico sería un río, pero cabe también tener en cuenta las corrientes subterráneas, los glaciares, etc. Desde otro punto de vista, también deben tenerse en cuenta las conexiones hidrológicas a escala regional y global, como la circulación oceánica a gran escala o el complejo ciclo del agua. Dada la importancia que tiene este ciclo en la dinámica de la atmósfera se hace evidente que la alteración antropogénica de la CH puede provocar una alteración en el clima. En este sentido se predicen cambios en la distribución de las lluvias, en el nivel del mar o en la salinidad de éste.

Las políticas relativas a las actividades del uso del suelo y el desarrollo de la energía hidroeléctrica se están llevando a cabo, muchas veces, sin tener suficientemente en cuenta la CH en el territorio. La CH de los ecosistemas está siendo alterada a un ritmo sin precedentes, contribuyendo a pérdidas dramáticas en la biodiversidad acuática global y su consiguiente estabilidad ecológica. La tasa de extinción de las especies de agua dulce es, aproximadamente, 1000 veces mayor a la de base, siendo muy superior a la de las especies terrestres. El conocimiento acerca de cómo esta propiedad mantiene la integridad ecológica de los ecosistemas naturales es deficiente debido a la inherente complejidad del ciclo del agua, empezando por la dinámica atmosférica y la interacción atmósfera-océano, hasta llegar a los sistemas superficiales y subterráneos. También debe tenerse en cuenta que las modificaciones introducidas por el hombre en la hidrología natural del ecosistema pueden modificar la CH hasta alcanzar proporciones desconocidas.

El impacto más evidente que produce el hombre en la CH de los ecosistemas es la construcción de presas en los ríos o el trasvase de aguas entre diferentes cuencas fluviales. Esto provoca efectos directos sobre las especies propias del río y sobre la movilidad de éstas u otras especies migratorias. Esta alteración se extiende fuera de los límites del río, ya que existe una gran interacción entre especies fluviales y terrestres. Un claro ejemplo se encuentra en el impedimento que suponen las presas en la migración del salmón y su consiguiente efecto sobre la población de osos y águilas, de los cuales el salmón forma parte fundamental de la dieta. Pero el impacto de las presas se manifiesta también en una alteración del caudal del río y, por tanto, en el balance de nutrientes y en la disminución de los materiales en suspensión que éste transporta, afectando al curso bajo y a la riqueza de las aguas en su desembocadura. Este proceso, a medio plazo, supone una degeneración de los estuarios y de los ecosistemas litorales. Dada la importancia ecológica de la CH sería necesario ahondar, en el futuro, en el estudio conjunto de hidrólogos y ecólogos para entender cómo pueden repercutir las repetidas alteraciones antropogénicas en la CH sobre los patrones ecológicos a escala regional y global.


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