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El Sol cada vez calienta más

18/09/03

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Javier Martín Vide, El tiempo y el clima, Barcelona, Rubes Ed., 2002.

Ecotropía (Barcelona). La vida en la Tierra depende del Sol, y éste determina la vida en las diferentes zonas del planeta. El Sol, o mejor dicho la energía que nos llega de él, condiciona el clima terrestre. Los ciclos solares se conocen desde hace aproximadamente trescientos años. Lejana queda la intuición de un lord inglés que correlacionó el precio del trigo en el mercado de cereales de Londres con las manchas observadas en la superficie del Sol. Hoy se sabe que el Sol sigue un ciclo de unos 11 años, durante los cuales la estrella alcanza un máximo de actividad magnética y, por lo tanto, del número de manchas solares, al que le sigue un período más tranquilo denominado mínimo solar.

La influencia de la radiación solar sobre la vida terrestre y, por lo tanto, sobre el clima, ha propiciado el desarrollo de numerosos estudios acerca de la evolución de las cantidades de energía que recibimos. Los registros históricos de la actividad solar indican que durante el siglo XIX la cantidad de energía recibida ha aumentado muy lentamente. Lo que los expertos intentan dilucidar ahora es si durante el recién acabado siglo XX se ha dado el mismo fenómeno. Los últimos registros pueden ser especialmente interesantes, ya que ha sido en el último cuarto de siglo cuando se ha dispuesto de información abundante y detallada procedente de los instrumentos instalados a bordo de los satélites.

La irradiancia solar total es la energía solar radiante recibida por la Tierra en todas las longitudes de onda en el exterior de la atmósfera. En un artículo publicado en el número de marzo de la revista Geophysical Research Letters, Richard C. Willson, de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y Alexander V. Mordvinov de la Academia de Ciencias de Rusia [Geophys.Res.Lettl 2003; 30 (5), 1199, doi:10.1029/2002GL016038] informan de los primeros resultados de sus investigaciones sobre los datos de la radiación procedente del Sol, especialmente los referidos a los mínimos de emisión. Efectivamente, los instrumentos situados a bordo de satélites proporcionan una información continua y muy rica sobre la energía solar ya que no se hallan sometidos a la perturbación continua de la atmósfera que experimentan los instrumentos situados en la superficie terrestre. Tienen, en cambio, un importante inconveniente que consiste en su calibración mutua, es decir, en saber cómo comparar los valores absolutos de un instrumento con los de otro, e incluso en determinar en un mismo instrumento cómo las medidas registradas varían en el tiempo como consecuencia de variaciones en la actividad solar o debido al cambio de los propios dispositivos de registro del instrumento.

Estos problemas instrumentales son especialmente relevantes en el caso de la determinación de la radiación solar ya que la cantidad de energía que nos llega del Sol es muy grande y las variaciones que experimenta son muy pequeñas. A modo de ejemplo, las oscilaciones que se dan durante la semana que dura el viaje de las manchas solares por la superficie visible del Sol suponen una variación de la irradiancia total del 0,2%. Estos cambios son prácticamente insignificantes y son comparables a los cambios que puede haber experimentado la energía procedente del Sol a lo largo de todo el siglo XX pero, en cambio, equivalen, en números absolutos, a la energía utilizada por todo el mundo en un año!

En su trabajo, Willson y Mordvinov han utilizado el largo y extenso conjunto de medidas sobre la radiación solar procedentes de los satélites de distintos países para generar una base de datos. Con esta información, analizan el comportamiento de la radiación solar cuando la estrella está en su mínimo de emisión, durante los ciclos 21-23, que hacen referencia, aproximadamente, a los últimos treinta años. El estudio concluye que la energía recibida ha aumentado un 0,05% por década, resultado que apunta en la misma dirección que los obtenidos por otros estudios que afirman que, poco a poco, la constante solar va intensificándose.

La importancia de este resultado incide, sobre todo, en el trabajo de los climatólogos físicos. Efectivamente, si la radiación del Sol crece, el aumento de la temperatura de la atmósfera podría deberse, en parte, a este proceso y, en ese caso, la contribución de los vertidos de gases causantes del efecto invernadero tendría menor importancia. La difusión pública de estos argumentos ha propiciado la publicación del magnífico artículo de Willson y Mordvinov y también el interés de los opositores a la interpretación antrópica del aumento de la temperatura terrestre.

Debemos mantenernos expectantes acerca del progreso del trabajo de estos expertos. El aumento del 0,05% de la energía recibida por década se refiere únicamente a la variación del mínimo. ¿Acaso el aumento del máximo sea mayor? Tendremos que esperar hasta disponer de esta información para poder sacar conclusiones que ahora no dejan de ser especulaciones, frente a la realidad del constante aumento de la cantidad de gases de efecto invernadero que van a parar a la atmósfera.


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