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Cómo nos comemos la naturaleza
Ecotropía
(Barcelona).
La población humana
y su estructura afectan profundamente los ecosistemas terrestres ya que durante
toda la historia de la humanidad, ésta ha aprovechado la biosfera para
alimentarse y protegerse. Una medida convincente del impacto acumulativo del
ser humano sobre la biosfera consiste en determinar la fracción de la
producción primaria que nos apropiamos para nuestro uso.
La producción primaria
neta, o la cantidad total de energía del Sol que la fotosíntesis convierte en
materia orgánica en las plantas y medida en unidades de carbono, representa
la primera fuente energética de alimentos
de los ecosistemas del planeta. La apropiación humana de esta productividad
primaria altera la composición de la atmósfera, priva a otras especies de su
uso, incide sobre la biodiversidad y hace que la energía del Sol fluya en las
redes tróficas, entre otras cuestiones.
En un artículo reciente
publicado en la revista Nature (Marc L. Imhoff et al.: «Global
patterns in human comsumption of net primary production», Nature 2004;
429: 870-873),
investigadores de varios laboratorios
americanos, encabezados por Marc L. Imhoff, del NASA Goddard Space Flight
Center en Maryland, han elaborado un mapa global que muestra la producción
primaria neta que consumen los humanos y la compara con la cantidad total
generada en el paisaje, obteniendo un balance de disponibilidad y
de demanda de producción primaria. Los resultados del estudio muestran que en
algunos lugares, la apropiación de la productividad primaria es casi nula,
mientras que en otros, la demanda supera varias veces la producción primaria
neta local. Los cálculos que realizan los investigadores
determinan la desigual huella ecológica que imprime la humanidad sobre el
planeta y los impactos ambientales asociados a la misma e indican hasta qué
punto las poblaciones humanas dependen de las importaciones de producción
primaria neta e, implícitamente, sugieren opciones de política ambiental que
tiendan a reducir el ritmo de consumo de recursos.
Se había estimado con
anterioridad, que la apropiación global de la producción primaria neta por
parte de la población humana era del orden del 31%, cifra que no deja de
sorprender si se tiene en cuenta que nuestra especie representa tan sólo el
0,5% de la masa heterótrofa de la Tierra. Sin embargo, no se disponía de ningún
estudio que precisara con resolución espacial, es decir, que concretara, en el
territorio, los valores relativos de la apropiación de producción primaria neta.
Los autores utilizaron datos de la FAO de 230 países, dividiéndolos en siete
categorías: alimentos vegetales, carne, leche, huevos, madera, papel y fibra; y
les aplicaron elementos correctivos que incorporaran factores como las técnicas
de recogida de la cosecha, los procesos a que son sometidos los alimentos, la
eficiencia de los mismos, etc. Mediante estas técnicas, rebajan la estimación
previa de la apropiación global de la producción primaria a un 20,32%, aunque
los resultados dan también valores muy distintos según las regiones, e incluso
según los continentes. Los valores oscilan entre el 6,09% de apropiación en
América del Sur hasta el 80,30% en Asia central y del sur.
Los autores acaban su
artículo señalando las importantes consecuencias que para la salud humana y
para la biodiversidad global tienen estos índices. Un mayor crecimiento del
índice de apropiación en zonas donde ya es alto producirá un mayor
empobrecimiento de los ecosistemas locales y de sus sistemas vitales. En estas
zonas se requerirían importantes cambios en sus métodos de abastecimiento de
alimentos y energía incorporando, por ejemplo, nuevas
tecnologías o mejorando las existentes.
En definitiva,
disponiendo del mapa de la apropiación de la producción primaria neta y
entendiendo porqué es como es, podrán identificarse las áreas que causan
mayores impactos sobre sus ecosistemas y las implicaciones de las distintas
estrategias de consumo entre regiones y culturas, y se indicarán las direcciones
del flujo neto de energía debido al comercio global y regional.
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