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Cómo nos comemos la naturaleza

16/09/04

Ecotropía (Barcelona). La población humana y su estructura afectan profundamente los ecosistemas terrestres ya que durante toda la historia de la humanidad, ésta ha aprovechado la biosfera para alimentarse y protegerse. Una medida convincente del impacto acumulativo del ser humano sobre la biosfera consiste en determinar la fracción de la producción primaria que nos apropiamos para nuestro uso.

La producción primaria neta, o la cantidad total de energía del Sol que la fotosíntesis convierte en materia orgánica en las plantas y medida en unidades de carbono, representa la primera fuente energética de alimentos de los ecosistemas del planeta. La apropiación humana de esta productividad primaria altera la composición de la atmósfera, priva a otras especies de su uso, incide sobre la biodiversidad y hace que la energía del Sol fluya en las redes tróficas, entre otras cuestiones.

En un artículo reciente publicado en la revista Nature (Marc L. Imhoff et al.: «Global patterns in human comsumption of net primary production», Nature 2004; 429: 870-873), investigadores de varios laboratorios americanos, encabezados por Marc L. Imhoff, del NASA Goddard Space Flight Center en Maryland, han elaborado un mapa global que muestra la producción primaria neta que consumen los humanos y la compara con la cantidad total generada en el paisaje, obteniendo un balance de disponibilidad y de demanda de producción primaria. Los resultados del estudio muestran que en algunos lugares, la apropiación de la productividad primaria es casi nula, mientras que en otros, la demanda supera varias veces la producción primaria neta local. Los cálculos que realizan los investigadores determinan la desigual huella ecológica que imprime la humanidad sobre el planeta y los impactos ambientales asociados a la misma e indican hasta qué punto las poblaciones humanas dependen de las importaciones de producción primaria neta e, implícitamente, sugieren opciones de política ambiental que tiendan a reducir el ritmo de consumo de recursos.

Se había estimado con anterioridad, que la apropiación global de la producción primaria neta por parte de la población humana era del orden del 31%, cifra que no deja de sorprender si se tiene en cuenta que nuestra especie representa tan sólo el 0,5% de la masa heterótrofa de la Tierra. Sin embargo, no se disponía de ningún estudio que precisara con resolución espacial, es decir, que concretara, en el territorio, los valores relativos de la apropiación de producción primaria neta. Los autores utilizaron datos de la FAO de 230 países, dividiéndolos en siete categorías: alimentos vegetales, carne, leche, huevos, madera, papel y fibra; y les aplicaron elementos correctivos que incorporaran factores como las técnicas de recogida de la cosecha, los procesos a que son sometidos los alimentos, la eficiencia de los mismos, etc. Mediante estas técnicas, rebajan la estimación previa de la apropiación global de la producción primaria a un 20,32%, aunque los resultados dan también valores muy distintos según las regiones, e incluso según los continentes. Los valores oscilan entre el 6,09% de apropiación en América del Sur hasta el 80,30% en Asia central y del sur.

Los autores acaban su artículo señalando las importantes consecuencias que para la salud humana y para la biodiversidad global tienen estos índices. Un mayor crecimiento del índice de apropiación en zonas donde ya es alto producirá un mayor empobrecimiento de los ecosistemas locales y de sus sistemas vitales. En estas zonas se requerirían importantes cambios en sus métodos de abastecimiento de alimentos y energía incorporando, por ejemplo, nuevas tecnologías o mejorando las existentes.

En definitiva, disponiendo del mapa de la apropiación de la producción primaria neta y entendiendo porqué es como es, podrán identificarse las áreas que causan mayores impactos sobre sus ecosistemas y las implicaciones de las distintas estrategias de consumo entre regiones y culturas, y se indicarán las direcciones del flujo neto de energía debido al comercio global y regional.


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