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Soluciones naturales para la humanidad
Ecotropía
(Barcelona).
Desde la
revolución industrial, el planeta ha sufrido un incesante desarrollo productivo
y, por tanto, un creciente aumento de la contaminación del aire, el agua y el
suelo. En estas adversas condiciones, ha sido la propia naturaleza la que nos
ha brindado los mecanismos mediante los cuales podemos determinar el estado de
deterioro de los ecosistemas y, por otro lado, nos ha dado soluciones para
muchos de los problemas que provoca este crecimiento incontrolado. En el
artículo «Bio-diversity: an effective safety net against environmental
pollution» [
Environmental
Pollution 2003; 126: 287-291],
M.S. Swaminathan, de la
Fundación Swaminathan
de Investigación, realiza un análisis del uso que se puede hacer de los
recursos que proporciona el medio natural para intentar corregir o minimizar
los daños que el ser humano provoca sobre éste.
En primer lugar, para determinar el estado de degradación
del medio es necesario controlar el nivel de agresiones que recibe, así como
proceder a una recogida de datos referentes al tipo de contaminación que sufre
para su posterior estudio y análisis. Este proceso se conoce con el nombre de
monitorización.
Históricamente, los sistemas de monitorización de la
contaminación han sido físicos o químicos. Pero debido a su elevado coste y a
la dificultad de crear una red de estaciones de medida suficientemente amplia,
cada vez se emplean con mayor frecuencia los indicadores biológicos o
bioindicadores. Este término implica el uso de los propios organismos para
indicar el nivel de daños que sufre el ecosistema debido a un determinado tipo
de contaminación, y supone manejar un equipamiento mínimo. Existen en la
actualidad multitud de bioindicadores. Algunos, como los líquenes, son muy
sensibles a fenómenos ambientales como la lluvia ácida, la presencia de
hidrocarburos o de aceites, produciéndose una drástica disminución del número
de individuos en las regiones contaminadas; en algunas especies de pino es
posible detectar visualmente los daños producidos por el ozono troposférico
sobre las sículas; la contaminación atmosférica puede, también, dejar huella sobre
las poblaciones de determinados hongos.
En cada caso, pues, debe analizarse un tipo de
bioindicador determinado, atendiendo al tipo de problema ambiental que se
presenta, su extensión geográfica y temporal. Una buena planificación permitirá
hacer de la biomonitorización un efectivo instrumento de análisis del
ecosistema que motivará las estrategias de gestión y conservación a aplicar.
En la misma línea, pueden usarse los propios organismos
que forman un ecosistema (u otros organismos introducidos) para disminuir los
niveles de contaminación. El uso de organismos naturales para degradar o
eliminar los compuestos nocivos para la comunidad se conoce con el nombre de
biorremediación, y es una práctica bastante extendida de gran eficacia, debido a
que se consigue eliminar el agente contaminante sin comprometer la integridad
del ecosistema. En este sentido, existe gran diversidad de organismos capaces
de llevar a cavo el saneamiento de lugares contaminados. Se emplean, por
ejemplo, microorganismos para eliminar los restos de los vertidos de
hidrocarburos en los accidentes de buques petrolíferos o el alga
Anabaena torulosa para reducir los
daños que produce el exceso de salinidad en algunos cultivos.
De esta forma, Swaminathan plantea el uso de los propios
recursos naturales para determinar y hacer frente a la contaminación que azota
a los ecosistemas.
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