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Los bosques renacen de sus cenizas

22/01/04

Ecotropía (Barcelona). Existen multitud de factores que pueden alterar la productividad neta de los ecosistemas terrestres, tales como el clima, la orografía, la presencia de especies invasoras o la sucesión de eventos catastróficos. Entre estos últimos, unos de los sucesos de mayor relevancia, tanto por su magnitud como por su frecuencia, son los incendios forestales. Un cambio en el régimen de fuegos o en su distribución espacial, puede acarrear cambios permanentes en la composición y en el número de comunidades vegetales, pudiendo alterar el funcionamiento de todo el ecosistema. De hecho, para determinar las consecuencias del fuego sobre el ecosistema debe analizarse la evolución de la vegetación después de éste y conocer cómo puede influir en la probabilidad de que se produzcan nuevos incendios, ya que de ello depende la recuperación de biomasa y el balance de nutrientes en el suelo.

En la segunda mitad del siglo XX se ha producido un alarmante incremento de los incendios forestales como resultado, en gran medida, del abandono de las tierras en las zonas rurales; ello ha propiciado el aumento de la carga de material combustible en los bosques y, en consecuencia, su quema. Los pasados incendios en Australia, California, Portugal, así como los de la vertiente europea del Mediterráneo, indican que los incendios forestales son un fenómeno que va en aumento.

Un equipo de investigadores del laboratorio de Biología y Ecología de la Universidad de Córcega, encabezados por Florent Mouillot, han realizado un estudio a largo plazo sobre la evolución de los fuegos en una de estas zonas: la región mediterránea. En particular, el estudio recoge la distribución temporal y geográfica de los fuegos que se han sucedido en una región de 3760 ha en el Parque Natural Regional de Córcega, ubicado en el centro de la isla, durante un período que comprende los años 1957 y 1997. Se trata de una región con vegetación típica del clima mediterráneo, y sometida a un progresivo abandono de la tierra desde principios de siglo, haciéndolo equiparable a muchos de los ecosistemas que se pueden hallar en la zona del Mare Nostrum.

El estudio, que se publica en el número de diciembre de la revista Landscape Ecology (2003, 18: 665-674), ahonda en el conocimiento de la relación entre la variación de la composición de los bosques y la presencia de incendios. Los resultados obtenidos en el estudio, según indican los autores, pueden servir para obtener una previsión del régimen de fuegos y del equilibrio biológico en todas las zonas del Mediterráneo que han experimentado un progresivo abandono.

Florent Mouillot y sus colaboradores han determinado que en esta región se produce un patrón estable de pequeños incendios, con una gran frecuencia, y en el que las lluvias estivales son una de las variables determinantes. Durante los 40 años que duró el estudio se quemaron 3941 ha, más que el propio dominio de estudio (que era de 3760 ha), pero este resultado no significa que todos los lugares de la región se quemaran. De hecho, sólo un 53% del territorio sometido a estudio fue quemado como mínimo una vez, quedando el 47% restante intacto. Algo que respondió, principalmente, a motivos topográficos, no de distribución de la vegetación. Del 53% quemado, no obstante, algunas zonas fueron quemadas hasta siete veces durante este período. Estos resultados indican que las zonas que se han quemado alguna vez son más susceptibles a ser quemadas de nuevo.

Finalmente, los autores comprueban que las zonas propensas a ser quemadas presentan una rápida regeneración, con períodos de recuperación de entre seis y quince años, y realizan un análisis del tipo de especies oportunistas que colonizan el terreno después del incendio.


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