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Los bosques renacen de sus cenizas
Ecotropía
(Barcelona).
Existen multitud de factores que
pueden alterar la productividad neta de los ecosistemas terrestres, tales como
el clima, la orografía, la presencia de especies invasoras o la sucesión de
eventos catastróficos. Entre estos últimos, unos de los sucesos de mayor
relevancia, tanto por su magnitud como por su frecuencia, son los incendios
forestales. Un cambio en el régimen de fuegos o en su distribución espacial,
puede acarrear cambios permanentes en la composición y en el número de
comunidades vegetales, pudiendo alterar el funcionamiento de todo el
ecosistema. De hecho, para determinar las consecuencias del fuego sobre el
ecosistema debe analizarse la evolución de la vegetación después de éste y
conocer cómo puede influir en la probabilidad de que se produzcan nuevos
incendios, ya que de ello depende la recuperación de biomasa y el balance de
nutrientes en el suelo.
En la segunda mitad del siglo XX se ha producido un
alarmante incremento de los incendios forestales como resultado, en gran
medida, del abandono de las tierras en las zonas rurales; ello ha propiciado el
aumento de la carga de material combustible en los bosques y, en consecuencia,
su quema. Los pasados incendios en Australia, California, Portugal, así como
los de la vertiente europea del Mediterráneo, indican que los incendios
forestales son un fenómeno que va en aumento.
Un equipo de investigadores del laboratorio de Biología y
Ecología de la Universidad de Córcega, encabezados por Florent Mouillot, han
realizado un estudio a largo plazo sobre la evolución de los fuegos en una de
estas zonas: la región mediterránea. En particular, el estudio recoge la
distribución temporal y geográfica de los fuegos que se han sucedido en una
región de 3760 ha en el Parque Natural Regional de Córcega, ubicado en el
centro de la isla, durante un período que comprende los años 1957 y 1997. Se
trata de una región con vegetación típica del clima mediterráneo, y sometida a
un progresivo abandono de la tierra desde principios de siglo, haciéndolo
equiparable a muchos de los ecosistemas que se pueden hallar en la zona del
Mare Nostrum.
El estudio, que se publica en el número de diciembre de
la revista
Landscape
Ecology (2003, 18: 665-674), ahonda en el conocimiento de la relación
entre la variación de la composición de los bosques y la presencia de
incendios. Los resultados obtenidos en el estudio, según indican los autores, pueden
servir para obtener una previsión del régimen de fuegos y del equilibrio
biológico en todas las zonas del Mediterráneo que han experimentado un
progresivo abandono.
Florent Mouillot y sus colaboradores han determinado que
en esta región se produce un patrón estable de pequeños incendios, con una gran
frecuencia, y en el que las lluvias estivales son una de las
variables determinantes. Durante los 40 años que duró el estudio se quemaron
3941 ha, más que el propio dominio de estudio (que era de 3760 ha), pero este
resultado no significa que todos los lugares de la región se quemaran. De
hecho, sólo un 53% del territorio sometido a estudio fue quemado como mínimo
una vez, quedando el 47% restante intacto. Algo que respondió, principalmente, a
motivos topográficos, no de distribución de la vegetación. Del 53% quemado, no
obstante, algunas zonas fueron quemadas hasta siete veces durante este período.
Estos resultados indican que las zonas que se han quemado alguna vez son más
susceptibles a ser quemadas de nuevo.
Finalmente, los autores comprueban que las zonas
propensas a ser quemadas presentan una rápida regeneración, con períodos de
recuperación de entre seis y quince años, y realizan un análisis del tipo de
especies oportunistas que colonizan el terreno después del incendio.
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