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Incinerar o enterrar: el debate continúa

25/11/04

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Temas: Residuos

Ecotropía (Barcelona). El debate sobre cuál debe ser la gestión global de los residuos urbanos, sobre todo en los países desarrollados, sigue abierto. Especialmente, en los países europeos i en el Japón se sigue, con algún matiz diferencial, una estrategia de gestión de los residuos sólidos urbanos jerárquica: preferentemente se desarrollan primero políticas de reducción, reciclaje y reutilización y en segundo lugar se sigue la opción de la incineración con generación de energía o calor y, únicamente en el caso de que esto no funcionara, se vierten los residuos a un vertedero. La opción del vertedero se considera la peor de todas ellas, con el rechazo unánime de la población: los vertederos ocupan mucho espacio, producen filtraciones, lixiviados y emisiones a la atmósfera y no aprovechan el contenido energético de los residuos. Aunque las dos opciones son malas, en el debate incineradora-vertedero suele optarse por la incineración, pues produce menos externalidades, y no sólo reduce la cantidad final de material depositado en el vertedero sino que, además, produce electricidad y calor.

La incineración no está, sin embargo, exenta de problemas ya que contribuye a la emisión de gases a la atmósfera y sus residuos son de riesgo. Además se trata de instalaciones caras de construir y de gestionar al compararlas con los modernos vertederos. En un artículo reciente publicado en la revista Ecological Economics dos investigadores holandeses de la Universidad Erasmus en Rotterdam, E. Dijkgraaf y H.R.J. Vollebergh (Ecological Economics 2004: 50: 233-247) mantienen que la ventaja de la incineración frente al uso de los vertederos depende no sólo de las emisiones de la incineración sino también de las opciones tecnológicas de los vertederos con los que se compara ya que, por ejemplo, la principal fuente de emisiones de los vertederos, el metano, puede reducirse mediante técnicas de recuperación de energía.

Para los economistas holandeses la elección entre un método u otro requiere una comparación sistemática de todos los costes y beneficios involucrados, es decir, requiere del análisis coste/beneficio social. Sin embargo, la obtención de información sobre preferencias individuales respecto a estos dos tipos de instalaciones tiene muchas dificultades, especialmente si se introducen los costes sociales como un parámetro del estudio, ya que las preferencias individuales no están exentas del efecto NIMBY (Not in My Back Yard). Por lo tanto, los estudios más recientes se centran en investigaciones analíticas y empíricas que comparan los costes sociales.

Los resultados obtenidos por los expertos holandeses, y que explican en detalle en su artículo, les llevan a una base muy débil, desde el punto de vista de minimización del coste social, para la aproximación jerárquica, lo que sitúa el vertedero como la última opción para gestionar los residuos. La estimación de costes en Holanda señala un coste ambiental mayor para la incineración que para los vertederos modernamente equipados. Sólo la incineración es una opción preferente en un país cuyo sistema de producción de energía produce emisiones altas. Así, por ejemplo, en Países Bajos, Bélgica y Francia, cuyo sector energético produce relativamente pocas emisiones, las plantas incineradoras son muy costosas en cuanto a gastos asociados a las emisiones de gases causantes del efecto invernadero y sus costes asociados en el nuevo sistema de comercio de emisiones de la Unión Europea. En esos países, los vertederos con recuperación del gas metano para la producción de energía o electricidad resultan mucho más ventajosos.

Según los autores, su estudio vierte negros nubarrones de sospecha sobre la corrección de las políticas actuales de muchos países que prefieren la incineración frente a los vertederos argumentando que la incineración tiene un coste ambiental menor. Naturalmente, cuando se contemplan costes sociales o de bienes ambientales, la cuestión está en cómo se valoran. Los autores han elegido las valoraciones que usa el gobierno de los Países Bajos. Probablemente en todas las zonas del globo dichas valoraciones no se harán de la misma forma por lo que el estudio no está exento de críticas o incluso de obtener otras conclusiones si las condiciones de contorno, los precios, cambian.


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