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Incinerar o enterrar: el debate continúa
Ecotropía
(Barcelona).
El debate sobre cuál debe ser la gestión global de los residuos urbanos, sobre
todo en los países desarrollados, sigue abierto. Especialmente, en los países
europeos i en el Japón se sigue, con algún matiz diferencial, una estrategia de
gestión de los residuos sólidos urbanos jerárquica: preferentemente se
desarrollan primero políticas de reducción, reciclaje y reutilización y en
segundo lugar se sigue la opción de la incineración con generación de energía o
calor y, únicamente en el caso de que esto no funcionara, se vierten los
residuos a un vertedero. La opción del vertedero se considera la peor de todas
ellas, con el rechazo unánime de la población: los vertederos ocupan mucho
espacio, producen filtraciones, lixiviados y emisiones a la atmósfera y no
aprovechan el contenido energético de los residuos. Aunque las dos opciones son
malas, en el debate incineradora-vertedero suele optarse por la incineración,
pues produce menos externalidades, y no sólo reduce la cantidad final de
material depositado en el vertedero sino que, además, produce electricidad y
calor.
La
incineración no está, sin embargo, exenta de problemas ya que contribuye a la
emisión de gases a la atmósfera y sus residuos son de riesgo. Además se trata
de instalaciones caras de construir y de gestionar al compararlas con los
modernos vertederos. En un artículo reciente publicado en la revista
Ecological Economics dos investigadores
holandeses de la Universidad Erasmus en Rotterdam, E. Dijkgraaf y H.R.J.
Vollebergh (Ecological Economics
2004: 50: 233-247) mantienen que
la ventaja de la incineración frente al uso de los vertederos depende no sólo
de las emisiones de la incineración sino también de las opciones tecnológicas
de los vertederos con los que se compara ya que, por ejemplo, la principal
fuente de emisiones de los vertederos, el metano, puede reducirse mediante
técnicas de recuperación de energía.
Para
los economistas holandeses la elección entre un método u otro requiere una
comparación sistemática de todos los costes y beneficios involucrados, es
decir, requiere del análisis coste/beneficio social. Sin embargo, la obtención
de información sobre preferencias individuales respecto a estos dos tipos de
instalaciones tiene muchas dificultades, especialmente si se introducen los
costes sociales como un parámetro del estudio, ya que las preferencias
individuales no están exentas del efecto NIMBY (Not in My Back Yard). Por lo
tanto, los estudios más recientes se centran en investigaciones analíticas y
empíricas que comparan los costes sociales.
Los
resultados obtenidos por los expertos holandeses, y que explican en detalle en
su artículo, les llevan a una base muy débil, desde el punto de vista de
minimización del coste social, para la aproximación jerárquica, lo que sitúa el
vertedero como la última opción para gestionar los residuos. La estimación de
costes en Holanda señala un coste ambiental mayor para la incineración que para
los vertederos modernamente equipados. Sólo la incineración es una opción
preferente en un país cuyo sistema de
producción de energía produce emisiones altas. Así, por ejemplo, en
Países Bajos, Bélgica y Francia, cuyo sector energético produce relativamente
pocas emisiones, las plantas incineradoras son muy costosas en cuanto a gastos
asociados a las emisiones de gases causantes del efecto invernadero y sus
costes asociados en el nuevo sistema de comercio de emisiones de la Unión
Europea. En esos países, los vertederos con recuperación del gas metano para la
producción de energía o electricidad resultan mucho más ventajosos.
Según
los autores, su estudio vierte negros nubarrones de sospecha sobre la
corrección de las políticas actuales de muchos países que prefieren la
incineración frente a los vertederos argumentando que la incineración tiene un
coste ambiental menor. Naturalmente, cuando se contemplan costes sociales o de
bienes ambientales, la cuestión está en cómo se valoran. Los autores han
elegido las valoraciones que usa el gobierno de los Países Bajos. Probablemente
en todas las zonas del globo dichas valoraciones no se harán de la misma forma
por lo que el estudio no está exento de críticas o incluso de obtener otras
conclusiones si las condiciones de contorno, los precios, cambian.
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