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Las plantas llevan reloj
Ecotropía
(Barcelona).
Durante los próximos meses el
paisaje experimentará los cambios propios de la primavera: la floración de
multitud de especies vegetales y el enverdecimiento de los campos dan a esta estación
un especial colorido y belleza que nos indica que el invierno nos abandona.
Pero, ¿cuáles son los mecanismos que permiten a las plantas conocer el momento
exacto en el que deben abandonar su letargo invernal y renacer? Hace unos 80
años, se observó que las plantas de tabaco eran capaces de distinguir entre el verano
y el invierno atendiendo a la duración del día y de la noche. Es lo que se
conoce como fotoperíodo.
Pero esta característica no es exclusiva del tabaco ni de
las plantas en general. Muchos animales también emplean este mecanismo
biológico para distinguir las diferentes estaciones del año. Esta controvertida
hipótesis fue introducida por el investigador Erwin Bünning, que planteó que el
fotoperíodo es reconocido por las plantas mediante un reloj interno que tarda
24 horas en completar un ciclo. Un ritmo dependiente de la insolación generado
por este reloj controla la floración, de manera que ésta sólo tiene lugar cuando
los días son suficientemente largos, momento en que se activa el ritmo sensible
a la luz.
En un artículo publicado en febrero en la revista Science,
se expone el mecanismo por el cual las plantas son capaces de «medir» la duración
de las horas de luz y, por tanto, determinar el momento en el que deben
proceder a la floración. El estudio, que fue realizado por un equipo de
investigadores del instituto Max Planck, consistía en describir cómo un
circuito molecular en torno a una proteína llamada constrans era capaz
de inducir la floración. El estudio se realizó sobre la especie
Arabidopsis thaliana, que posee 25 000
genes, uno de los cuales es el responsable de sintetizar la proteína.
El mecanismo por el cual la luz modifica constrans
empieza en el proceso de reconocimiento de la luz: la duración de los días está
asociado con los tipos de radiación que llegan a la superficie de la Tierra.
Los fotorreceptores criptocromo y fotocromo A son unos pigmentos fotosintéticos
capaces de absorber energía del espectro azul y rojo lejano, y se han
manifestado imprescindibles para activar constrans. Cuando estos fotorrecetores
son expuestos a este tipo de luz, que se da al final de los días largos,
estabilizan constrans en el núcleo, posibilitando, de este modo, la activación
de otros genes que provocan la floración. En ausencia de luz, en cambio,
constrans se asocia con una proteína llamada ubiquitina que se encarga
de proceder a su degradación. Estos resultados respaldan la teoría de Bünning,
pues la activación del gen de constrans es sensible a la luz.
Los resultados de este estudio pueden ser de gran ayuda
en el campo de la agricultura, ya que el conocimiento del mecanismo de
floración permite controlar el ciclo vital de las plantas que se cultivan.
Más información en la red
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