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¿Está cambiando el papel de los estados en el transporte?
Ecotropía (Barcelona).
Son bien conocidas las cifras que muestran las tasas de crecimiento del transporte en todo el mundo y los problemas que este proceso provoca, afectando, entre otros, el medio ambiente. Los últimos 25 años del siglo XX se han caracterizado por el progreso, en los países desarrollados, del movimiento neoliberal, y el sector del transporte no ha sido ajeno a esta tendencia. Así, el papel de los estados en la prestación de servicios de transporte se ha reducido en favor del mercado, con lo cual ha habido una tendencia generalizada a aumentar la competencia y a pasar al sector privado responsabilidades en la financiación de las infraestructuras y en la prestación de los servicios de transporte. Así, durante la década 1980-1990, los procesos de desregulación y de privatización han sido los dominantes.
Estas políticas, si bien han reducido el gasto público no han sido todo lo eficientes que se esperaba y, en consecuencia, en muchos países se observa un cierto retroceso o, como mínimo, una redefinición de los postulados neoliberales en las políticas del transporte. Así en el mundo anglosajón, donde la imposición de los postulados neoliberales ha sido más intensa, los gobiernos prestan atención a la evolución del sector en otros países en los que las reformas se acometieron más lentamente y donde el modelo por obtener la eficiencia económica a ultranza no obtuvo el resultado que ha tenido en los Estados Unidos, el Reino Unido o Nueva Zelanda.
En un artículo en la revista Journal of Transport Geography (Iain Docherty, Jon Shaw i Matthias Gather, «State intervention in contemporary transport», Journal of Transport Geography, 2004; 12: 257-264) se enuncian las tensiones y los procesos conceptuales con los que se enfrentan los estados con respecto a la gestión y la promoción del transporte. En el mismo volumen, otros expertos analizan sectorialmente distintos aspectos del futuro del transporte. Los autores sitúan el problema desde el punto de vista funcional y desde el punto de vista espacial. Funcionalmente, durante los últimos años ha habido un aumento considerable de los criterios de mercado en la gestión del transporte lo cual, en términos generales, ha llevado a una restricción de los servicios públicos aportados por lo estados. Desde el punto de vista espacial, han emergido organizaciones supranacionales, como la Unión Europea, que han jugado un papel fuerte en la regulación. Por otra parte, hay una cierta tendencia a la regionalización de la gestión, lo cual comporta una mayor proximidad con el usuario en la gestión de las políticas públicas del transporte.
Los fracasos en la gestión neoliberal del transporte son diversos, pero quizás el más espectacular es el colapso de la prestación de servicios de la industria ferroviaria británica, fruto del proceso de privatización desarrollado durante el Gobierno de Margaret Tacher. No es el Reino Unido el único país que ha vivido experiencias no deseables en la gestión del transporte ferroviario: los Países Bajos y Alemania también se han enfrentado con problemas importantes. Según los autores, la crisis del modelo pone en evidencia los síntomas de un hecho crucial: los estados y el sector privado están ahora más interrelacionados que hace unos años. En el artículo y en el volumen de la revista se analizan, por separado, los tres elementos que a juicio de los autores, son fundamentales para entender y gestionar la evolución del transporte durante los próximos años: la crisis de la movilidad que se manifiesta con el empeoramiento de las congestiones de tráfico, los objetivos cada vez más amplios de las políticas públicas (especialmente en las áreas ambientales y sociales) y la transición hacia un sistema de gobierno cada vez más complejo y con más actores.
El artículo mencionado supone un breve y conciso resumen de cómo analizar la problemática de este sector con tantas repercusiones ambientales.
Más información:
Iain Docherty, Jon Shaw i Matthias Gather, «State intervention in contemporary transport», Journal of Transport Geography, 2004; 12: 257-264
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