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Política y tecnología, posible solución a la contaminación causada por el tráfico rodado

3/07/03

Ecotropía (Barcelona). El tráfico rodado, presente de forma masiva en todas las sociedades desarrolladas, se caracteriza por su gran dependencia del petróleo y por los impactos derivados de este uso sobre la atmósfera. Japón es un ejemplo paradigmático de ello: el 23% de las emisiones de dióxido de carbono provienen del tráfico rodado y un 90% de esta cantidad es debida a los automóviles.

De seguir las directrices del protocolo de Kioto, Japón debería reducir sus emisiones de carbono en un 6% en base a los niveles de 1990, lo que corresponde a una reducción de entre el 22 y el 25% de las proyecciones para el 2010. Una posible alternativa para conseguir estos objetivos sería mejorar la eficiencia de los automóviles introduciendo en el mercado vehículos que utilizaran celdas de combustible. Este tipo de tecnología, aunque aún en proceso de desarrollo, permite producir automóviles, equipamientos eléctricos y aparatos portátiles ambientalmente más limpios, combinando el hidrógeno (que puede extraerse de diferentes orígenes: del metanol, del gas natural, del petróleo o de fuentes renovables) y el oxígeno para crear energía.

T. Nakata de la Universidad de Tohoku, Japón, ha evaluado el impacto de los vehículos limpios en el consumo energético de Japón y en las emisiones de dióxido de carbono del sector de transporte de pasajeros en el 2040, teniendo en cuenta el sistema energético actual, y las políticas que podrían potenciar nuevas configuraciones en el sistema. El estudio considera una reducción de un 20% de las emisiones para el año 2040, ya que la fecha del 2010 parece imposible en el caso de Japón [Journal of Cleaner Production 2003; 11 (4): 389-396].

El autor utiliza el programa de modelización económica METANet, desarrollado en el Laboratorio Nacional de Lawrance Livermore y evalúa dos escenarios distintos: el de referencia, con el que se estima el uso de recursos, de emisiones e inversiones en tecnologías energéticas en el caso de no haber ninguna acción política; y un segundo escenario, en el que se introduce una tasa para evaluar el efecto del aumento del coste del combustible. El autor calcula el nivel de tasa necesaria para alcanzar el nivel de carbono requerido para el año 2040, y asume una imposición en incrementos de ésta (desde 0 en el primer período, y aumentando después una cantidad concreta cada período, hasta alcanzar la cantidad total de la tasa).

Los resultados muestran que la tasación es realmente efectiva para acelerar los cambios en el mercado de los vehículos, llevando a una drástica reducción de las emisiones de dióxido de carbono, aunque esta reducción sería mucho mayor si la tecnología de celdas de combustible se ampliara para el transporte de mercancías.

En definitiva, el modelo muestra que los precios más elevados del combustible promueven un cambio en los consumidores de vehículos convencionales a vehículos limpios, lo que, según el autor, sugiere nuevas opciones de políticas de seguridad energética para alcanzar los compromisos de Kioto.


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