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Política y
tecnología, posible solución a la contaminación causada por el tráfico rodado
Ecotropía
(Barcelona).
El tráfico rodado, presente de forma masiva en
todas las sociedades desarrolladas, se caracteriza por su gran dependencia del
petróleo y por los impactos derivados de este uso sobre la atmósfera. Japón es
un ejemplo paradigmático de ello: el 23% de las emisiones de dióxido de carbono
provienen del tráfico rodado y un 90% de esta cantidad es debida a los
automóviles.
De seguir las directrices del protocolo de Kioto,
Japón
debería reducir sus emisiones de carbono en un 6% en base a los niveles de
1990, lo que corresponde a una reducción de entre el 22 y el 25% de las proyecciones para el 2010. Una posible
alternativa para conseguir estos objetivos sería mejorar la eficiencia de los
automóviles introduciendo en el mercado vehículos que utilizaran celdas de
combustible. Este tipo de tecnología, aunque aún en proceso de desarrollo,
permite producir automóviles, equipamientos eléctricos y aparatos portátiles
ambientalmente más limpios, combinando el hidrógeno (que puede extraerse de
diferentes orígenes: del metanol, del gas natural, del petróleo o de fuentes
renovables) y el oxígeno para crear energía.
T. Nakata de la Universidad de
Tohoku, Japón, ha evaluado el impacto de los vehículos limpios en el
consumo energético de Japón y en las emisiones de dióxido de carbono del sector de
transporte de pasajeros en el 2040, teniendo en cuenta el sistema energético
actual, y las políticas que podrían potenciar nuevas configuraciones en el
sistema. El estudio considera una reducción de un 20% de las emisiones para el
año 2040, ya que la fecha del 2010 parece imposible en el caso de Japón
[Journal of
Cleaner Production
2003; 11 (4): 389-396].
El autor utiliza el
programa de modelización económica METANet, desarrollado en el Laboratorio Nacional de Lawrance Livermore y
evalúa dos escenarios distintos: el de referencia, con el que se estima el uso
de recursos, de emisiones e inversiones en tecnologías energéticas en el caso
de no haber ninguna acción política; y un segundo escenario, en el que se introduce
una tasa para evaluar el efecto del aumento del coste del combustible. El autor
calcula el nivel de tasa necesaria para alcanzar el nivel de carbono requerido
para el año 2040, y asume una imposición en incrementos de ésta (desde 0 en el
primer período, y aumentando después una cantidad concreta cada período, hasta
alcanzar la cantidad total de la tasa).
Los resultados muestran que
la tasación es realmente efectiva para acelerar los cambios en el mercado de
los vehículos, llevando a una drástica reducción de las emisiones de dióxido de carbono,
aunque esta reducción sería mucho mayor si la tecnología de celdas de
combustible se ampliara para el transporte de mercancías.
En definitiva, el modelo
muestra que los precios más elevados del combustible promueven un cambio en los
consumidores de vehículos convencionales a vehículos limpios, lo que, según el
autor, sugiere nuevas opciones de políticas de seguridad energética para
alcanzar los compromisos de Kioto.
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