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Radiactividad
en el plancton del Mediterráneo
Ecotropía
(Barcelona).
La presencia de isótopos radiactivos de plutonio y
americio podría ser un fenómeno olvidado en la historia natural de nuestro
planeta. Sin embargo, estos isótopos, que por su vida media no deberían existir
de forma natural, se pueden volver a encontrar en la biosfera desde 1952,
cuando explotó por primera vez un artefacto termonuclear.
Desde hace años se ha identificado la presencia de
transuránicos en el medio marino, pero existe un vago conocimiento sobre su
transferencia a lo largo de las redes tróficas, especialmente en lo
concerniente al plancton. A pesar de este aspecto, la captura de transuránicos
por el plancton, eslabón esencial de la cadena agua-fitoplancton-zooplancton-peces,
es un dato imprescindible para conocer el riesgo al que se encuentra sometido
el hombre por el consumo de pescado.
En el artículo «Concentrations of plutonium and americium
in plankton from the western Mediterranean» que se ha publicado en la revista The
Science of the Total Environment (2003, 311: 233-245), investigadores del Instituto de
Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA), dirigidos por el Dr. Joan-Albert
Sánchez Cabeza, analizan la relación entre los radionúcleos de plutonio y
americio en el plancton del oeste del Mediterráneo.
La presencia de isótopos radiactivos en esta zona se
inicia la mañana del 16 de marzo de 1966, cuando un bombardero B-52
estadounidense que rodeaba los límites del telón de acero colisionó con su
avión nodriza al realizar las maniobras de abastecimiento. El avión nodriza
consiguió tomar tierra, pero el B-52 se despedazó en el aire y, finalmente,
cayó en la costa española, cerca del pequeño pueblo de Palomares. Entre los
escombros que llovieron sobre la costa española esa mañana había cuatro bombas
de hidrógeno de 7 metros de largo cada una. Dos de las bombas se fragmentaron
debido a la explosión del detonador, dispersando los isótopos radiactivos en
forma de aerosol por la región y por el mar, y entrando así en el ecosistema
marino. A parte de esta contribución, también debe considerarse la aportación
de la
planta de
reprocesamiento nuclear de Marcoule (Francia) y, en menor medida, la de
varias centrales nucleares del Mediterráneo occidental.
El grupo de investigadores del ICTA realizó un muestreo
de plancton en sendas campañas oceanográficas realizadas en 1992 y 1993. En
dichas campañas se extrajeron muestras de la zona de Palomares, así como de
otras zonas del Mediterráneo occidental. En la zona de Palomares, el
microplancton (plancton de tamaño comprendido entre 20 y 200 µm)
muestreado registra actividades de 239,240Pu muy elevadas, indicando
la contaminación por plutonio de los sedimentos, atribuida al transporte de los
residuos del accidente aéreo. Por otro lado, se vio que el mesoplancton
(>200 µm) era capaz de acumular eficientemente los transuránicos,
registrándose en el área de Palomares unas actividades de 239,240Pu y 241Am
cinco veces superiores a la media de las registradas en el mesoplancton de la
plataforma continental. A su vez, la concentración promedio en el plancton
del oeste del Mediterráneo es de unos 452 milibequerels por kilo de plancton
seco, mientras que en Palomares es de 2046 unidades. Sin embargo, cabe decir
que estos valores están dentro de los límites fijados por la Agencia Internacional de la Energía Atómica
(AIEA).
Debido a la correlación entre las actividades registradas
en los sedimentos y en el mesoplancton, los autores especulan con la
importancia de la transferencia de transuránicos entre ambos. Ésta puede ser
directa, a través de los sedimentos o las partículas en suspensión, o
indirecta, mediante la captura de fitoplancton por parte del zooplancton. El
fitoplancton, a su vez, puede almacenar los transuránicos por absorción activa
de complejos orgánicos o por adsorción de finas partículas o coloides. Estas
relaciones tróficas se complican enormemente, imposibilitando establecer de
forma precisa la transferencia entre el medio y el plancton. De esta modo se
constata el paso a la cadena alimentaria de los restos radiactivos que, de
cualquier manera, es mucho más notoria en Palomares que en el resto de la
región mediterránea.
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