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Criterios alternativos de gestión ambiental
Ecotropía
(Barcelona).
La gestión de los residuos es un problema con el que la sociedad está cada vez
más sensibilizada. La ubicación de vertederos y depósitos de desechos
representa una de las decisiones más comprometidas de gestión ambiental, en
cuanto a usos del suelo se refiere, ya que cada vez existe una mayor oposición
social a la presencia de este tipo de instalaciones. En este sentido, algunos
expertos plantean una modernización ecológica fruto del aprendizaje mutuo entre
los defensores y los detractores de los vertederos, que debe reflejar el
criterio colectivo de ubicación de las instalaciones, además de los
tradicionales criterios económicos y técnicos.
En el número de
octubre del 2003 de la revista
Land Use
Policy (20, Sigue 4: 335-342) Joan-Carles Llurdés, David Saurí y Rufí
Cerdan, del
Departamento de Geografía
de la Universidad Autónoma de Barcelona
realizan un estudio del estado de las políticas ambientales en materia de
gestión de residuos, y su evolución durante los últimos diez años en Cataluña,
período que ha supuesto la creación de más de 200 plantas de tratamiento de
aguas residuales y la construcción o modernización de más de 30 vertederos
supramunicipales, entre otros. En especial, se analiza el proceso que ha
llevado a la desestimación de la totalidad (excepto uno) de proyectos de
construcción de instalaciones de gestión de residuos en la Cataluña central,
donde la presión social y la intervención de las plataformas ciudadanas locales
han jugado un papel fundamental.
El estudio
retrospectivo del fracaso de los planes de residuos en la Cataluña central da a
los autores una visión de cómo están cambiando los criterios de ubicación y la
necesidad de abandonar los planteamientos de «decisión, anuncio y defensa», en
favor de otros que incorporen el criterio de los ciudadanos. Durante las dos
últimas décadas, la discusión acerca de las instalaciones «polémicas» ha
progresado desde las llamadas actitudes NIMBY («not in my back yard»
o «no en mi patio trasero») hasta posturas abiertas, dialogantes y racionales.
El concepto NIMBY nació hace unas décadas en Estados Unidos para
describir las actitudes de los vecinos que rechazaban proyectos potencialmente
peligrosos en sus barrios, aunque no siempre les preocupaba que se
implementaran en otros barrios o ciudades.
Llurdés y colaboradores plantean en el artículo un conjunto de criterios relevantes para
determinar la aceptación social de las plantas de tratamiento de residuos:
- criterios de riesgo
ambiental y sobre la salud; en gran medida debido al desconocimiento de los
riesgos de la propia instalación.
- efectos de
estigmatización, es decir, de impacto exterior sobre la imagen de la comunidad,
provocando reacciones negativas que pueden alterar la evolución o la
prosperidad económica de la comunidad. En este sentido existe, a menudo, la opinión
de que los desechos y otras instalaciones no deseadas se concentran en zonas
pobres, marginales o subdesarrolladas, algo que fomenta un fenómeno conocido
como racismo ambiental.
- criterios paritarios, que reflejen la necesidad de
distribuir de manera uniforme las instalaciones no deseadas sobre el
territorio, así como la asignación de compensaciones a la comunidad (servicios
sociales o infraestructuras) por los impactos de dichas instalaciones.
La aplicación de
estos criterios permite plantear cuáles deberían ser los cambios que tendrían
que producirse o los acuerdos a los que debería llegarse entre los
interlocutores sociales y las administraciones involucradas en la gestión de
los residuos. Además, los autores dan una explicación contundente acerca de los
motivos por los cuales estos criterios no han prosperado: falta de
comunicación, visión arcaica de las compensaciones, estigmatización y muchos
otros fenómenos que se han recogido en la literatura a lo largo de los últimos
años.
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