|
| | |
|
| | | |
|
Las explosiones de
rayos gamma, un posible desencadenante de la extinción ordovícica
Ecotropía
(Barcelona).
En la actualidad, estamos viviendo un proceso que llevará
inexorablemente a la extinción masiva de especies, de la cual los humanos somos
los principales responsables. Éste es un fenómeno nuevo en la historia del
planeta, ya que nunca antes una especie había provocado tanta destrucción. Pero
a lo largo de la historia de la Tierra, se han producido multitud de
catástrofes que han puesto en peligro la vida en el planeta. De éstas, cinco
han sido especialmente desoladoras. La primera de ellas se produjo hace
aproximadamente 445 millones de años y supuso la desaparición de la mitad de
las especies que habitaban la Tierra en aquel momento.
El período Ordovícico,
Ordoviciano u Ordoviciense se encuentra dentro de la era paleozoica y comenzó
hace 510 millones de años, con el fin del período Cámbrico, y terminó hace unos
445 millones de años, con el inicio del período Silúrico. Así, la primera
extinción masiva de especies se produjo al final de este período. ¿Qué pudo
producir esta extinción? Científicos como A.L. Melott y sus colaboradores
exponen en el artículo «Did a gamma-ray
burst initiate the late Ordovician mass extinction?» (Preprint 2003)
que la catástrofe pudo estar producida por una explosión de rayos gamma.
Todos los días,
durante unos cuantos segundos, la Tierra es bombardeada por los rayos gamma que
se crean como consecuencia de las explosiones cataclismáticas que tienen lugar
en galaxias lejanas. Estas explosiones, similares a las supernovas, son
conocidas como explosiones de rayos gamma o GRB (por las siglas de la expresión
inglesa Gamma Ray Burst).
En los últimos años se está
buscando el origen de las extinciones en fenómenos extraterrestres. La
posibilidad de que la vida en la Tierra se haya visto alterada por sucesos
cósmicos, como el impacto de meteoritos, se ha propuesto como teoría para
algunas extinciones (como la de los dinosaurios, hace 65 millones de años). Otra
teoría propone que la Tierra se haya visto afectada por una GRB, y se han
hallado evidencias que muestran que los patrones de la extinción ordovícica se
corresponden con los esperados por esta teoría.
En el caso de que se produjera una GRB, al llegar a la
Tierra, muchos de los rayos gamma se degradarían al interaccionar con la
atmósfera, pero llegaría a la superficie un flujo que podría exceder los
niveles existentes en más de un orden de magnitud (hay que tener en cuenta que
las consecuencias de una GRB dependen del flujo y no de la energía intrínseca
total). Un pequeño incremento en este flujo puede ser letal para una gran
variedad de organismos, incluyendo el fitoplancton, que es la base de la cadena
alimentaria marina. Pero la radiación UV es atenuada por el agua, alcanzando
una penetración entre metros y decenas de metros, por lo que cabría esperar una
disminución de la mortalidad con la profundidad, tal como confirman los
registros fósiles.
Los rayos gamma ionizarían la
atmósfera, aunque también podrían producir radionúcleos, de modo que la
influencia de la GRB sobre los seres vivos sería moderada y sólo se daría en la
cara de la Tierra expuesta al haz incidente.
Los efectos a largo plazo que
la GRB puede producir incluyen la disminución de la capa de ozono, un
enfriamiento global, lluvia ácida y la producción de radionúcleos. Entre los
efectos químicos producidos a raíz de la ionización de la atmósfera cabría
mencionar la disociación de las moléculas de N2 y O2,
produciéndose la creación de varios óxidos de nitrógeno y ácido nítrico a
niveles muy superiores a los soportables por el hombre. El enfriamiento global
se produciría debido a la absorción de la luz por el NO2, y los NOx
provocarían un sustancial deterioro de la capa de ozono. Paradójicamente, una
GRB provocaría el ensombrecimiento del cielo y un incremento de la radiación
UV. Existe una relación directa entre la GRB y la glaciación ordoviciana y,
recientemente, se ha demostrado que no se produjo un descenso en la actividad
solar en ese período. Así pues, el detonante pudo ser la GRB. Este fenómeno,
junto con los perfiles verticales de mortalidad registrados en el medio marino
dan peso a la hipótesis planteada por Melott. El autor termina el artículo
apuntando que, de ser la GRB la teoría de la extinción, ésta debiera haber
sido isotrópica i próxima, pudiéndose producir una segunda GRB al cabo de,
aproximadamente, un millón de años.
|