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Las explosiones de rayos gamma, un posible desencadenante de la extinción ordovícica

6/11/03

Ecotropía (Barcelona). En la actualidad, estamos viviendo un proceso que llevará inexorablemente a la extinción masiva de especies, de la cual los humanos somos los principales responsables. Éste es un fenómeno nuevo en la historia del planeta, ya que nunca antes una especie había provocado tanta destrucción. Pero a lo largo de la historia de la Tierra, se han producido multitud de catástrofes que han puesto en peligro la vida en el planeta. De éstas, cinco han sido especialmente desoladoras. La primera de ellas se produjo hace aproximadamente 445 millones de años y supuso la desaparición de la mitad de las especies que habitaban la Tierra en aquel momento.

El período Ordovícico, Ordoviciano u Ordoviciense se encuentra dentro de la era paleozoica y comenzó hace 510 millones de años, con el fin del período Cámbrico, y terminó hace unos 445 millones de años, con el inicio del período Silúrico. Así, la primera extinción masiva de especies se produjo al final de este período. ¿Qué pudo producir esta extinción? Científicos como A.L. Melott y sus colaboradores exponen en el artículo «Did a gamma-ray burst initiate the late Ordovician mass extinction?» (Preprint 2003) que la catástrofe pudo estar producida por una explosión de rayos gamma. Todos los días, durante unos cuantos segundos, la Tierra es bombardeada por los rayos gamma que se crean como consecuencia de las explosiones cataclismáticas que tienen lugar en galaxias lejanas. Estas explosiones, similares a las supernovas, son conocidas como explosiones de rayos gamma o GRB (por las siglas de la expresión inglesa Gamma Ray Burst).

En los últimos años se está buscando el origen de las extinciones en fenómenos extraterrestres. La posibilidad de que la vida en la Tierra se haya visto alterada por sucesos cósmicos, como el impacto de meteoritos, se ha propuesto como teoría para algunas extinciones (como la de los dinosaurios, hace 65 millones de años). Otra teoría propone que la Tierra se haya visto afectada por una GRB, y se han hallado evidencias que muestran que los patrones de la extinción ordovícica se corresponden con los esperados por esta teoría.

En el caso de que se produjera una GRB, al llegar a la Tierra, muchos de los rayos gamma se degradarían al interaccionar con la atmósfera, pero llegaría a la superficie un flujo que podría exceder los niveles existentes en más de un orden de magnitud (hay que tener en cuenta que las consecuencias de una GRB dependen del flujo y no de la energía intrínseca total). Un pequeño incremento en este flujo puede ser letal para una gran variedad de organismos, incluyendo el fitoplancton, que es la base de la cadena alimentaria marina. Pero la radiación UV es atenuada por el agua, alcanzando una penetración entre metros y decenas de metros, por lo que cabría esperar una disminución de la mortalidad con la profundidad, tal como confirman los registros fósiles.

Los rayos gamma ionizarían la atmósfera, aunque también podrían producir radionúcleos, de modo que la influencia de la GRB sobre los seres vivos sería moderada y sólo se daría en la cara de la Tierra expuesta al haz incidente.

Los efectos a largo plazo que la GRB puede producir incluyen la disminución de la capa de ozono, un enfriamiento global, lluvia ácida y la producción de radionúcleos. Entre los efectos químicos producidos a raíz de la ionización de la atmósfera cabría mencionar la disociación de las moléculas de N2 y O2, produciéndose la creación de varios óxidos de nitrógeno y ácido nítrico a niveles muy superiores a los soportables por el hombre. El enfriamiento global se produciría debido a la absorción de la luz por el NO2, y los NOx provocarían un sustancial deterioro de la capa de ozono. Paradójicamente, una GRB provocaría el ensombrecimiento del cielo y un incremento de la radiación UV. Existe una relación directa entre la GRB y la glaciación ordoviciana y, recientemente, se ha demostrado que no se produjo un descenso en la actividad solar en ese período. Así pues, el detonante pudo ser la GRB. Este fenómeno, junto con los perfiles verticales de mortalidad registrados en el medio marino dan peso a la hipótesis planteada por Melott. El autor termina el artículo apuntando que, de ser la GRB la teoría de la extinción, ésta debiera haber sido isotrópica i próxima, pudiéndose producir una segunda GRB al cabo de, aproximadamente, un millón de años.


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